A las dunas

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En 1994, Ediciones del Azar publicó Callejón Sucre y otros relatos, una serie de textos que abordan la realidad de la vida en Ciudad Juárez. El libro, escrito por Rosario Sanmiguel, quien también ha ejercido como traductora, editora, docente y directora de talleres literarios y de revistas, actualmente se encuentra en la colección Paso del Norte, bajo el sello de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Ediciones Eón, el Colegio de la Frontera Norte y Center for Latin American Studies. En el 2008 apareció su edición en inglés, a cargo de John Pluecker, con el título Under the bridge: stories from the border.  La autora nació en el pueblo Manuel Benavides, Chihuahua; no obstante, desde pequeña vivió en la frontera, donde la actividad nocturna forma parte de la cotidianidad de su gente, tal como se muestra en “Un silencio muy largo”. En este cuento los bares representan el escenario principal, y desde ellos se narra la historia de Francis, una chica que decide terminar su larga relación con Alberto. Así, Las Dunas y el Coco-Drilo aparecen como aquellos lugares que siempre tienen algo que contar.

132 Bar Dunas

El relato gira en torno a un bar, sitio que en muchas ocasiones llega a verse de manera negativa. En lo personal se me dificultó imaginar que este lugar fuera la fuente de inspiración para muchos escritores juarenses, entre ellos Sanmiguel. No obstante, la autora toma de esta ciudad un espacio común y sencillo –ese en donde las personas pueden olvidar su día a día o simplemente matar el tiempo– y lo convierte en el escenario idóneo para desarrollar sus personajes y anécdotas, tal como ella misma lo señala en una entrevista: “la frontera es, en mi escritura, una condición inseparable de la vida que imagino para mis personajes […] Me considero una escritora realista, una que se nutre de la realidad verdadera para construir otra, que aunque ficticia no es menos real que la que palpita más allá de las páginas que escribo.” Las Dunas y el Coco-Drilo, por ejemplo, concentran el espíritu que por muchos años predominó en Ciudad Juárez, tanto en hombres como en mujeres.

126 fb

Lee aquí la traducción de cuento

Quizá el ambiente nocturno en esta frontera haya tomado algunos giros respecto a la última década del siglo pasado; sin embargo, las salidas a bares y cantinas continúan siendo comunes no solo para los juarenses, sino para gente de todas partes que busca pasar el rato. Si bien en un principio me extrañó que el bar se erigiera como punto principal del relato, su uso resulta bastante evidente y eficiente en cuanto a la empatía que el lector pueda lograr con los personajes. Esto debido a que los momentos que pasamos en estos sitios suelen enmarcarse en la idea de olvidar lo que está afuera, de sentir que te desconectas del mundo, aunque sea solo por unas horas y se sepa que tarde o temprano hay que regresar de Las Dunas y plantarse de nuevo en la realidad.

132 Av Juarez

Mayra Fabiola Mendoza Muñiz

Un cínico de aquellos

Sabes mucho de meteoros, ¿hace
cuánto tiempo que llegaste tú del cielo?

Diógenes de Sínope, “el Cínico”, nació en el año 412 a. C. Fue desterrado de su ciudad natal pues se le acusó de complicidad con su padre, el banquero Hicesias, quien falsificó monedas por cuestiones más políticas que económicas. En Atenas fue discípulo de Antístenes; se cuenta que éste lo aceptó luego de que Diógenes estuviera dispuesto a aceptar un golpe a cambio de una enseñanza. Entre los aspectos de su vida más conocidos se encuentran su “vivienda” (una tinaja), sus escasas propiedades, una masturbación pública, la entrevista con Alejandro Magno y, sobre todo, la búsqueda de hombres de verdad, a quienes no encontraba siquiera a plena luz del día y con la ayuda de un candil. El mote de cínico (el vocablo griego kynicós significa “perruno”) fue en principio un insulto del cual Diógenes sacó ventaja, pues entendió que los perros llevan una forma de vida más cercana a la virtud (o a su idea de virtud) que los seres humanos. A pesar de que existen varias versiones acerca de su muerte y el destino de sus restos, solo es posible establecer con pocas dudas que esta acaeció en Corinto, en el año 323 a. C.

02 Diógenes

Juan Rivano, filósofo chileno, publicó en 1991 el libro Diógenes: los temas del cinismo (Santiago: Bravo y Allende Editores). En dicha obra, el autor retoma la vida del de Sínope, principalmente según lo dicho por otro Diógenes (el Laercio) en Vida de los filósofos más ilustres. Luego analiza, desmenuza cada pequeña historia y la dota de una nueva dimensión, tanto en cantidad de palabras como en volumen de pensamiento. Por ejemplo, del encuentro con Alejando Magno, escribe: “En la escala del poder, decir «Diógenes y Alejandro» es como decir «el cero y el infinito». Pero, el elogio de Alejandro alienta una idea atrevida: Sobre si no se apunta también aquí hacia una inversión formidable del modo que decir «Diógenes y Alejandro» no sea como decir «el cero y el infinito» sino «el infinito y el cero». ¡Cómo desprecia Diógenes a Alejandro! («Déjame el sol» le dice). ¡Cómo ensalza Alejandro a Diógenes! («Me gustaría ser Diógenes», dice. Claro, siempre que no fuera Alejandro)”. De manera similar, Rivano enumera 45 anécdotas con un estilo ni pretencioso ni pedestre. Justo medio, pues, que el lector encontrará agradable.

