Blu: para Joni Mitchell

Etiquetas

,

Aunque el tiraje fue corto, ya no queda ningún plaquette a la venta de la primera edición de Blu, el único poemario publicado por Antonio Rubio hasta el momento. Apareció este año como parte de la colección de poesía Museo Vivo, de Anverso Editores. El título original del libro era Tachaduras / El ángel que no tiene espalda, el cual recibió mención honorífica en el premio Rogelio Treviño. El cambio del nombre responde a la necesidad del autor por hacer más evidente su homenaje a Joni Mitchell, una cantante canadiense. De su disco Blue tradujo al español varios versos para insertarlos en el poemario, tales como “eres en mi sangre como vino sagrado” y “hey blu, hay aquí una canción para ti”. Es la única compositora con quien Rubio sostiene declaradamente una relación de intertextualidad y a ella dedica la plaquette escribiendo con sencillez “Para Joni”. Cuando se analiza en su totalidad, el poemario funciona como una sola narración. Un joven ha decidido emborracharse en las tabernas, rodeadas por iglesias que repican sus campanas. Es el día de su cumpleaños, pero sufre. Deprimido, recuerda a sus amigos muertos, evoca sus encuentros sexuales, más bien decepcionantes, con algunas mujeres: desea no haber nacido, dejar de existir, aventarse del puente al revés antes de los treinta…

191 Rubio Blu.jpg

Casi todos los títulos de los poemas marcan una hora entre las 9:00 de la noche y las 2:00 de la madrugada. Así tenemos 9:30, 10:46, 11:02, 11:24… sin que parezca que haya algún motivo tras su selección más allá de representar esos instantes fortuitos en los que brota un pensamiento, un verso. Aunque algunos poemas se refieren al suelo desértico de esta frontera, sólo 1:15 señala el nombre de un lugar exacto de nuestra ciudad, el ya mencionado Puente al revés (Rotario), de donde sueña suicidarse el personaje. En una entrevista, Antonio me contó que escribe para sobrevivir, porque sufre y sólo así puede hacer valioso su dolor. En esto se parece a su personaje. Para hablarme de la poesía, citó un verso de Nicanor Parra, “Todo es poesía menos la poesía”, y la describió como nuestra forma original de vincularnos con el mundo real y el de las emociones, con las cosas que no sabemos nombrar y metaforizamos, concluyendo con que el deber del ejercicio poético debería ser darle nuevos nombres a las cosas.

191 Rubio Meter.jpg

Creo que Blu es un poemario distinto a lo que estamos acostumbrados a leer. Es una obra plástica, Antonio esperaba que cada poema tuviera una forma rectangular; no hay mayúsculas, comas ni puntos que interrumpan el ritmo de lectura y los títulos no son convencionales: las horas, en lugar de las palabras, despiertan la curiosidad, capturan la atención. No es un poemario asfixiante. A las composiciones más largas les suceden poemas que duran uno o dos versos. Por otra parte, el efecto de las diagonales va más allá de marcar un ritmo de velocidad de lectura; desde mi punto de vista, invitan a reflexionar unos versos más tiempo que otros y suman también a la plasticidad de cada pieza. Me da la impresión de que los modelan.191 Puente al revés.jpg

“María Magdalena”

María del Carmen Rascón Castro

El diablo en el Malibú

Etiquetas

,

Lauro Zavala compila en La ciudad escrita. Antología de cuentos urbanos con humor e ironía (2000), de la editorial Ermitaño, un cuento sucedido en las entrañas de Ciudad Juárez: “Como si fuera un gato” de Juan Rosales. Publicado por primera vez en Al margen en 1995, Zavala lo recupera en un libro destinado a reunir cuentos que exploran el espacio de las ciudades con un tono burlesco y satírico que algunos eventos, en ocasiones traumáticos o políticamente injustos, lo requieren. El autor recurre a la leyenda de la aparición del diablo, travestido en galán, en los salones de baile juarenses, en específico en el Malibú. De esta manera se convierte en uno de los pocos textos literarios fantásticos que han retomado la tradición oral y legendaria de la ciudad.  “Como si fuera un gato” narra la historia de Cecilia, una virgen desobediente que, a pesar de las advertencias de su madre, sale un viernes por la noche con su novio Juan a bailar en un salón antaño famoso. Aprovechándose de un lenguaje particular, Rosales utiliza las voces de personajes sin identificar –testigos– que cuentan externamente lo ocurrido mientras se burlan de la ingenuidad de la protagonista, estableciendo así la cualidad irónica del texto.

