Desventuras del naufragio

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La conquista del Nuevo Mundo trajo consigo la redacción de numerosas crónicas que guardan memoria de las hazañas de aventureros y conquistadores. Entre tantos, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, nacido en Jerez de la Frontera en la última década del siglo XVI, dejó uno de los testimonios más trascendentes que recopila la fortuna de su expedición, así como las costumbres sociales y religiosas de los indígenas de la actual Florida y tierra adentro. Cabeza de Vaca, náufrago de nuevos mundos es una adaptación hecha por Jesús Eduardo García Castillo (2012), profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Basada en La relación de 1555, que pronto se llamó entre sus lectores Naufragios, esta versión juvenil (para estudiantes de educación secundaria) hace un recuento de los momentos más lúgubres y fascinantes del trayecto de Alvar Núñez. García Castillo retrata cómo este español fue uno de tantos en maravillarse con la cultura de los antiguos pueblos, pese a las inclemencias del ecosistema y las necesidades propias de una región agreste. Los rigores son inseparables de la travesía: sed, hambre, enfermedad, tempestades, cautiverio, escarceos y una frágil desnudez. Sin embargo, la narración no se estanca en lo lastimero, sino que enfatiza la práctica de Cabeza de Vaca como chamán y curandero de enfermos, poder ancestral (pero adquirido) que más tarde resultó positiva para su supervivencia e integración en estas sociedades tan heterogéneas.

Pero como todo relato es un viaje, en esta expedición también se siguió una ruta de navegación que llenó de experiencias a los involucrados. A 17 días del mes de junio de 1527, partió de San Lúcar de Barrameda y con licencia de los reyes católicos una armada encabezada por el gobernador Pánfilo de Narváez, acompañada con 600 hombres, entre ellos, Cabeza de Vaca como alguacil mayor. El primer punto de llegada fue Santiago de Cuba, espacio donde algunos hombres abandonaron la expedición. Sin embargo, ahí Vasco Porcalle, vecino de la villa de la Trinidad, proveyó al gobernador ciertos bastimentos después de una tormenta que aniquiló las naves (primer naufragio). Y así, con mucho trabajo y necesidad anduvieron hasta volverse a embarcar en un bergantín el 20 de febrero para llegar, al fin, después de tanto ultraje, a la Florida. Aquí se introdujeron en tierra firme y exploraron las tierras hasta encontrarse con cuatro indios que los llevaron hasta donde había bastimentos (maíz). Después, en busca de tesoros, continuaron la ruta hasta llegar a una provincia llamada Apalache. El sábado 1º de mayo el gobernador repartió alimentos entre los hombres porque el camino que aún restaba era largo y complicado. Pasando 15 días  llegaron a Apalache, cuyo recibimiento no fue muy grato; los indios los atacaron con flechas. Poco a poco, el recorrido fue abarcando desde ríos, pantanos y lagunas, provincias como la de Aute y las tierras de los Avivares, indios que se regocijaban de tenerlos ahí. Cuando el orden menguó y la sobrevivencia se convirtió en el único aliciente, solo 4 tripulantes lo lograron: Alonso del Castillo, Andrés Dorantes, Alvar Núñez Cabeza de Vaca y Estebanico, un negro árabe de Azamor.

128 Cabeza Vaca barco

Me resulta increíble que conforme el tiempo pasa aún se guarda memoria de nuestro docto en lengua. Los estudiosos no sólo lo recuerdan por guardar memoria de nuestro pasado con sus dos obras, Naufragios y Comentarios, sino por ofrecer una visión antropológica respecto a sus travesías. Igualmente, otro aspecto vanagloriado por los países sudamericanos, especialmente por los habitantes de Paraguay, es su aportación con el descubrimiento de las Cataratas de Iguazú en 1541, cuando exploraba el litoral del Río Paraná. Hoy en día se le continúa haciendo homenaje dentro de este centro turístico con una placa dedicada a él. De manera similar, las regiones estadounidenses como Nuevo México y Texas, escenarios que sobrevivieron durante mucho tiempo la presencia del imperio español, conmemoran a Cabeza de Vaca como el primer europeo que vio el gran bisonte norteamericano, el búfalo, cuya raza casi se ha extinguido en los últimos decenios. También en estas tierras se le ha dado el título de primer cirujano debido a sus habilidades curativas. Por ello, no sorprende que muchas de los espacios geográficos o lugares de esparcimiento rindan honor a los españoles que exploraron la zona boreal del continente. Transitar espacios como la calle Cabeza de Vaca en Galveston e Irving, Texas, visitar el museo Hermann Park en Houston, actualmente, trae a la mente de los visitantes y residentes los inicios del estado de la estrella solitaria con la llegada de Alvar Núñez.

128 GarciaC - Cabeza Vaca chamánXimena Guadián Salas

Poesía y política en la Mariscal

La asignación de los rótulos que configuran una topografía urbana, si bien en ocasiones pareciera aleatoria, conlleva una carga significativa sobre los personajes que dan nombre a las calles de la ciudad; los cuales, aunque no seamos conscientes, forman parte de nuestra vida cotidiana, por el simple hecho de nombrarlos cada vez que llenamos algún formulario o queremos que alguien nos visite. Sin embargo, ¿quiénes son esas personas que vemos grabadas en la placa de nuestra dirección?, ¿qué hicieron para obtener un lugar concreto en la historia y memoria de la localidad? Las respuestas –igual que las sorpresas ahí escondidas– obviamente varían tanto como el número de calles que contiene la metrópolis. Empecemos por una de las más importantes y representativas de Ciudad Juárez: la Avenida Ignacio Mariscal.