Del escultor Juan Carlos Canfield y sobre un pedestal de mampostería, un Diógenes de bronce (casi del color de los Indios Verdes en la Ciudad de México), eleva la linterna. Sobre la esquina suroriente de Avenida Tecnológico y Bulevar Teófilo Borunda, junto al Parque Central, el Cínico se apoya en el báculo y entre ríos de automóviles y de gente busca, veinticuatro siglos después, al hombre que no encontró en Atenas. En el crucero es posible ver algunos peatones, pero la inmensa mayoría de quienes por allí transitan, lo hace en automóvil. Son personas con prisa por llegar al trabajo, a la escuela o a su casa. Ignoran al hombre-perro; si reflexionan sobre algún elemento cercano, dirigen sus pensamientos a la publicidad desplegada en un puente, a Las Misiones, a una jirafa, a algún hotel, o incluso a cualquiera de las otras estatuas que están en el mismo sector. Dudo mucho que Diógenes se revolcara en su tumba al ver la condición de su imagen en este asentamiento urbano: podrá ser ignorado, pero nadie le quita el sol.

02 Placa Diogenes

Joel Amparán

La Revolución como espectáculo desde “El Monu”

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 “El Monu” concretiza –a base de mármol y con 2.5 metros de altura– la presencia histórica y simbólica de Benito Juárez en el Paso del Norte, cuando en 1865 estableció en la frontera el gobierno nacional, por lo que ahora lleva su “Heroica” etiqueta. En 1910, el gobernador Enrique Creel inauguró el monolito para celebrar el centenario de la Independencia. Un año antes, Porfirio Díaz sostuvo la famosa entrevista con el presidente estadounidense Willian Taft; así que se aprovechó la visita del general para que colocara la primera piedra. A pesar del peso histórico del Benemérito de las Américas en la ciudad, existen pocas obras literarias que retraten o hablen de su monumento, como en una breve escena de Los ilegales de Rascón Banda. Así que seré flexible con la localización específica y me abocaré a los hechos ocurridos en el cuadrilátero que forman las calles Vicente Guerrero, 20 de Noviembre, Constitución y Ramón Corona. Para lo cual servirán de eje un par de obras del escritor juarense Edeberto “Pilo” Galindo, aunque la acción dramática no ocurra justamente a los pies del dichoso “Monu”.

130 Caminata-monumento

El 15 de octubre de 1909, Porfirio Díaz, un día antes de congregarse con Taft, participó en el evento solemne que iniciaría la construcción de una de las efigies más representativas del supuesto triunfo del partido liberal. ¿Por qué el presidente de la República eligió esta frontera para la reunión? Existen varias versiones, pero todas dan cuenta de la importancia de este lugar como punto estratégico para el gobierno nacional: vino para demostrar su poder ante la gran cantidad de opositores que había aquí; la ciudad simpatizaba con su gestión debido a los progresos alcanzados y su llegada fue, entonces, un gesto de agradecimiento; o pretendía poner en la mesa la cuestión del Chamizal. Sea como sea, su arribo demostró, una vez más, la importancia de Ciudad Juárez como punto determinante en la historia del país, aunque a veces no se le tome en cuenta como tal.

130 Entrevista Días-Taft

Oficialmente la Revolución Mexicana inició el 20 de noviembre de 1910, cuando Francisco I. Madero convocó a tomar las armas en contra del gobierno porfirista, y terminó con la promulgación de la Constitución el 5 de febrero de 1917. No obstante, fue la Batalla de Ciudad Juárez, librada entre el 8 y 10 de mayo de 1911, la que significó el final del antiguo régimen con la firma del Acuerdo de Paz (21 de mayo) y la subsecuente renuncia del dictador. Por otro lado, figuró como una advertencia de los conflictos que se avecinaban y que, realmente, muy pocos lograron comprender. Además, aquí comenzaron a forjar su leyenda personajes como Pascual Orozco y Pancho Villa.  Por ello, el desdén que la historiografía oficial ha mostrado respecto a este suceso ha conllevado graves consecuencias en cuanto a las interpretaciones de una de las guerras civiles más importantes y confusas del país.

130 Villa en Juárez

Frente a esta situación comenzaron a surgir investigaciones (como las de Miguel Ángel Berumen y Pedro Siller) y textos literarios que posicionan al combate en su justo lugar. El teatro no se quedó atrás. Además de El fulgor de la batalla, de Guadalupe Balderrama, resaltan un par de obras escritas por Pilo Galindo que retoman este tema: En un tren militar, Garibaldi y Rendir la plaza. La primera se estrenó, con la compañía Teatro Bárbaro, en el 2011; un año después el mismo autor la dirigió con su grupo 1939 Teatro Norte. Sobre esta puesta en escena cabe destacar que el lugar de la representación fue el idóneo, pues las instalaciones de la Ex aduana, espacio principal de la batalla real, ahora el MUREF, se acondicionaron para dar vida al montaje, ganador del 31 Festival de Teatro de la Ciudad. Garibaldi forma parte –junto con la anterior– del segundo tomo de Antología teatral (2017).  Rendir la plaza se presentó, bajo la dirección de Abraxas Trías, en el 2012.