Leyenda propia de Ciudad Juárez, de otros lugares en el norte de México y de algunas ciudades dispersas en el resto de América Latina, la aparición del diablo en la discoteca se repite de la misma forma: el demonio, en la piel de un donjuán, selecciona a una de las chicas que asisten a aquel antro que recogerá el estigma de diabólico. Bailando con ella, el lugar se inunda del olor a azufre; la elegida se da cuenta de que su pareja tiene una pata de cabra y otra de gallo, y luego es dejada ahí, en el centro de la pista, con consecuencias graves en su cuerpo y su espíritu. En esta frontera, la historia se ubica en el famoso salón Carrousel, localizado hace años entre las calles Paseo Triunfo de la República y Efrén Ornelas o en el Malibú, antiguamente situado en la curva de San Lorenzo, donde ahora se alza el gigantesco estacionamiento de Soriana Hipermart. Es este lugar el que retoma Rosales en su cuento para llevar a Cecilia, su novio y al lector por famosas calles y lugares de Juárez –Insurgentes y Mérida, Vicente Guerrero, Parque Borunda– y finalmente aterrizar en su destino. La narración imita el ritmo de los cuerpos bailando y opta por no mencionar directamente la leyenda, salvo en una breve ocasión. La protagonista desaparece pronto en el relato juarense, pues para los residentes impera más el recuerdo del recinto, el cual, además de diversión, les procuró la visita del Señor de las tinieblas.

190 Facebook diablo.jpg

Desde que era una niña, pequeña y susceptible, mi abuela Aurora me ha contado un sinfín de leyendas de la ciudad. Me habló acerca del misterioso edificio que se mueve, del tesoro perdido de Francisco Villa y de personas aparecidas en estaciones de radio y televisión y, por supuesto, en cementerios. Mi imaginación infantil, poblada por las imágenes de los espectros moviéndose en la ciudad, no pudo nunca deshacerse de la que más le llamó la atención: la aparición del diablo, disfrazado de apuesto muchacho, en los salones de baile. Tal vez me impresionó porque el demonio lucía sus patas de cabra y gallo, porque la joven resultó herida o muerta en la pieza o ,quizá, simplemente porque me conmovía la cercanía de mis ancestros con el relato: mis abuelos habían tenido la oportunidad de asistir a los salones Malibú y Carrousel; en su juventud, la generación de mi madre todavía pudo presenciar las noches de diversión en el primero, aunque no en el segundo, convertido ya para entonces en el Chihuahua Charlie’s. En realidad, la mayoría de los juarenses hemos visitado estos lugares o al menos transitado cerca de ellos, pese a que ahora tengan un disfraz, por lo que obviamos las leyendas que ocurrieron dentro de sus paredes pseudo-sagradas. El cuento de Rosales lo advierte: “Nadie cree, pero desde ese día los vecinos de San Lorenzo cuentan la historia del Salón Malibú, bautizado de diabólico para siempre, aún después de que fue sepultado por un moderno centro comercial”.