01 Mariscal Presidencia

Ignacio Mariscal fue un abogado, hombre de política, periodista, escritor y poeta nacido en Oaxaca en 1829. Participó activamente en el gobierno de Benito Juárez y Porfirio Díaz, pues muy ponto se manifestó liberal y enemigo de Santa Anna, a quien combatió con la pluma periodística. Estuvo al lado del Benemérito durante la Guerra de Tres Años y participó en la redacción de las Leyes de Reforma (sobre todo en la Ley contra los bienes del clero), las cuales fueron uno de los detonantes de la invasión francesa con apoyo de la clerecía mexicana, lo que provocó que el gobierno nacional se refugiara por dos años en el antiguo Paso del Norte. De esta manera, aunque Mariscal nunca pisó tierra fronteriza, cobra sentido el que la Avenida que lleva su nombre y la Av. Juárez corran paralelas en la zona más importante de la ciudad.

01 Ignacio Mariscal

Además de su desempeño político, también sobresalió en el ámbito intelectual. En 1882 ocupó la silla no. XVI de la Academia Mexicana de la Lengua. Por otro lado, debido al dominio que tenía sobre varios idiomas extranjeros destacó en la traducción de autores como Shakespeare, Longfellow, Lord Byron y Edgar Allan Poe. Sobre este último, cabe destacar que Mariscal fue el responsable de la primera versión en español de “El cuervo”, publicada por Ignacio Altamirano en su revista El Renacimiento en 1869. Años más tarde volvió a aparecer en la obra póstuma Poesías (1911), la cual contiene tanto sus creaciones líricas como traducciones de poetas conocidos. Entre estas últimas destaco la traducción que hizo de “El hombre feliz” de Víctor Hugo, debido a su relación con nuestro contexto: “Y mi palacio encierra, como insondable abismo, / tesoros de ciudades y frutos del desierto”. Fue autor, además, de la ópera Don Nicolás Bravo o clemencia mexicana, presentada en agosto de 1910 para inaugurar el Teatro Abreu, un par de meses después de su fallecimiento.

Ahora bien, el auge de las avenidas Mariscal y Juárez surgió durante la época del prohibicionismo en Estados Unidos.  Sin embargo, los bares, cantinas, casas de juego y prostitución localizados en las calles mencionadas comenzaron a decaer con el crecimiento juarense, es decir, con el inicio del PRONAF y la llegada de la maquiladora. La solución que las autoridades encontraron para esto fue un programa de revitalización del centro histórico que comprendía la compra y demolición de cuadras enteras de dicha zona. Actualmente la Gran Plaza Juan Gabriel ocupa el espacio de lo que antes fue una de las calles más representativas –y “peligrosas” en cuanto a las actividades que ahí se daban– de la ciudad. No obstante, la palabra Mariscal aún contiene una gran carga significativa como lugar de fiesta, libertinaje y perdición.

65 Mariscal antes

Sin duda, Mariscal fue un personaje bastante importante en el mundo de la política y la literatura –en cuanto a traducción principalmente– de México a finales del siglo XIX. ¿Quién, en su época, se iba a imaginar que su apellido serviría como referencia de uno de los lugares más permisivos durante los años de la conocida “leyenda negra fronteriza”? ¿Quiénes de los que recorrieron los bares, prostíbulos y picaderos asentados antes en la avenida que lleva su nombre, pensarían que Ignacio Mariscal llevó una vida tan ilustre y culta? Es apremiante, por tanto, reactivar el sentido de apropiación sobre personajes como este, cuyo nombre, al día de hoy, resulta imprescindible en la memoria de la configuración de nuestra ciudad.

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Amalia Rodríguez

Fotorreportero encuentra cuerpo en Samalayuca

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Aunque el escritor Willivaldo Delgadillo nació en Los Ángeles (1960) sus fuentes de inspiración para Garabato vienen de esta frontera en donde ahora reside. La novela, publicada por la editorial Samsara (2014), está dividida en cuatro partes; en cada una de ellas nos cuenta la historia de Basilio Muñoz, quien va a un congreso literario en Berlín a nombre de Billy Garabato, ya que éste no puedo asistir y cuyas obras Basilio desconoce (o irá conociendo); al final de las tres primeras partes se incluye una novela que, según la historia, están escritas por Billy Garabato. Una de ellas se titula De alba roja, que narra los acontecimientos por los que tuvo que pasar Pep Ramírez, un fotorreportero de El Diario de la Frontera que viaja de Juárez hasta Samalayuca “para dar cobertura a un asesinato en las dunas”.

Se trata de un cuerpo en el interior de un viejo auto. Pep llega primero que nadie a la escena del crimen; “Trabaja de manera apresurada” antes de que arribe la policía y los paramédicos. “Sin embargo, antes de irse cambia de lente y prácticamente se monta en el cadáver; con detenimiento ajusta el 85 mm para captar el rostro de la víctima”. Tras cumplir con su labor regresa de vuelta directo a su trabajo. Los problemas para nuestro protagonista inician cuando al día siguiente le dicen que ese cuerpo, al que fotografió el día anterior, ha desaparecido, y él es el único testigo que lo llegó a ver. El periódico, para no involucrarlo en esta seria encrucijada, decide darle unas vacaciones pero en el trascurso de los días Pep se dará cuenta que está más implicado de lo que creía.