Ahora bien, la idea de desenfocar o tratar de entender todas las partes inmiscuidas en la Revolución se ha dado, sobre todo, desde el ámbito literario. Nellie Campobello, por ejemplo, rescata la mirada infantil; misma que Antonio Zúñiga presenta en Pancho Villa y los niños de la bola. Respecto a la visión femenina resaltan, una vez más, los relatos de Campobello, pues su protagonista es una niña; por su parte, “Un disparo al vacío”, cuento de Rafael F. Múñoz, muestra cómo gran parte de la fuerza y energía revolucionaria se encontraba en las mujeres, a pesar de negarles un nombre propio. Con esta misma idea comienza En un tren militar: “pero pos el nombre pa´qué es. Ese sobra, ¿qué no? Pero, pos si pa´ algo le sirve, me llamo Adela. Todas aquí, las viejas, nos llamamos Adela, pa´ casi todo lo que usté guste mandar, mi sargento”. Sin embargo, al final el propósito de la obra consiste en redimir los nombres y hazañas de algunas de las “adelitas” más importantes: Carmen Serdán, María Villarreal González “La Juana de arco mexicana”, María Arias Bernal, Belén Gutiérrez de Mendoza, Adoración Ocampo, Trinidad Ontiveros, María Pistolas, La Coronela, La Generala, La Borrada, entre otras.

130 En un tren militar

Crédito de fotografía: Alex Briseño

En sí, el objetivo de las tres piezas radica en descentralizar este movimiento armado, desde el aspecto geográfico, de género y de las posiciones políticas. Garibaldi representa los recuerdos del italiano Guiseppe “Pepino” Garibaldi, quien participó activamente en la batalla de Ciudad Juárez junto al lado de Orozco y Villa; es decir, en esta obra, Galindo expone la mirada extranjera sobre la Revolución, enmarcada en una serie de guerras latinoamericanas. Rendir la plaza, por su parte, aborda la perspectiva de las vencidas tropas del coronel Juan N. Navarro, responsable de la guardia federal juarense, horas antes de caer. Ahora bien, otro aspecto que resalta es la ambivalencia o confusión a la hora de seguir a un bando o dirigente: ¿Cuáles eran los objetivos de los participantes? ¿Qué causas se estaban defendiendo? ¿Quién tenía la razón? ¿A quién había que obedecer? El inicio de la batalla de Ciudad Juárez, aquel 8 de mayo, por ejemplo, fue bajo las órdenes de Orozco, contradiciendo la palabra de Madero, quien insistía en las negociaciones. Esta contienda representa, entonces, el primer triunfo maderistas, pero también el inicio de su caída como líder; por ello, resulta tan importante para comprender la esencia de la Revolución –o “esta cosa que ustedes nombran revolución”.

130 Rendir la plaza

Finalmente, el 30 de mayo de 1911 Madero, desde la escalinata del monumento a Benito Juárez –símbolo, una vez más, de libertad y justicia– se despidió de la ciudad que lo había visto triunfar. Este momento fue retenido en una fotografía, lo cual destaca otro aspecto fundamental de la batalla: su alcance mediático, pues cerca de 40 reporteros estadounidense llegaron para aprehender cada uno de sus vaivenes. 1911: La toma de Ciudad Juárez en imágenes y otros ejemplares iconográficos en el MUREF lo confirman. Miguel Ángel Berumen  considera el retrato mencionado como un homenaje al oficio del fotoperiodismo, ya que registra el momento en que cuatro colegas capturan el triunfo revolucionario en “El Monu”. Un espacio que ha recibido e inmortalizado a varios de los personajes responsables de forjar la historia (oficial) de nuestro país.

Madero- Monu

Amalia Rodríguez

Ángeles mensajeros

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I. En el 2010, al entonces presidente municipal “Teto” Murguía le preguntaron, durante un evento religioso, si la violencia en la ciudad había descendido durante su administración. “Lo que se ve no se pregunta”, contestó, citando al “filósofo de Juárez”, Juan Gabriel. En aquel entonces vivíamos el cénit de la “guerra” que declaró Calderón contra los narcotraficantes que su gobierno apoyaba en la sombrita. Cuando los militares erraban por las avenidas y el toque de queda se impuso: todos en casa antes de las 10. Cuando los policías hacían un trabajo excelente atrapando a jóvenes jugando futbol en los parques. Cuando quince muchachos, estudiantes de preparatoria, fueron asesinados en Villas de Salvárcar. En fin, el año en que, hasta el hoy agonizante 2017, se registraron más feminicidios en esta frontera.

129 Antonio-protesta

En el evento mencionado, donde se confundieron políticos con sacerdotes, se aparecieron unos ángeles. Blancos, casi como ceniza, con alas enormes. Querían mandar un mensaje al Chapo Guzmán y sus sicarios: “Arrepiéntete de tus pecados”. No volaban, pero tenían la serenidad y la fe que solo otra especie de vuelo sutil puede otorgar. Eran muchachos de una iglesia en la periferia. Motivados por un mensaje humilde, realizaban su protesta (sin quererlo, política) en el silencio de las pancartas y se colocaban en distintos puntos de la ciudad para exponer su comunicado a los criminales y narcotraficantes, pero también a los policías y políticos corruptos. Confiaban en que Dios otorgaría el cambio positivo en los delincuentes corazones. Algo que Teto imaginaba citando a Juan Gabriel y pensando en cifras y estadísticas. Eran también (sin saberlo) la prueba de algo más complejo. Debido a circunstancias socialmente extremas, los hombres y mujeres afectados por las consecuencias de la violencia tenían dos opciones: convertirse en el ángel mensajero o en el sicario que toma un arma porque no tiene de otra.