190 Malibú.jpg

Pamela Torres Martínez

El confín insólito de Darío

En 1910 Rubén Darío visitó México con motivo de la celebración del centenario de la Independencia. Sin embargo, la estadía se redujo a un aprisionamiento en Veracruz bajo órdenes del Gobierno Mexicano. Eso no privó la buena bienvenida que recibió del pueblo, quienes lo alabaron y manifestaron su desacuerdo contra la postura política de Porfirio Díaz por la intervención estadounidense en el país natal del poeta, Nicaragua. En su autobiografía, escribe al respecto: “Por primera vez, después de treinta y tres años de dominio absoluto, se apedreó la casa del viejo cesáreo que había inspirado. Y allí se vio, se puede decir, el primer relámpago de una revolución que trajera del destronamiento”. No sólo entabló una relación con México por su extraordinaria labor literaria, también habló con su gente y escribió sobre ellos. Darío nunca visitó Ciudad Juárez, pero en uno de sus cuentos, “Huitzilopoxtli (Leyenda mexicana)”, el autor, a través de la ficción, se acercó a la frontera. Entre la realidad y lo fantástico configura un espacio mítico desde donde habla sobre la ontología del mexicano a raíz del pasado prehispánico y la Revolución. El autor también escribió novela, cuento, autobiografía, crónica y un gran número de artículos periodísticos. Sin duda, su género predilecto fue el lírico. Algunas características de la poesía del “Príncipe de las letras castellanas” son la importancia del ritmo, el uso de un léxico exótico y refinado, la presencia de figuras retoricas (principalmente la sinestesia), el interés de efectos cromáticos y la recurrencia simbólica del cisne y el color azul, primordialmente. Estos elementos abrirían paso al primer movimiento literario inaugurado en el nuevo mundo. Rubén Darío nació en un país pequeño sin saber que su nombre recorrería toda Hispanoamérica.

“El cantor va por todo el mundo / sonriente o meditabundo”. Los primeros dos versos del breve pero exquisito poema “El canto errante” de Darío ya nos someten a una aventura casi de carácter biográfico. El nicaragüense tal su caballero errante no tuvo límites geográficos: visitó El Salvador, Chile, Perú, Argentina, Costa Rica, Guatemala, México, España, Francia, etc. Y los lugares que no pudo conocer personalmente los conocieron sus versos. Una de las características principales de este poema es la musicalidad: elemento donde reside toda la fuerza. En él se deja ver dos aspectos primordiales de su poesía: lo clásico y lo moderno. Utiliza verso eneasílabo, uno de uso poco frecuente en el español que generalmente se usaba en las canciones de tradición oral. Eso nos remite al título y naturaleza del escrito: un canto. Se reconoce de inmediato por la sonoridad continúa de dos versos pareados con rima consonante. Junto con la poesía, en la edición a cargo de la editorial chilena Amanuta, la imagen complementa fielmente la odisea que Darío va recitando. Las ilustraciones a mano de Eleonora Arroyo abren el fluir imaginativo a través de una gama de colores y el dibujo de paisajes que en complemento con el texto revelan los aspectos centrales del poema: la representación de la biodiversidad y multiculturalidad junto con la travesía del juglar. Se asocian características identitarias de cada espacio por donde transcurre el viaje: los elefantes de la India, el traje tradicional de China, las góndolas de Venecia, los trenes de Londres, los asnos de Jerusalén; así como la descripción de diferentes ecosistemas: el desierto, la selva, la estepa, la pradera. Finalmente describe al cantor como alguien que, sencillamente, va por la humanidad dando armonía y eternidad: la poesía.

Darío no sólo llegó a Juárez con su literatura, también se quedó aquí. Probablemente a los transeúntes poco les importe quién es o qué hizo tal personaje que nominó la calle y, sin embargo, pueden tener más en común con el poeta de lo que imaginan. ¿Cómo podríamos enlazar al magnánimo Rubén Darío con una colonia juarense que en algún momento estuvo hasta al sur de la ciudad y donde apenas algunas calles tiene pavimento y alumbrado público? Darío no nació en cuna de oro. Su padre fue alcohólico y eso desequilibró la relación familiar que entre peleas y reconciliaciones terminó por disolverse. Luego su madre conoció a otro hombre y se trasladó a Honduras. Por tal razón, vivió su infancia con sus tíos abuelos a quienes consideraba como sus verdaderos padres; con los biológicos poco contacto tuvo. Su infancia bien podría asemejarse a una familia juarense donde por una u otra circunstancia de marginalización está ausente el padre, la madre o ambos.