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Probablemente en la actualidad las noticias sobre los acontecimientos que pasan en nuestra ciudad nos llegan desde distintas plataformas digitales, pero en otros tiempos el periódico impreso era el medio de comunicación, comprado comúnmente en los cruces para informarse de los últimos sucesos que habían acontecido en la ciudad. El Diario, Norte Digital, El Fronterizo, Juárez Hoy, son algunos de los periódicos que actualmente siguen dándonos las noticias (aunque se suela pensar que sólo informan desgracias) que constantemente acontecen en Ciudad Juárez. Delgadillo en su novela nos muestra las acechanzas que recorren la frontera, las cuales se parecen a la desazón que experimentamos actualmente. Estas problemáticas se convierten en encabezados para llegar hasta nosotros a través de las instituciones encargadas de publicar la información de forma periódica, veraz y oportuna, como en este caso El Diario de la Frontera, para el cual trabaja Pep, nuestro protagonista. “De alba roja”, además de mostrarnos el peligro al que se enfrenta el antiguo Paso del Norte, también nos describe el riesgo que implica el trabajo de fotorreportero. Estos problemas, por los que está pasando el periodismo en nuestra realidad, son la fuente de inspiración para la historia de Pep y su desafortunado hallazgo en las dunas.

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Quizás para muchos que viven en esta frontera ya no es novedad ver una noticia en el periódico o en el noticiero informándonos que han encontrado un cuerpo en tal lugar de la ciudad; estas notas llegan a nosotros gracias a los reporteros y/o fotógrafos que por su trabajo tienen que ir directo a la escena del crimen para tomar nota e imágenes para después dar parte al periódico en que trabajan. Muchos casos se han reportado de periodistas asesinados o que tuvieron que abandonar la ciudad porque sufrieron amenazas de muerte sólo por ejercer su trabajo que ahora es visto como uno de los oficios más peligrosos y como un ejemplo, además, de la falta de libertad de expresión a la que ellos, como voceros de la sociedad, se enfrentan. A raíz de esto, actualmente existe la Red de periodistas de Ciudad Juárez, una agrupación que se formó en 2011 para la prevención de riesgos contra periodistas y sirve como plataforma para exigir justicia a sus colegas caídos, no sólo locales, sino para todos los del país. Resulta paradójico que lo más inverosímil en “De alba roja”, no sea la diatriba experimentada por la lente del fotógrafo, sino el modelo del Volkswagen abandonado en el desierto.

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Mayra Fabiola Mendoza Muñiz

Cielo color durazno

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¿Cuándo fue la última vez que recorrí las calles de mi vecindario o colonia simplemente para escuchar mis pensamientos? Durante mis primeros días en Ciudad Juárez las referencias sobre el viejo centro no fueron muy agradables, así que cuando comencé a leer el cuento “Paisaje en verano” la sensación fue de confidencia hacia Cecilia, la protagonista, pues me emocionaba seguir de cerca sus sentimientos y cavilaciones al caminar por esta área de la urbe. Rosario Sanmiguel es autora del libro de ensayos – aún inédito– De la historia a la ficción, la novela Árboles o apuntes de viaje (2007) y el cuentario Callejón Sucre y otros relatos (1994), en donde encontramos una relación de historias que permiten vislumbrar aspectos de la vida en la frontera. En el 2008 se publicó una edición en inglés de este último a cargo de John Pluecker, con el título Under the bridge: stories from the border. En el caso que aquí me ocupa –del que ya se ha escrito anteriormente–, la escritora narra la historia de una estudiante de secundaria con ideales, preocupaciones y una personalidad específicas: “su actitud hacia las autoridades de la escuela cambió. Si no eran capaces de escuchar no merecían respeto”. Bajo esta nueva forma de ser, un buen día Cecilia decidió salirse de la escuela para recorrer una de las zonas que probablemente todo juarense conoce, mientras imaginaba sus propios relatos que iba desarrollando conforme avanzaba por las calles citadinas.

Una de las calles que más me gusta es la 16 de Septiembre, incluso un día se me ocurrió preguntar si era tan antigua como yo pensaba, pues las fachadas de algunos de sus edificios me llamaban mucho la atención. Y sí. Esta avenida en algún momento se llamó calle del Comercio, hasta que Benito Juárez propuso que se cambiara su nombre por el que ahora lleva. Aquí encontramos la Secundaria Federal No. 1, “esa construcción ocrácea sitiada por la espesa fronda de álamos añosos” que funciona como el espacio narrativo principal de “Paisaje en verano”, pues funciona como el punto de enlace hacia otros sitios fundamentales como la zona céntrica. Sin duda, la lectura de este cuento provoca las ganas de recorrer de nuevo ese trayecto que seguramente todo juarense ha recorrido, pero esta vez consientes de la imaginación que se puede desprender de él al transitar por calles que son indispensables para conectar a la ciudad, como la avenida Insurgentes y la 5 de Mayo; el relato de Sanmiguel y las historias de Cecilia dan prueba de ello.