angel mensajero 2

II. Inspirada en esta figura y en las posibilidades tanto políticas como simbólicas que ofrece, Selfa Chew escribió El ángel, texto incluido en su libro ganador del premio Voces al Sol, Cinco obras de teatro (2015). Doce cuadros y un epílogo, construidos sobre todo por medio de diálogos, destacan la búsqueda de la verdad. Cada una de las escenas consiste en dos o tres personajes “comunicándose”, ya sea por medio de una charla común, una entrevista o un interrogatorio. Esto recuerda un poco a las tragedias griegas en las que, por medio de la “plática”, se reconstruye un conflicto ya pasado y no resuelto. En virtud de subrayar lo último, en El ángel se omiten las acotaciones, elidiendo así la construcción precisa del espacio y tiempo que el lector imagina, gracias a los indicios, en un contexto por lo menos fronterizo. Además de la ausencia de didascalias extensas que ubiquen a la obra, los nombres generales de los personajes representan “arquetipos” (salvo en el caso de Castagnetti y Romero) que aumentan el significado simbólico. Los dos casos más notables son el del Reportero, cuya visión reivindica el sentido humano desvalorizado por la propia violencia en la que se encuentra inmerso de cierta forma y que guarda relación con la experiencia posible del habitante de Ciudad Juárez; y el de Ángel, que simboliza no solo a los jóvenes que tomaban la calle divulgando un mensaje religioso, sino a las distintas caras y vidas sometidas por el ambiente violento: “Morí muchas veces cuando era inmigrante, otras tantas siendo malandro. Resucité porque hubo otros ángeles sin alas que me dejaron ir a otras vidas, a veces más duras”. Aquí el mensajero se transforma en el ángel caído que, sin embargo, sale adelante gracias a otros de su mismo tipo. Es, a fin de cuentas, salvador y verdugo de sí. Quizá ha olvidado cómo volar, mas sabe que hay otras posibilidades para imaginar el vuelo.

III. En pocas escenas de El ángel se menciona cualquier tipo de espacialidad. Será trabajo del lector imaginar un escenario que pareciera invisible. No obstante, en uno de los últimos diálogos Ramón le cuenta a Castagnetti que Sahagún Baca, un narcotraficante que fue anteriormente comandante de la Policía Federal en Hermosillo, reservaba el sótano del Hotel Silvia’s para sus sesiones de tortura. Los vestigios de este lugar, que fue famoso durante los años ochenta hasta que se incendió una década después, se encuentran todavía entre la avenida 16 de Septiembre y la calle Argentina Sur. No hay indicios de que dicho sótano haya existido y que además haya servido para la tortura; sin embargo, ahora la naturaleza busca recuperar, de forma sutil y lenta, su reino perdido. Y si bien antes quizá haya servido como escenario de crímenes que muchos conocían pero pocos atrevían a denunciar, hoy es un cadáver donde brota la esperanza de las flores.

129 Hotel Silvia's

Antonio Rubio

¿Justo Sierra? ¡Por Piedad!

Nacido en San Francisco de Campeche el 26 de enero de 1848, Justo Sierra Méndez se convertiría en uno de los más ilustres personajes mexicanos del siglo XIX. Fue un hombre dedicado principalmente a las letras y a la política. La literatura no le viene de la nada: su padre, Justo Sierra O’Reilly, también es reconocido como hábil novelista. Al respecto, Sierra Méndez debe parte de su fama a la producción literaria en poesía, novela y cuento. En lo que atañe a la política, se desempeñó como diputado y después como Ministro de la Suprema Corte de Justicia, entre otras funciones. Suya es la conocida frase: “El pueblo mexicano tiene hambre y sed de justicia”; no obstante, a la distancia resulta cuando menos curioso que tal oración fuera pronunciada por un integrante del partido reeleccionista y defensor de Porfirio Díaz. El también llamado “Maestro de América” se interesó especialmente en la cuestión educativa del país; le pertenecen las ideas de establecer la obligatoriedad de la educación primaria y la fundación de una universidad nacional. Luego de renunciar a su cargo en el gabinete porfirista, Madero ofreció al campechano el cargo de ministro plenipotenciario de México en España, el cual aceptó. Poco tiempo después, en 1912, Justo murió en Madrid.

13 Justo Sierra

Muy temprano en su carrera literaria (entre los 17 y 21 años de edad), Justo Sierra escribió Piedad, obra dramática en tres actos. Dicho “ensayo” fue representado en el Teatro Principal de México el 17 de marzo de 1870, y en una carta que fue publicada poco tiempo después, el mismo autor reconoce que mejor que el texto habían sido las actuaciones. La primera publicación de la obra se dio hasta el año 1948, es decir, a cien años del nacimiento de Sierra; ello fue posible gracias a que sus herederos conservaban el cuaderno con el manuscrito original. Ante la improbabilidad de verla otra vez en escena, lo más sencillo es consultarla en el segundo volumen de sus Obras completas: prosa literaria; total que muchos prefieren leer una obra no-muy-buena que ver un mal montaje surgido de un excelente texto dramático. Dolores, infelizmente casada con Carlos, se reencuentra con su antiguo amor Javier. Piedad, hija de Dolores, está comprometida con Eduardo, joven escéptico hijo del bribón Manuel. Entre virtudes y pasiones humanas (y bien decimonónicas), el desarrollo de la trama nos permite ver a una mujer marcada por el adulterio, a una joven dispuesta a sacrificarse por amor a la figura materna, a un hombre cuyo interés no es sino mejorar su posición económica y a una criada que vende sus favores a un precio muy alto. Al final, Sierra reparte perdones y castigos según la gravedad o nobleza de los sucesos de acuerdo a su propio criterio; de modo que tal o cual queda burlado, loco, libre o en el abandono.