25 Calle Rubén Darío.jpg

El vínculo con este espacio se intensifica con su calle contigua: Amado Nervo. La relación entre estos poetas ha sido discutida en los últimos años por unos manuscritos desconocidos (unas cartas) acogidos por la Arizona State University. Ocho cartas tienen fecha del 2 de septiembre al 15 de octubre de 1908 enviadas desde Madrid y la novena carta está fechada del 12 de enero de 1915 desde Nueva York. La más interesante es esta última. En ella Darío habla sobre un poema que le dedica al mexicano, “Ah! Recuerda”, como tributo del amor y la pasión que los unía. Continúa: “Aunque todo esto sea secreto por aquello del qué dirán, pues tú tienes a tu esposa e hijos al igual yo, [¿por?] nuestras preferencias y [¿gustos?] secretos que [¿ricamente?] hemos compartido hasta la sa[-]ciedad. Y es que así debe quedar para ambos, pues si se sabe lo antes referido-dejaría de ser secreto y perdería. . . [cambia de página] todo el encanto y lo especial que nos une como amantes silenciosos y por aquello de aclaración particular.” Aquí se pueden leer las nueve cartas y la investigación de Alberto Acereda. En una primera impresión pareciese que la imagen de esta calle no tiene nada que ver con el nicaragüense, sin embargo, a un par de pasos más se conectan dos momentos de la vida del poeta: el seno familiar y un amor transgresor.

Aldair Meza

El innombrable en la Juárez

Etiquetas

,

La Biblia de Gaspar, novela “policial-metafísica”, constituye la tercera obra del escritor juarense Rubén Moreno Valenzuela, editada por la editorial Ranchos las Voces a inicios del 2012, posterior a las colecciones de relatos Río Bravo blues (2003) y Coyote viejo coyote (2009), y previa a su cuentario D, publicado hace apenas unos meses. El autor se define como creador de una narrativa fantástica y negra que surge, posiblemente, de un trabajo tanto etnográfico por las calles de la frontera como teológico a través de controversias y debates entre católicos y protestantes. La trama de esta peculiar novela gira en torno a la búsqueda realizada por el detective privado Dimitros Papadakis en la década de los 90’s, contratado para rastrear al teólogo luterano Kaspar Edelweiss, de quien sabemos fue ubicado por última vez en una colonia popular de Ciudad Juárez. Estructuralmente, la narración se entreteje a partir de la (re)escritura de su propia versión de La Biblia, la cual coincide con las acciones retratadas, a manera de aviso o paráfrasis, o aluden a los motivos que orillaron al teólogo alemán a salir de su congregación, por lo que “se ha convertido en un heroinómano, alcohólico, padrote y estafador” que “Vive con sus tres «ovejas» (Shita, Daisy y Sofía)”, después de anunciársele que tendrá un “un encuentro con el Diablo en la avenida Juárez”. ¿Dónde más? Sodoma o Ciudad Juárez, como lo llama el reverendo Kaspar, se vuelve el espacio donde el ente malévolo y tentador se personifica, donde fragua avistamientos de su presencia en varias cantinas, salones de baile y lugares donde se hallan individuos malditos o a los que se les ha negado el acceso al paraíso en vida y muerte. “Sólo algunos serían elegidos por Dios y yo no era uno de ellos”, nos confiesa el protagonista momentos previos a la revelación: “Sentía que yo sólo obtendría la salvación mediante mi libre albedrío y admitirlo equivalía a abjurar de las doctrinas de mi iglesia. […] Mi vida fue entonces un naufragio. Ya nada tenía importancia. Hacer el mal o hacer el bien es lo mismo. Sólo me resta esperar el infierno de mi maldición”.

189 Moreno - Biblia Gaspar.jpg

Lee aquí la novela

“Mire, para llegar a Juárez basta cruzar el río Bravo. Las autoridades mexicanas no le solicitan a uno identificación para entrar a la ciudad. Así que es muy fácil residir ahí y perderse entre el millón y medio de sus habitantes, muchos de ellos procedentes de lugares inimaginables”. Uno de ellos, el innombrable, posee la capacidad de transformar los espacios que habita, aunque sea de forma efímera, y cambiar de rostro para encarnar el mayor temor de cada uno, es decir, el yo interior. Sus distintas caras se dan a conocer en lugares malditos por las acciones ocurridas en ellos y por las personas que los frecuentan; de modo que, por ejemplo, en el Curley’s y en el Hotel Río, se manifiesta como un hombre corpulento con bigotes gruesos, retorcidos y mirada rojiza, similar a la misma atmósfera del club; o como el incentivo para que una joven mujer en su habitación sea arrastrada hacia el suicidio por una sobredosis. La emblemática avenida Juárez se transforma en montículos de arena para probar la lealtad y tentar a sus seguidores hacia el propio abandono, a que se unan a él. Kaspar escribe en su octavo y último libro, a manera de premonición: “Y aquellos hombres (vosotros) entrarán a mi aposento, y hallarán este cuaderno y leerán estas palabras. Y después no podrán encontrarme, jamás; Porque de mí sólo quedará este Verbo”.