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Otro de los lugares que construyen el espacio narrativo es el Parque Borunda, inaugurado el 28 de febrero de 1941; ese lugar lleno de familias los domingos, donde se aprecian las nubes del cielo que se pintan de color durazno cuando comienza el atardecer, mientras los niños hacen línea para subirse a los juegos y los adultos esperan que les despachen un elote o un hot-dog. Rosario Sanmiguel tomó este sitio y sus calles aledañas para entregar un cuento que transmite ese anhelo de salir a pasear durante la hora dorada de la tarde para sentir la vida en la ciudad y ver cómo “El sol incendiaba el follaje de los árboles, quemaba los techos de las casas a la orilla del camino”.

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Sabina Victoria Díaz Salvador

De cierta expedición…

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Tras la muerte de don Pedro Moya de Contreras, antiguo arzobispo de México, Juan de Aranda encuentra, en un libro que queda en su poder, la relación de Hernán Gallegos que trata sobre la expedición realizada a inicios de la década de 1580, dirigida por el padre fray Agustín Rodríguez y el capitán Francisco Sánchez Chamuscado, hacia Nuevo México. El propósito principal de la empresa era llevar el evangelio a aquellas tierras no exploradas anteriormente y expandir los dominios de la corona de Castilla. Para ello, solicitaron un permiso al virrey Marqués de la Coruña, ya que se habían prohibido las irrupciones violentas, auspiciadas bajo un halo evangélico, por lo que se tenía especial cuidado con las entradas que se autorizaban. Partieron de Santa Bárbara tres religiosos y nueve soldados el 6 de junio de 1581, llevando a Hernán Gallegos como secretario y escribano, encargado de documentar el viaje a través de una crónica.

Anduvieron varias leguas sobre el Río Conchos, encontrando varios pueblos indígenas, quienes los recibían de buena gana ofreciendo regalos, pues querían evitar la guerra. Gallegos se dedica a describir las características de los naturales de cada pueblo y la disposición en que los encuentran, así como los acontecimientos importantes del viaje… un derrotero por llanuras a las que van nombrando, con poca modestia y mucha esperanza, como el “Valle de los Valientes”. Después de seguir el Conchos durante algunas leguas de viaje, hallaron su desembocadura en el Río del Norte. Al encontrar indios desnudos, quienes les informaron que había otros pueblos más adelante, siguieron el cauce del río, hasta llegar al lugar en el que tomarían posesión del territorio, el 21 de agosto de 1581, nombrándolo San Felipe del Nuevo México, y a la afluente que provenía del norte lo llamaron Guadalquivir –en memoria o nostalgia de su península– “por ser tan grande y caudaloso y muy ancho y con mucha furia”.

125 Anaya expedicion

Y aunque el objetivo era llevar la palabra “adonde dios nuestro señor se fue servido de encaminarles para que su santa fe sea predicada y su evangelio sea sembrado por toda la tierra” el convivio con los pobladores originales es más bien tenso. De repente, Chamuscado enfermó y murió durante el viaje de regreso al punto de partida, al cual se dirigían para informar de todo lo visto. Comenzó a haber una preocupación por parte de los franciscanos hacia sus compañeros que habían partido al Nuevo México, ya que fray Juan de Santa María había sido muerto por los nativos en aquella tierra. Fue enviada una nueva expedición, dirigida ahora por Antonio de Espejo, con el propósito de hallar a la primera (o a sus sobrevivientes). Durante esta travesía, el capitán Espejo pudo notar la riqueza mineral del territorio, y al dar cuenta de ello a la capital novohispana, se dio la orden de colonizar aquellas tierras. A pesar de que hubo quienes comenzaron a incursionar ilegalmente por aquella ruta (en la que El Paso le hacía honor a su actual nombre), la toma y ocupación formal de estas tierras quedó reservada a Juan de Oñate, pero esa es otra historia de otro siglo.

125 Mapa Chamuscado

Daniel Malaquías

La frontera, un viaje sin regreso

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Nadia Villafuerte nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 18 de agosto de 1978. Con estudios en periodismo y música, obtuvo la beca del FONCA en el programa Jóvenes Creadores 2003 y tres años después la de la Fundación para las Letras Mexicanas. Dentro de su producción literaria podemos encontrar títulos como Preludio (2002), Barcos en Houston (2005), ¿Te gusta el látex, cielo? (2008), Palabras mayores. Nuevas Narrativas Mexicana (2015), Presidente, por favor (2005) y la novela Por el lado salvaje. Uno de sus intereses temáticos recae en la cuestión del género, perspectiva que se refleja enBotas Texanas”, relato compilado por Antonio Moreno en Road to Ciudad Juárez (2014). Aquí la autora habla sobre la naturaleza de una ciudad fronteriza que funciona como el escenario perfecto para que una mujer triste, pesimista y melancólica encuentre, aparte de sus botas texanas, un montón de cosas más: un uniforme de mesera, una peluca azul, un libro y un viaje que lo cambiará todo.