Es difícil relacionar directamente a Ciudad Juárez con quien fuera Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, además de presidente de la Academia Mexicana de la Lengua. No anduvo en la urbe fronteriza, o si lo hizo, no dejó huella reconocible. Que una calle lleve tal sustantivo propio se debe a la intención de recordar, de honrar magnas figuras bautizando espacios seminales en la ciudad, como la Partido Romero, con sus nombres. “La Justo Sierra” es, pues, como llaman a lo que por momentos parece callejón en una zona cuyos tiempos mejores ya han pasado (o así parece). La intersección con tres avenidas principales no evita que en alguna otra esquina se acumule basura o se derrumbe olvidada una vieja construcción, cual si fuera personaje que mereciese ejemplar castigo. Lejos de la imagen culta, poderosa y aristocrática del escritor, queda la del segmento citadino casi en ruinas.

13 Joel Callejones

Joel Abraham Amparán Acosta

Desventuras del naufragio

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La conquista del Nuevo Mundo trajo consigo la redacción de numerosas crónicas que guardan memoria de las hazañas de aventureros y conquistadores. Entre tantos, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, nacido en Jerez de la Frontera en la última década del siglo XVI, dejó uno de los testimonios más trascendentes que recopila la fortuna de su expedición, así como las costumbres sociales y religiosas de los indígenas de la actual Florida y tierra adentro. Cabeza de Vaca, náufrago de nuevos mundos es una adaptación hecha por Jesús Eduardo García Castillo (2012), profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Basada en La relación de 1555, que pronto se llamó entre sus lectores Naufragios, esta versión juvenil (para estudiantes de educación secundaria) hace un recuento de los momentos más lúgubres y fascinantes del trayecto de Alvar Núñez. García Castillo retrata cómo este español fue uno de tantos en maravillarse con la cultura de los antiguos pueblos, pese a las inclemencias del ecosistema y las necesidades propias de una región agreste. Los rigores son inseparables de la travesía: sed, hambre, enfermedad, tempestades, cautiverio, escarceos y una frágil desnudez. Sin embargo, la narración no se estanca en lo lastimero, sino que enfatiza la práctica de Cabeza de Vaca como chamán y curandero de enfermos, poder ancestral (pero adquirido) que más tarde resultó positiva para su supervivencia e integración en estas sociedades tan heterogéneas.

Pero como todo relato es un viaje, en esta expedición también se siguió una ruta de navegación que llenó de experiencias a los involucrados. A 17 días del mes de junio de 1527, partió de San Lúcar de Barrameda y con licencia de los reyes católicos una armada encabezada por el gobernador Pánfilo de Narváez, acompañada con 600 hombres, entre ellos, Cabeza de Vaca como alguacil mayor. El primer punto de llegada fue Santiago de Cuba, espacio donde algunos hombres abandonaron la expedición. Sin embargo, ahí Vasco Porcalle, vecino de la villa de la Trinidad, proveyó al gobernador ciertos bastimentos después de una tormenta que aniquiló las naves (primer naufragio). Y así, con mucho trabajo y necesidad anduvieron hasta volverse a embarcar en un bergantín el 20 de febrero para llegar, al fin, después de tanto ultraje, a la Florida. Aquí se introdujeron en tierra firme y exploraron las tierras hasta encontrarse con cuatro indios que los llevaron hasta donde había bastimentos (maíz). Después, en busca de tesoros, continuaron la ruta hasta llegar a una provincia llamada Apalache. El sábado 1º de mayo el gobernador repartió alimentos entre los hombres porque el camino que aún restaba era largo y complicado. Pasando 15 días  llegaron a Apalache, cuyo recibimiento no fue muy grato; los indios los atacaron con flechas. Poco a poco, el recorrido fue abarcando desde ríos, pantanos y lagunas, provincias como la de Aute y las tierras de los Avivares, indios que se regocijaban de tenerlos ahí. Cuando el orden menguó y la sobrevivencia se convirtió en el único aliciente, solo 4 tripulantes lo lograron: Alonso del Castillo, Andrés Dorantes, Alvar Núñez Cabeza de Vaca y Estebanico, un negro árabe de Azamor.