189 Hotel Rio.jpg

Más adelante, las acciones de La Biblia de Gaspar se trasladan al salón de baile el Carrusel, en donde ocurre uno de los relatos más famosos de las ciudades norteñas, y que constata las múltiples facetas de satanás: “Cierta noche de sábado una pareja que bailaba levitó sobre la pista. La joven vio horrorizada que su compañero tenía una pata de chivo y otra de gallina. Lava en los ojos. El diablo se esfumó. Azufre, hedor flotando en la atmósfera. Sus manos quedaron marcadas en la cintura de la joven. Piel quemada Huellas de su estancia en la frontera”. Esta narración, al igual que la creencia en fuerzas sobrenaturales con incidencia en nuestra vida cotidiana, forma parte de una sociedad que disfruta de los espacios de recreación, así como de leyendas y casos sin resolver que alimentan la imagen de una ciudad que devora, una frontera donde parece normal desaparecer. También es frecuente que declaraciones y pesquisas sean las únicas huellas de la existencia de mujeres, niños y hombres que se ausentan de forma indefinida. El escritor Rubén Moreno Valenzuela parte de esta aura de revelaciones y misterios para ubicarlos en numerosos bares (El Arbolito, Club La Unión, Lux, el Paraíso, Virginia’s, Kentucky Club, El Recreo, entre otros) y prostíbulos de un centro histórico, con su avenida principal, caracterizada por alojar recuerdos de otros tiempos, épocas y cosmogonías. En la Juárez coinciden condenados, excomulgados y malditos destinados a encontrarse consigo mismos, a contemplarse tristemente, en la muerte de una ciudad desamparada por los dioses.

189 Avenida Juárez 90s.jpg.jpg

Diana Varela

Un presidente en Calles

Francisco Plutarco Elías Campuzano, mejor conocido como Plutarco Elías Calles, nació en Guaymas, Sonora, el 25 de septiembre de 1877. Fue político, militar y llegó a ocupar el cargo de presidente de México durante cuatro años, de 1924 a 1928. En el punto más alto de su carrera, fue llamado el “Jefe Máximo de la Revolución”. A consecuencia de la ausencia de sus padres, quedó a cargo de sus tíos maternos a los tres años de edad. En 1912, formó parte de las fuerzas revolucionarias para enfrentar a Pascual Orozco durante el gobierno de Madero. Estuvo bajo el mando de Carranza y Obregón. Ocupó varios cargos políticos, entre ellos el de Secretario de Gobernación, de Educación y de Guerra y Marina. En 1929, después de su periodo como presidente de la República, creó, junto a militares y caudillos de la Revolución, el Partido Nacional Revolucionario, antecesor del PRI. Durante su mandato, ocurrió la Guerra Cristera, que llegaría a su término también en el 29. Calles fue expulsado del país por Lázaro Cárdenas, por lo que fijó su residencia en San Diego, California. Hasta que concluyó la presidencia de Manuel Ávila Camacho, se le permitió regresar a su país, donde murió el 19 de octubre de 1945.24 Inclan PE Calles.jpg