Villafuerte muestra una urbe “capaz de recibirte amorosamente y clavarte un cuchillo al dar la espalda”; es decir, el espacio que reconstruye se visualiza bajo una naturaleza dinámica, siempre en movimiento, pero con un aliento trágico insoslayable: “y de hecho, toda Juárez se me había revelado como una barranca en cuyos bordes florecían los buitres de carroña”. La protagonista se traslada por la zona céntrica, pasando por mercados, plazas y tiendas de segunda mano para comprar algunos artículos de interés a precios de oportunidad, entre ellos, el libro Cómo viajar sin mucha plata. Por la mañana, con sus olores, la ciudad se atesta de vida; sin embargo, con el comienzo de la obscuridad llegan sombras palpables de inseguridad, depravación y muerte. Todo esto propicia el escenario para que la protagonista, envuelta en sentimientos de soledad, aburrimiento y monotonía, encuentre el detonante perfecto para tropezar ¿accidentalmente? con su deceso. Irónicamente, la ciudad le ofrece un boleto para viajar de una forma en la que no necesitará plata ni equipaje.

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El escenario del texto se desenvuelve en la zona céntrica. No obstante, considero que la visión de este lugar va acorde con la depresión del personaje, es decir, solo se muestra lo peor de la ciudad. La autora resalta la imagen negativa de Ciudad Juárez (pero se queda un tanto corta con el ambiente real del centro, por ejemplo, no es cosa fácil encontrar pasteles de crema en la vía pública como sí lo sería la rebanada de flan con su fresa y adorno de crema batida enfrente de Catedral) y la complementa con el imaginario social que se ha creado en torno a ella para crear el escenario perfecto en el cual se desarrollará esta fatídica historia. La frontera se convierte, una vez más, en un espacio lleno de muerte y pesadillas, en donde el día de una chica que solo quiere pasar el tiempo y comprarse unas botas vaqueras puede terminar, de un momento a otro, en tragedia; o más bien, convertirse en un viaje sin regreso, como el de cientos de mujeres asesinadas en el desierto, hacia ese lugar en donde “cientos de fantasmas serpenteaban el Río Grande o el llano de Leteo o como se llamase”.

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José Ricardo Medina

Detrás de la cortina

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Sergio González Rodríguez nació en la Ciudad de México en el año de 1950 y tiene apenas unos meses que falleció. El autor es reconocido por sus escritos acerca de los feminicidios en tierra juarense en la década de los 90. Al respecto, su obra principal es Huesos en el desierto, construida a partir de publicaciones en el periódico Reforma. Del libro, una crónica periodística con secuencias narrativas que van develando el proceso de una indagación, me llama la atención el segundo capítulo: “El mapa difícil”. Se dice que la figura patriarcal era la dominante en aquellos años por lo que a la mujer se le tomaba como una criatura dependiente a la cual proteger. Cuando la industria maquiladora comenzó su apogeo en la ciudad y las mujeres eran remuneradas por su trabajo, un rencor masculino surgió dando origen a la antítesis femenina. Ya no eran concebidas como las progenitoras, ni se percibía su estereotipo de pureza, lo que inició su identificación como un objeto que gusta del sexo, así como el desencadenamiento de la violencia en su contra. La imagen de Ciudad Juárez se presentaba en marquesina como la oferta de una vida mejor, pero detrás de esa cortina se desataba el contrabando, la violencia de género y la inmigración. Esta estampa fue pronto internacionalizada.

Ciudad Juárez, para los mismos ciudadanos, es una urbe con calles llenas de baches, terrenos baldíos, con zonas urbanas polarizadas: unas muy pobres y otras opulentas. Por otro lado, la gente que se encuentra fuera de la ciudad la ve como un enlace, un puente hacia el país. En el texto se habla acerca de los soldados de Fort Bliss, cuando cruzaban la frontera con destino a una zona de descanso y distracción del deber durante la Segunda Guerra Mundial. Más tarde se transformó esta zona en el espacio propicio para el intercambio de armas y venta de drogas, sostenido debido a la falta de empleo para la población joven quien buscaba su propio sustento económico. Esta gran frontera fue inspiración para González Rodríguez por todo lo ocurrido en estas tierras; la localidad se divide en distintas zonas que, a su vez, son controladas por diversas figuras dueñas de grandes extensiones y propiedades. A finales del siglo XX la violencia femenina constituía parte de la sociedad juarense, aunque también llegó a afectar a los hombres, sobre todo a la población infantil. La crueldad de estas acciones ha quedado impune, ya que, afirma el autor, las mismas autoridades se vieron envueltas con los criminales y cubrieron los delitos.

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Lo que se narra en este capítulo de Huesos en el desierto marca el comienzo de la época en la que aflora el crimen organizado en la ciudad. Vivir en el entrecruce de siglos implicó una preocupación siempre constante debido a la incertidumbre de amanecer al siguiente día. Ser mujer y formar parte de esta sociedad significa desconfiar de todos a tu alrededor pues no adviertes totalmente quién es una amenaza y quién no, una desventaja de género aún vigente en esta franja fronteriza. La existencia de personas provenientes de otras zonas del país, especialmente del sur, fue asociada a estos procesos ilegales. Francisco Javier Llera Pacheco fue citado en el texto como argumento que sustenta el punto anterior: “los problemas de aquella frontera no venían de procesos locales, «sino de fuerzas externas»”. Para poder coincidir plenamente con lo que Sergio González describe, hay que, por una parte, haber experimentado en carne propia el ambiente que retrata y, por otra, desconfiar de los medios de comunicación pues no son objetivos completamente, lo que afecta a los habitantes por la sensación de ser engañados y reprimidos por un temor que ojalá fuera pasajero.