128 Cabeza Vaca barco

Me resulta increíble que conforme el tiempo pasa aún se guarda memoria de nuestro docto en lengua. Los estudiosos no sólo lo recuerdan por guardar memoria de nuestro pasado con sus dos obras, Naufragios y Comentarios, sino por ofrecer una visión antropológica respecto a sus travesías. Igualmente, otro aspecto vanagloriado por los países sudamericanos, especialmente por los habitantes de Paraguay, es su aportación con el descubrimiento de las Cataratas de Iguazú en 1541, cuando exploraba el litoral del Río Paraná. Hoy en día se le continúa haciendo homenaje dentro de este centro turístico con una placa dedicada a él. De manera similar, las regiones estadounidenses como Nuevo México y Texas, escenarios que sobrevivieron durante mucho tiempo la presencia del imperio español, conmemoran a Cabeza de Vaca como el primer europeo que vio el gran bisonte norteamericano, el búfalo, cuya raza casi se ha extinguido en los últimos decenios. También en estas tierras se le ha dado el título de primer cirujano debido a sus habilidades curativas. Por ello, no sorprende que muchas de los espacios geográficos o lugares de esparcimiento rindan honor a los españoles que exploraron la zona boreal del continente. Transitar espacios como la calle Cabeza de Vaca en Galveston e Irving, Texas, visitar el museo Hermann Park en Houston, actualmente, trae a la mente de los visitantes y residentes los inicios del estado de la estrella solitaria con la llegada de Alvar Núñez.

128 GarciaC - Cabeza Vaca chamánXimena Guadián Salas

Poesía y política en la Mariscal

La asignación de los rótulos que configuran una topografía urbana, si bien en ocasiones pareciera aleatoria, conlleva una carga significativa sobre los personajes que dan nombre a las calles de la ciudad; los cuales, aunque no seamos conscientes, forman parte de nuestra vida cotidiana, por el simple hecho de nombrarlos cada vez que llenamos algún formulario o queremos que alguien nos visite. Sin embargo, ¿quiénes son esas personas que vemos grabadas en la placa de nuestra dirección?, ¿qué hicieron para obtener un lugar concreto en la historia y memoria de la localidad? Las respuestas –igual que las sorpresas ahí escondidas– obviamente varían tanto como el número de calles que contiene la metrópolis. Empecemos por una de las más importantes y representativas de Ciudad Juárez: la Avenida Ignacio Mariscal.

01 Mariscal Presidencia

Ignacio Mariscal fue un abogado, hombre de política, periodista, escritor y poeta nacido en Oaxaca en 1829. Participó activamente en el gobierno de Benito Juárez y Porfirio Díaz, pues muy ponto se manifestó liberal y enemigo de Santa Anna, a quien combatió con la pluma periodística. Estuvo al lado del Benemérito durante la Guerra de Tres Años y participó en la redacción de las Leyes de Reforma (sobre todo en la Ley contra los bienes del clero), las cuales fueron uno de los detonantes de la invasión francesa con apoyo de la clerecía mexicana, lo que provocó que el gobierno nacional se refugiara por dos años en el antiguo Paso del Norte. De esta manera, aunque Mariscal nunca pisó tierra fronteriza, cobra sentido el que la Avenida que lleva su nombre y la Av. Juárez corran paralelas en la zona más importante de la ciudad.

01 Ignacio Mariscal

Además de su desempeño político, también sobresalió en el ámbito intelectual. En 1882 ocupó la silla no. XVI de la Academia Mexicana de la Lengua. Por otro lado, debido al dominio que tenía sobre varios idiomas extranjeros destacó en la traducción de autores como Shakespeare, Longfellow, Lord Byron y Edgar Allan Poe. Sobre este último, cabe destacar que Mariscal fue el responsable de la primera versión en español de “El cuervo”, publicada por Ignacio Altamirano en su revista El Renacimiento en 1869. Años más tarde volvió a aparecer en la obra póstuma Poesías (1911), la cual contiene tanto sus creaciones líricas como traducciones de poetas conocidos. Entre estas últimas destaco la traducción que hizo de “El hombre feliz” de Víctor Hugo, debido a su relación con nuestro contexto: “Y mi palacio encierra, como insondable abismo, / tesoros de ciudades y frutos del desierto”. Fue autor, además, de la ópera Don Nicolás Bravo o clemencia mexicana, presentada en agosto de 1910 para inaugurar el Teatro Abreu, un par de meses después de su fallecimiento.

Ahora bien, el auge de las avenidas Mariscal y Juárez surgió durante la época del prohibicionismo en Estados Unidos.  Sin embargo, los bares, cantinas, casas de juego y prostitución localizados en las calles mencionadas comenzaron a decaer con el crecimiento juarense, es decir, con el inicio del PRONAF y la llegada de la maquiladora. La solución que las autoridades encontraron para esto fue un programa de revitalización del centro histórico que comprendía la compra y demolición de cuadras enteras de dicha zona. Actualmente la Gran Plaza Juan Gabriel ocupa el espacio de lo que antes fue una de las calles más representativas –y “peligrosas” en cuanto a las actividades que ahí se daban– de la ciudad. No obstante, la palabra Mariscal aún contiene una gran carga significativa como lugar de fiesta, libertinaje y perdición.

65 Mariscal antes

Sin duda, Mariscal fue un personaje bastante importante en el mundo de la política y la literatura –en cuanto a traducción principalmente– de México a finales del siglo XIX. ¿Quién, en su época, se iba a imaginar que su apellido serviría como referencia de uno de los lugares más permisivos durante los años de la conocida “leyenda negra fronteriza”? ¿Quiénes de los que recorrieron los bares, prostíbulos y picaderos asentados antes en la avenida que lleva su nombre, pensarían que Ignacio Mariscal llevó una vida tan ilustre y culta? Es apremiante, por tanto, reactivar el sentido de apropiación sobre personajes como este, cuyo nombre, al día de hoy, resulta imprescindible en la memoria de la configuración de nuestra ciudad.