El atentado, obra teatral de la etapa de Jorge Ibargüengoitia como dramaturgo, fue escrita entre 1958 y 1962. Según lo dicho por el mismo autor, se considera un texto cómico que aborda las circunstancias y el momento del asesinato de Álvaro Obregón, presidente electo de México. La obra ganó el Premio Casa de las Américas en 1962. El atentado ha sido montada en, por lo menos, tres ocasiones: en 1975 por Felio Elieil; un año después por Juan José Gurrola; y en 1984 durante el Festival Internacional Cervantino por Rogelio Luévano. La crítica la señala como poseedora de libertad y un humor perfectamente situado en la circunstancia histórica que muestra: 1928, durante el conflicto entre Iglesia y Estado. Dividida en tres actos, la pieza presenta a varios personajes, entre los cuales se encuentra una decena con nombre propio y otros genéricos que cambian de vestuario para representar a periodistas, diputados y miembros de la Secreta. Uno de los caracteres destacados es Vidal Sánchez, con el cual se hace referencia a Plutarco Elías Calles y sus acciones antes, durante y después de ejecutarse el asesinato de Obregón. Ibargüengoitia, preocupado por el montaje y dirección escénica, señala en acotaciones la presencia de proyecciones de trenes y fotografías que ayudarán al espectador a introducirse en ambiente y época. El atentado fue la última obra de teatro escrita por este autor; con ella cerró su ciclo dramático y dio paso al novelístico, en el que produciría Los relámpagos de agosto, que también aborda el tema político.

En Ciudad Juárez, la avenida Plutarco Elías Calles va del boulevard Óscar Flores hasta la avenida Heroico Colegio Militar. Es una calle bastante transitada, ya que conecta dos puntos distantes de la urbe y se puede recorrer en carro de manera relativamente rápida. En forma paralela, y por casi la misma distancia recorrida, pero en sentido contrario, la avenida es acompañada por la Adolfo López Mateos, que lleva el nombre de otro presidente de la República afiliado al PRI. Durante el trayecto que ocupa la Plutarco, cruza la avenida Paseo Triunfo de la República, la Vicente Guerrero, Insurgentes y la Ejército Nacional, entre otras. La ubicación y el nombre de esta calle conectan al personaje histórico con elementos concernientes a su vida: el ejército y la Revolución. También, como si su biografía se contara al atravesar cada una de las calles por las que pasa, tiene un punto de encuentro con la Parroquia Natividad del Señor y el Colegio Teresiano, recordando su influencia y acción durante la Guerra Cristera. Al caminar, o conducir, por esta avenida se puede tener acceso a múltiples lugares como la Rectoría de la UACJ, salones de eventos sociales, tiendas de autoservicio, farmacias y demás. Por la altura de una famosa fotocopiadora, una puede echar un buen vistazo al cauce de la acequia madre. Todo lo anterior recuerda, de una u otra manera, que el “Jefe Máximo de la Revolución” siempre quería tener influencia en todo (otras administraciones presidenciales, cargos políticos) y, aquí, en Juárez, se le dio gusto: la calle que lleva su nombre es una vía principal de esta frontera.

24 Acequia Plutarco.jpg

Fernanda Villalobos Ocón

Una balada para Juaritos

Etiquetas

,

César Silva Márquez (Ciudad Juárez, 1974) publicó su última novela, La balada de los arcos dorados, en la Editorial Almadia; la cual trata la historia del periodista Luis Kuriaky, quien debe lidiar con su adicción a la cocaína al mismo tiempo que se ve envuelto, de manera personal, en los homicidios que trata de resolver. Mientras la policía y el reportero investigan los crímenes, la prensa crea varias hipótesis de los posibles responsables, que incluyen zombis, vampiros y héroes justicieros. El texto no ha sido abordado por la academia de manera formal, pero en ciertos programas académicos de la Licenciatura en Literatura y la Maestría de Estudios Literarios de la UACJ, la ubican en el género de Literatura del Norte y, posiblemente, en el subgénero de la novela negra.

Cesar Silva

En La balada de los arcos dorados, la ciudad subyace como personaje secundario, ya que interactúa con los protagonistas de una manera menos macabra y violenta; se deja recorrer y canta las canciones que salen en la radio, come comida chatarra y baila baladas pegaditas con sus habitantes. Al igual que en la Edad Media se empleó este género musical para contar hazañas y aventuras de los héroes de la época; por ello, César Silva narra la historia de un periodista, el cual, por el simple hecho de ejercer su profesión, se convierte en una especie de héroe moderno.  Sin embargo, lo mismo que si se tratara de una “balada moderna”, también encontramos la dialéctica del amor y  el desamor en una danza casi imperceptible entre la vida y la muerte, siempre en romance; hay un baile entre los fantasmas del pasado y el presente que se mueven al compás de una tonada triste. De igual forma, aparece una danza melancólica entre la realidad y la ficción, en la que ambas bailan tan pegaditas que llegan a confundir al espectador y por un momento no sabemos cuál es cuál.