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Lilian Idaly Vigil

El delgado cristal que divide la frontera norte

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Una de las características de la vida de los fronterizos, además de su abundancia cultural, consiste en la ambivalencia de vivir entre el lado nacional y el norteamericano. No es motivo de sorpresa encontrar a mexicanos viviendo en Estados Unidos, en un lugar tan cercano como El Paso, Texas, que han adoptado costumbres ajenas y dicen haber perdido su identidad, negando sus raíces. Este es precisamente uno de los temas que Carlos Fuentes aborda en La frontera de cristal (1995), novela compuesta por nueve cuentos. Aquí abordaré “La capitalina” y “La raya del olvido”, dos textos que, aunque independientes, se encuentran unidos por sus personajes y lugar de desarrollo. Ambas historias giran alrededor de la familia Barroso, perteneciente a la aristocracia de la ciudad de Campazas (representación literaria de Ciudad Juárez) y cuyos integrantes viven atrapados entre las costumbres de los dos países, los cuales, a pesar de su cercanía, están separados por un abismo consolidado, según Fuentes, a lo largo de 200 años.

13 Fuentes frontera

Lee aquí la obra

 

En “La capitalina”, Michelina Laborde, recién llegada a Campazas, describe la ciudad como humilde y austera; sin embargo, le sorprenden los mercados y la gran variedad de artículos que en ellos se oferta, pues no esperaba encontrar tanta abundancia en el desierto. La protagonista del cuento, perteneciente a una familia de linaje venida a menos, visita a su padrino, Leonardo Barroso, y al entrar a su casa se asombra por las enormes rejas que se necesitan para proteger a la familia de la delincuencia. Observa con incredulidad la pérdida de libertad de los fronterizos, los ve como prisioneros dentro de sus propias casas y se cuestiona si ser rico significa condenarse a vivir así, encerrado en enormes residencias con barrotes en las ventanas y con lujosos carros que no se pueden lucir en las calles debido al temor. No obstante, esta forma de vida se compensa con lo monetario. La capitalina conoce a las mujeres adineradas de Campazas, señoras que pretenden parecer “gringas” tiñéndose el cabello rubio y utilizando pupilentes azules y que representan a esa clase social que utiliza la abundancia económica (accediendo a artículos “de marca” y mayor sofisticación) para confundirse con lo que no es.

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Por su parte, en “La raya del olvido” se habla de las carencias de identidad y de igualdad que pueden experimentarse en la frontera. A manera de monólogo, Emiliano Barroso adquiere poco a poco conciencia del porqué se encuentra ahí, varado justo en la línea que divide a los dos países. Después de quedar impedido de sus habilidades físicas y motrices, dependió de los cuidados de sus hijos, lo cuales renegaban constantemente de su padre y de sus raíces. Residentes en Estados Unidos y al igual que muchos otros mexicanos en condiciones similares, los descendientes de Emiliano habían perdido su identidad y menospreciaban a sus paisanos. Además, presumían de sus trabajos mediocres, a pesar de que no les eran suficientes para ayudar a su padre moribundo y continuar con sus vidas sumidas en el consumismo. Por ello, se ven obligados a pedir ayuda a su tío Leonardo, quien les niega el apoyo alegando que su hermano no es su responsabilidad. Finalmente, más preocupados por mantener su “estilo de vida fronterizo”, abandonan a Emiliano Barroso a su suerte en las calles de Campazas.

122 puente internacinal

A través de los cuentos de Carlos Fuentes es posible analizar diferentes perspectivas de Ciudad Juárez: la de unos cuantos juarenses para quienes la frontera significa mayores oportunidades de educación, trabajo y calidad de vida en comparación con otros lugares del país; la de los foráneos sorprendidos ante la abundancia en el desierto; y la de los “mexicanos-americanos”, aquellos que han atravesado el delgado cristal de la frontera. Una parte de los mexicanos que residen en Estados Unidos se sienten enamorados de la cultura americana y buscan ser parte de ella, imitando sus costumbres consumistas y adoptando un amor excesivo por los bienes materiales. Algunos fronterizos huyen de la delincuencia y se refugian en el país del norte, pero en el transcurso dejan sus costumbres, raíces y tradiciones, olvidan su verdadera identidad y piensan que si imitan a los norteamericanos y niegan a los suyos alcanzarán la “falsa libertad” que tanto buscan.

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Diana Ivethe Silva Castro

 

Cuentos únicos y secundarios: nota primera

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Al igual que ciertos autores, hay lectores que piensan sobre el proceso de interpretación y apropiación de lo escrito. Cuando leo por gusto, como ahora, soy esa clase de lector. En mi imaginario, lectura y viaje son sinónimos, de ahí que, como los que viajan e insisten en visitar lugares que podrían conocer a través de las referencias al alcance (mapas, libros, estadísticas fotografías y documentales) yo me aferré a la experiencia de lectura. La relación subjetiva entre el texto y el lector, más allá de la descripción o la crítica, da como resultado lo que una visita en persona, una colección de impresiones particulares, que, aunque intransferibles, son dignas de ser comentadas, porque solo a través de ellas puede expresarse efectivamente lo que ha dejado la lectura: la vivencia de lo escrito en una primera persona que no es la del autor o la de la voz poética. Esta es la relación que he querido mantener con los textos y en este sentido, mi comentario sobre Cuentos únicos y secundarios (2017) no aspira a la reseña, sino a la narración de una experiencia lectora, una crónica de viaje.