01 Mariscal Juaritos

Amalia Rodríguez

Fotorreportero encuentra cuerpo en Samalayuca

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Aunque el escritor Willivaldo Delgadillo nació en Los Ángeles (1960) sus fuentes de inspiración para Garabato vienen de esta frontera en donde ahora reside. La novela, publicada por la editorial Samsara (2014), está dividida en cuatro partes; en cada una de ellas nos cuenta la historia de Basilio Muñoz, quien va a un congreso literario en Berlín a nombre de Billy Garabato, ya que éste no puedo asistir y cuyas obras Basilio desconoce (o irá conociendo); al final de las tres primeras partes se incluye una novela que, según la historia, están escritas por Billy Garabato. Una de ellas se titula De alba roja, que narra los acontecimientos por los que tuvo que pasar Pep Ramírez, un fotorreportero de El Diario de la Frontera que viaja de Juárez hasta Samalayuca “para dar cobertura a un asesinato en las dunas”.

Se trata de un cuerpo en el interior de un viejo auto. Pep llega primero que nadie a la escena del crimen; “Trabaja de manera apresurada” antes de que arribe la policía y los paramédicos. “Sin embargo, antes de irse cambia de lente y prácticamente se monta en el cadáver; con detenimiento ajusta el 85 mm para captar el rostro de la víctima”. Tras cumplir con su labor regresa de vuelta directo a su trabajo. Los problemas para nuestro protagonista inician cuando al día siguiente le dicen que ese cuerpo, al que fotografió el día anterior, ha desaparecido, y él es el único testigo que lo llegó a ver. El periódico, para no involucrarlo en esta seria encrucijada, decide darle unas vacaciones pero en el trascurso de los días Pep se dará cuenta que está más implicado de lo que creía.

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Probablemente en la actualidad las noticias sobre los acontecimientos que pasan en nuestra ciudad nos llegan desde distintas plataformas digitales, pero en otros tiempos el periódico impreso era el medio de comunicación, comprado comúnmente en los cruces para informarse de los últimos sucesos que habían acontecido en la ciudad. El Diario, Norte Digital, El Fronterizo, Juárez Hoy, son algunos de los periódicos que actualmente siguen dándonos las noticias (aunque se suela pensar que sólo informan desgracias) que constantemente acontecen en Ciudad Juárez. Delgadillo en su novela nos muestra las acechanzas que recorren la frontera, las cuales se parecen a la desazón que experimentamos actualmente. Estas problemáticas se convierten en encabezados para llegar hasta nosotros a través de las instituciones encargadas de publicar la información de forma periódica, veraz y oportuna, como en este caso El Diario de la Frontera, para el cual trabaja Pep, nuestro protagonista. “De alba roja”, además de mostrarnos el peligro al que se enfrenta el antiguo Paso del Norte, también nos describe el riesgo que implica el trabajo de fotorreportero. Estos problemas, por los que está pasando el periodismo en nuestra realidad, son la fuente de inspiración para la historia de Pep y su desafortunado hallazgo en las dunas.

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Quizás para muchos que viven en esta frontera ya no es novedad ver una noticia en el periódico o en el noticiero informándonos que han encontrado un cuerpo en tal lugar de la ciudad; estas notas llegan a nosotros gracias a los reporteros y/o fotógrafos que por su trabajo tienen que ir directo a la escena del crimen para tomar nota e imágenes para después dar parte al periódico en que trabajan. Muchos casos se han reportado de periodistas asesinados o que tuvieron que abandonar la ciudad porque sufrieron amenazas de muerte sólo por ejercer su trabajo que ahora es visto como uno de los oficios más peligrosos y como un ejemplo, además, de la falta de libertad de expresión a la que ellos, como voceros de la sociedad, se enfrentan. A raíz de esto, actualmente existe la Red de periodistas de Ciudad Juárez, una agrupación que se formó en 2011 para la prevención de riesgos contra periodistas y sirve como plataforma para exigir justicia a sus colegas caídos, no sólo locales, sino para todos los del país. Resulta paradójico que lo más inverosímil en “De alba roja”, no sea la diatriba experimentada por la lente del fotógrafo, sino el modelo del Volkswagen abandonado en el desierto.

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Mayra Fabiola Mendoza Muñiz

Cielo color durazno

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¿Cuándo fue la última vez que recorrí las calles de mi vecindario o colonia simplemente para escuchar mis pensamientos? Durante mis primeros días en Ciudad Juárez las referencias sobre el viejo centro no fueron muy agradables, así que cuando comencé a leer el cuento “Paisaje en verano” la sensación fue de confidencia hacia Cecilia, la protagonista, pues me emocionaba seguir de cerca sus sentimientos y cavilaciones al caminar por esta área de la urbe. Rosario Sanmiguel es autora del libro de ensayos – aún inédito– De la historia a la ficción, la novela Árboles o apuntes de viaje (2007) y el cuentario Callejón Sucre y otros relatos (1994), en donde encontramos una relación de historias que permiten vislumbrar aspectos de la vida en la frontera. En el 2008 se publicó una edición en inglés de este último a cargo de John Pluecker, con el título Under the bridge: stories from the border. En el caso que aquí me ocupa –del que ya se ha escrito anteriormente–, la escritora narra la historia de una estudiante de secundaria con ideales, preocupaciones y una personalidad específicas: “su actitud hacia las autoridades de la escuela cambió. Si no eran capaces de escuchar no merecían respeto”. Bajo esta nueva forma de ser, un buen día Cecilia decidió salirse de la escuela para recorrer una de las zonas que probablemente todo juarense conoce, mientras imaginaba sus propios relatos que iba desarrollando conforme avanzaba por las calles citadinas.