Silva esboza un pequeño homenaje a la cultura pop, esa cultura moderna de consumo que permite que sus productos se vuelvan ídolos de una sociedad ávida de ser rescatada de las garras oscuras de la realidad.  Así, Juárez se convierte en una suerte de Ciudad Gótica, donde sus más valientes habitantes juegan el papel de héroes nocturnos que, como el hombre murciélago, se encuentran dispuestos a vengarse de aquellos que los han dañado.  Los personajes de esta balada, el detective, la muchacha (porque siempre debe haber una en las historias) y el mismo periodista, sustituyen a esos sujetos con capa que combaten el mal; cada uno desde su trinchera, camuflajeados de tal forma que puedan confundirse con vampiros, zombis o tigres.188 McDonalds-Triunfo.png

Mientras César Silva narra las historias de esos vengadores  de carne y hueso que actúan desde las sombras y que comen hamburguesas de McDonald´s,  al mismo tiempo lleva al lector de paseo por las calles de Juaritos. Una ciudad convertida en un emblema de polis violenta y que engrosará, si no es que ya lo hace, la lista iconográfica contracultural de occidente, como  la  caída de las torres gemelas o la muerte de Sharon Tate a manos de Charles Manson, sucesos que, dicho sea de paso, son mencionadas en esta baladita.  En ese ride que Cesar ofrece, uno pasea por los lugares imprescindibles de la vida nocturna. De esta manera,  el Bar 15 con sus afiches de encueratrices, el Recreo y su Don Tony, el Bar Kentuky e incluso el Yankees parecen ser ya personajes urbanos en las novelas, cuentos o charras que se han escrito sobre esta frontera. La balada de los arcos dorados, en su homenaje oculto al pop, no pudo dejarlos pasar de largo y hacerlos parte de una lugar donde de pronto y de la nada pueden aparecer vampiros, zombies o ejecutados. Como música de fondo, para ambientar ese paseíto y para no desentonar en lo pop, se antoja que Frank Sinatra cante “Strangers in the night” o que Javier Solís entone “Sombras nada más”.

Patricia Arellano

Columna sin sur

Nacido en Ciudad Juárez el 6 de octubre del 1962, Miguel Ángel Chávez Díaz de León es un escritor y periodista que egresó como Licenciado en Comunicación de la UACJ. En cuanto al ámbito de la literatura, es un escritor mayormente inclinado a la poesía de verso libre, la cual, en algunos casos, pareciera que se trata de una nota periodística con forma distinta a la tradicional. Como periodista, en el 2008 ganó el Premio Nacional de Periodismo de México por su crónica “El dulce encanto de mi embolia”. Entre algunas de sus publicaciones se encuentran En este rincón duerme la duquesa (1984), Este lugar sin sur (1987), Vhala blues para saxofones (1989), Los ángeles también van de cacería (2005) y Poemas incompletos de libros inconclusos (2009). Sus versos libres poseen tintes de romance, comedia, rutina venida a menos y erotismo, por lo que se ha hecho acreedor del Premio Binacional de Poesía Frontera-Ford Pellicer Frost (2000) y de una mención honorífica en el Premio Chihuahua, 1999. El poemario Este lugar sin sur se divide en cinco apartados y, aunque el primero de ellos carece de título, comienza con un poema que funciona como introducción para todo el libro.