El cuentario, editado por la UACJ tras haber merecido el premio Voces al sol, propone una colección de historias que reflexionan sobre los motivos y el proceso de la escritura a través de un ejercicio metatextual donde, de manera más evidente que en otras obras, el lector, que analiza las relaciones presentes en cada historia, las interpreta y ajusta a su contexto; es también creador y, por lo tanto, documentará en su lectura una ruta distinta. En las primeras páginas, Graciano escribe una nota con tres advertencias:

  1. El libro es una antología de cuentos. La primera parte, como el subtítulo adelanta, está compuesta por textos únicos de autores fallecidos antes de poder escribir otra cosa. La segunda la conforman textos de autores vivos que, por alguna razón, no volverán a escribir. En este apartado se incluye un texto de César Graciano.
  2. Todos los autores son ficticios. Las correspondencias con la realidad, si las hubiera, están al servicio de la ficción.
  3. La selección de cuentos no pretende reflejar la realidad de su tiempo, sino únicamente hacer disfrutar, en la medida de lo posible.

Hechas estas previsiones, el lector encuentra al inicio de cada relato una ficha biográfica de quien lo escribió. El origen de los autores-personajes es diverso; hay entre ellos una estudiante extranjera (Mónica Jáuregui), un indocumentado mexicano (Braudel Castro) y un poeta judío estadounidense (Ezra Eldar), todos asesinados en Ciudad Juárez. De igual manera se dibujan distintos perfiles profesionales: un periodista (Ilán Ruvalcaba), quien es, posiblemente, el alter ego de César Graciano en el cuentario; un bolero que antes fue maquinista de trenes (Camilo Eusebio Carranza) y un actor de cine Hollywoodense (Michel Cera), entre otros.

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César Graciano nació en noviembre de 1994. Su texto asume, de manera natural (aunque no intencional, como él mismo aclara) las características de su tiempo, hecho que lo convierte en una de las primeras representaciones literarias del Juárez posterior a la guerra contra el narcotráfico (2006-2011) desde la perspectiva de un autor cuya infancia transcurrió en los años del conflicto. La visión del momento es interesante porque determina una percepción cinematográfica, estetizada de la violencia y un imaginario donde son frecuentes las sensaciones de confinamiento, espera, desolación e indiferencia. El viaje que emprende el lector a través de la lectura de estas páginas es hacia una ciudad globalizada con ánimo de posguerra. Así en el cuento “Humo”, un personaje de nombre Jack, con ascendencia norteamericana y asentado en Juárez por mal azar del destino, descubre la ciudad como: “la parte más agotadora del camino, un monstruo dentro del que se vive”. Porque según sabemos a través del narrador: “El desierto le ha comido las esperanzas y le ha quemado la piel. Eso nos ha pasado a todos pero estamos acostumbrados al pasar del tiempo lento y terroso, con tolvaneras que se llevan las ganas de estar aquí y se llevan las ganas de no estar aquí, dejándonos indiferentes”.

121 Briseno - Despues tormenta

Crédito fotográfico: Alex Briseño

Sintomática de la aldea global es también la intención de diversidad sobre la que se articula el conjunto y que se deja advertir en las preferencias y la forma de experimentar la sexualidad. En “Algo parecido al amor”, por citar un ejemplo, aparece un personaje bisexual que intenta llenar a través de las relaciones físicas y sentimentales un viejo vacío emotivo. También hay una pareja heterosexual conformada por dos dramaturgos: Carola Lavín y Luis Carlos Mendoza, quienes sostienen una relación tóxica que desencadena en la muerte de él y en el internamiento de ella en un centro psiquiátrico. Otro de los cuentos narra la historia de un joven homosexual de 17 años que, tras ser echado de su casa, se dedica a la prostitución y a la pornografía. Las edades y experiencias de los personajes, sus preocupaciones e intereses varían drásticamente, pero lo que es un hecho, es que cada uno resulta de una detallada construcción psicológica. En un principio me costó imaginar cómo logró descripciones verosímiles de personajes tan distintos. La respuesta, pienso, estuvo en la decisión de entablar un diálogo entre la biografía de los autores ficticios y sus respectivos cuentos. De esta manera, la variedad de voces que resuena en el libro es posible gracias a esa estructura que echa mano, por momentos, del registro lingüístico del periodismo. Así, el cuentario alberga una doble investigación: la del reportero en busca de historias que contar y la del escritor que intenta tender puentes entre las experiencias emotivas de sus personajes y la propia vivencia.

121 Pepe - Christian Torres

Crédito fotográfico: José Luis González 

Entre los temas que se abordan figuran algunos cercanos a la realidad de Ciudad Juárez, urbe a la que, de una u otra manera se vinculan todos los cuentos. Se habla por ejemplo de la migración, el narcotráfico y el feminicidio. Y en cuanto a lo universal, se tocan de manera breve aunque efectiva el miedo de morir y el tedio de estar vivo, el reconocimiento del fracaso y la sensación de vértigo ante la plenitud, la empatía y el perdón, los celos hacia el amigo, el amor que muta en odio y locura. Temas tratados a veces con limpieza impecable, como en “Humo” o desde la convergencia entre una estética cercana al gore y una belleza pictórica, en “Ver nevar”, pero nunca con superficialidad. El cautiverio, la ansiedad y la violencia que resulta de ellos son descritos por Graciano en medio de paisaje blanco, cubierto por la nieve, que en el imaginario convencional remitirían a sensaciones distintas: “En aquel tiempo, así como hoy, todo era blanco. Se veía caer la nieve por días. Llegaba un momento en el cual el encierro ofuscaba las mentes. Fue en una de esas nevadas que se conoció el caso de la mujer que mató a su esposo y descuartizó el cuerpo, miembro a miembro, hasta hacerlo entrar en una bolsa negra de plástico. Cuando le preguntaron por qué lo hizo sólo contestó: «Estaba harta de estar encerrada»”.