Una de las calles que más me gusta es la 16 de Septiembre, incluso un día se me ocurrió preguntar si era tan antigua como yo pensaba, pues las fachadas de algunos de sus edificios me llamaban mucho la atención. Y sí. Esta avenida en algún momento se llamó calle del Comercio, hasta que Benito Juárez propuso que se cambiara su nombre por el que ahora lleva. Aquí encontramos la Secundaria Federal No. 1, “esa construcción ocrácea sitiada por la espesa fronda de álamos añosos” que funciona como el espacio narrativo principal de “Paisaje en verano”, pues funciona como el punto de enlace hacia otros sitios fundamentales como la zona céntrica. Sin duda, la lectura de este cuento provoca las ganas de recorrer de nuevo ese trayecto que seguramente todo juarense ha recorrido, pero esta vez consientes de la imaginación que se puede desprender de él al transitar por calles que son indispensables para conectar a la ciudad, como la avenida Insurgentes y la 5 de Mayo; el relato de Sanmiguel y las historias de Cecilia dan prueba de ello.

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Otro de los lugares que construyen el espacio narrativo es el Parque Borunda, inaugurado el 28 de febrero de 1941; ese lugar lleno de familias los domingos, donde se aprecian las nubes del cielo que se pintan de color durazno cuando comienza el atardecer, mientras los niños hacen línea para subirse a los juegos y los adultos esperan que les despachen un elote o un hot-dog. Rosario Sanmiguel tomó este sitio y sus calles aledañas para entregar un cuento que transmite ese anhelo de salir a pasear durante la hora dorada de la tarde para sentir la vida en la ciudad y ver cómo “El sol incendiaba el follaje de los árboles, quemaba los techos de las casas a la orilla del camino”.

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Sabina Victoria Díaz Salvador

De cierta expedición…

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Tras la muerte de don Pedro Moya de Contreras, antiguo arzobispo de México, Juan de Aranda encuentra, en un libro que queda en su poder, la relación de Hernán Gallegos que trata sobre la expedición realizada a inicios de la década de 1580, dirigida por el padre fray Agustín Rodríguez y el capitán Francisco Sánchez Chamuscado, hacia Nuevo México. El propósito principal de la empresa era llevar el evangelio a aquellas tierras no exploradas anteriormente y expandir los dominios de la corona de Castilla. Para ello, solicitaron un permiso al virrey Marqués de la Coruña, ya que se habían prohibido las irrupciones violentas, auspiciadas bajo un halo evangélico, por lo que se tenía especial cuidado con las entradas que se autorizaban. Partieron de Santa Bárbara tres religiosos y nueve soldados el 6 de junio de 1581, llevando a Hernán Gallegos como secretario y escribano, encargado de documentar el viaje a través de una crónica.

Anduvieron varias leguas sobre el Río Conchos, encontrando varios pueblos indígenas, quienes los recibían de buena gana ofreciendo regalos, pues querían evitar la guerra. Gallegos se dedica a describir las características de los naturales de cada pueblo y la disposición en que los encuentran, así como los acontecimientos importantes del viaje… un derrotero por llanuras a las que van nombrando, con poca modestia y mucha esperanza, como el “Valle de los Valientes”. Después de seguir el Conchos durante algunas leguas de viaje, hallaron su desembocadura en el Río del Norte. Al encontrar indios desnudos, quienes les informaron que había otros pueblos más adelante, siguieron el cauce del río, hasta llegar al lugar en el que tomarían posesión del territorio, el 21 de agosto de 1581, nombrándolo San Felipe del Nuevo México, y a la afluente que provenía del norte lo llamaron Guadalquivir –en memoria o nostalgia de su península– “por ser tan grande y caudaloso y muy ancho y con mucha furia”.

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Y aunque el objetivo era llevar la palabra “adonde dios nuestro señor se fue servido de encaminarles para que su santa fe sea predicada y su evangelio sea sembrado por toda la tierra” el convivio con los pobladores originales es más bien tenso. De repente, Chamuscado enfermó y murió durante el viaje de regreso al punto de partida, al cual se dirigían para informar de todo lo visto. Comenzó a haber una preocupación por parte de los franciscanos hacia sus compañeros que habían partido al Nuevo México, ya que fray Juan de Santa María había sido muerto por los nativos en aquella tierra. Fue enviada una nueva expedición, dirigida ahora por Antonio de Espejo, con el propósito de hallar a la primera (o a sus sobrevivientes). Durante esta travesía, el capitán Espejo pudo notar la riqueza mineral del territorio, y al dar cuenta de ello a la capital novohispana, se dio la orden de colonizar aquellas tierras. A pesar de que hubo quienes comenzaron a incursionar ilegalmente por aquella ruta (en la que El Paso le hacía honor a su actual nombre), la toma y ocupación formal de estas tierras quedó reservada a Juan de Oñate, pero esa es otra historia de otro siglo.

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Daniel Malaquías