121 Nieve capilla

Alguna vez, durante un debate sobre el proceso creativo escuché a César Graciano defender la opinión de que para escribir es necesaria, en primera instancia, una decisión formal, esto es, saber cómo ha de expresarse una idea, incluso antes de su nacimiento, a través de la escritura. También había quienes pensaban lo opuesto: que para escribir era necesario, primero, algo por decir. Yo estuve de acuerdo con esta segunda opinión, sin que dejara de parecerme interesante el comentario de Graciano y, sobre todo, la seguridad con la que sostenía su argumento. Me pregunté, sin embargo, cómo sería posible más allá del discurso. Cómo, en términos concretos, se podría determinar una forma para una materia poética inexistente. Los días pasaron y seguí dudando. Lo único que estaba claro es que existían dos tipos de procesos creativos: los que se gestaban a partir de un cómo, y los que se avenían a un qué. Ahora que he leído su primer libro, creo entender su intención. En este sentido, Cuentos únicos y secundarios puede leerse como un manifiesto en que la estructura es una previsión, una forma de disponer el espacio para una experiencia todavía incomunicada, antes que esta trastoque, por fuerza de su irrupción, el orden. Por eso creo que Graciano, o al menos el autor ficcional, nos ha mentido en su introducción, que el suyo no será un libro de cuentos secundario, ni esta su única nota.

Nabil Valles Dena

 

Presión de la Post Guerra

Es de saberse que un veterano de guerra, es decir, aquella persona que fue partícipe de un ejército armado y que combatió en el campo de batalla, tendrá cierto tipo de traumas, delirios o un comportamiento propio de alguien que asesinó personas a nombre ajeno o que cometió actos éticamente erróneos. Este es el caso mostrado en “Benito”, relato escrito por el juarense Rubén Moreno Valenzuela (1956), quien lanzó esta obra en el 2003 en Rio Bravo Blues junto con dos relatos más, bajo el sello editorial de Rancho las voces, de la cual él mismo es fundador. En el cuento, de corte policial, dos compañeros de combate atraviesan por una cruda etapa en la que el suicidio se perfila como una opción, camino que uno de ellos, el cabo Benito de la guarnición de la plaza, sí decide tomar, y, aunque Germán iba por el mismo sendero, por cuestiones de suerte finalmente no se inmola. Supongo que para quitarse la vida se debe estar pasando por una crisis severa, una gran depresión o experimentando un pesado remordimiento.

Esta narración sucede a mediados de los 70’s en un departamento de una vecindad, donde habitan además otras personas con deberes u ocupaciones muy familiares al entorno de la colonia Bellavista, ubicada en la zona el centro de nuestro Juárez. En lo personal me lleva a pensar en que dentro de cada habitación o departamento existe un mundo o una historia totalmente distinta. En esos espacios tan íntimos se pueden incluso llevar a cabo diversos crímenes o atrocidades, torturas o violaciones, sin que el mundo que está fuera de esas paredes pueda darse cuenta y que, sin duda, son casos que se trascienden las ficciones. Así fue la gran sorpresa que se llevó el soldado Germán, al ver a su compañero Benito, colgado muerto de la regadera, sin que nadie de la vecindad se hubiese enterado. Ahora bien, se sabe que la literatura puede surgir de cualquier lugar, o más bien, ser inspirada por casi cualquier cosa, y este relato no es la excepción, pues se basa en la conversación que tiene un hombre con su compañero ya sin vida.

120 Bellavista - Segura Saavedra

La forma de vivir en una vecindad es la de un pequeño mundo donde todos los residentes de ese lugar conocen la vida o lo que ocurre en la habitación contigua, como suele ocurrir entre las comadres y los imprescindibles chismes, y que bien se demuestra en “Benito”: “El primer cuarto es el de doña Panchita, luego sigue el mío… El tercero corresponde a Mague, la amasia de Benito, enseguida está el del viejo que todas las noches sale a la Avenida Juárez vestido con un traje de pachuco… El otro cuarto es de Yola, la maquiladora, y del huevón que mantiene; y el último pertenece a la maestra jubilada”. La disposición del inmueble muestra que en una vecindad todo es del dominio público. Personalmente, cuando transito las calles del centro y observo los edificios viejos y abandonados, que por cierto abundan en esa zona, me es inevitable pensar que dentro de esas instalaciones ocurre algo que el mundo exterior ignora por completo; quizá esté ahí uno o varios cuerpos que en vida tuvieron malas decisiones y pagaron por esos actos, justamente como el Cabo Benito, quien además de formar parte de masacres en el ejército, tenía en su corazón una vecindad en la que cabía más de una persona.

120 Noche triste 70s

Tomás Saucedo