Dentro de algunos de los poemas de Este lugar sin sur aparecen imágenes descritas al estilo periodístico, como se si tratase de una nota informativa que tuvo lugar en ciertos puntos de la ciudad como la Avenida Juárez, la 16 de septiembre y las calles López Velarde y Mina. “Norte”, al ser el primero de los poemas en aparecer, es el encargado de otorgarle una orientación al lector sobre la temática que desarrollarán gran parte de los versos posteriores. La cotidianeidad de las personas es uno de los cuadros más representativos al que alude la voz poética: el hombre de la casa como encargado de sustentar a una familia, una mujer deseosa de una muestra de cariño y una vacía vida nocturna que solo sirve para borrar malos recuerdos de la memoria; incluso, utiliza aquella tradición de la cabalgata que año con año se realiza a lo largo del estado de Chihuahua. Sin embargo, la temática no prevalece en su totalidad dentro de Juárez, pues también acude a temáticas universales como el amor y la muerte: “Siete trabajos de Romeo para olvidar una Julieta muy ardiente”, “Pesada carga es este amor” e “Historia de un pájaro de cuenta” son algunos de los poemas que se desenvuelven fuera del contexto fronterizo, lo cual no implica que, en ciertos casos, el yo lírico no utilice expresiones típicas de nuestra ciudad en los ochentas. Versos libres, quebrados y sin puntuación fungen como los recursos a los que Miguel Ángel acude en la configuración de un poemario, que podría resultar ajeno para quienes no habiten estas latitudes o a quienes hayan nacido en los últimos 25 años, pero que brinda un norte asible a través del cual se puede seguir un rumbo.

14 Literatura norte.jpg

Se trata más bien de un ambiente íntimo, rutinario, de costumbre forjando tradición, pensamiento individual y no de una situación fronteriza como la que conocemos hoy: emigración internacional masiva, abusos, violaciones y baja economía. Así que, como tal, Este lugar sin sur puede ser usado hasta cierto punto como una columna periodística que le permite al lector acercarse a una Ciudad Juárez ochentera donde, si bien las mismas problemáticas de hoy ya existían, no eran expuestas de una manera tan amarillista como ahora. No obstante, si quien lee se mantiene en una postura objetiva, podrá darse cuenta de que algunas prácticas o situaciones mencionadas en el libro siguen teniendo presencia, aunque ahora en otros puntos geográficos, con una cultura diferente del blues y el saxofón. Aunque durante un tiempo prolongado, hubo una gran cantidad de escritores versolibristas y bohemios en las calles y cantinas juarenses, Miguel Ángel Chávez Díaz de León, puede ser considerado, por lo menos por este poemario, como uno de los más sobresalientes gracias a su habilidad como cronista sumada a la sensibilidad norteña de poeta.

14 Nota 1982.jpg

Tomás Saucedo Baca

Frontera camaleón

Etiquetas

,

Hay un desierto sin dueño con una malla que divide, en un punto de espacio y tiempo sin razón. El cerco es ancho y alto. Con sencillez podríamos llamarle “muro impenetrable”. No lo atraviesan personas, ni ideas, discursos, reclamos, quejas, historias o vidas perdidas en un sueño casi imposible. Lo único que consigue traspasar esta barrera son, por un lado, sentimientos de orgullo, superioridad y, por otro, de anhelo. Porque podemos, desde distintos medios artísticos, lograr que ese muro tenga una falla, un hueco, una ruptura que lo franquea por completo. Ambos lados se llenan de historias, personas, ideas y discursos. Me refiero a una incisiva mirada escrita que, en esta ocasión, corresponde a Memorias de un Camaleón (2013), de Miguel de la Cruz, un ingeniero en Computación, estudiante a su vez de Literatura Hispanoamericana. Desde la primera historia, llamada “Fronteras”, hasta la última, “Ciudad-panteón”, el autor te toma de la mano para llevarte de paseo a conocer a personajes, fruto de culturas y vivencias singulares, que deambulan entre el día a día en ambos lados del charco. Nos acercamos aquí a una serie de micro ficciones que aparecen como golpes de sorpresa y cierto sentimiento de que resguardan algo más que la palabra escrita. Abordar toda clase de personajes mantiene al lector al borde del renglón para terminar cada párrafo, cada historia.

El tema común de estas microficciones es la migración y sus participantes entre dos extremos. Miguel de la Cruz pinta este suceso de múltiples maneras, algunas más ingeniosas que otras, y acaban —en su mayoría— con tintes efímeros e inocentes. El autor se da el lujo de pasear por la frontera, cruzarla imaginando y describiendo personajes que aparecen y desaparecen en esta ciudad. Tal es el caso del tan recordado Güero Mustang. Cada trama y personaje aderezan a lo largo del transcurso de los micro relatos que componen este libro, de los cuales, no importa el orden de lectura, siempre el desenlace te llevará al mismo sitio: la frontera y sus alrededores. Algunos relatos hacen reír, como “Remedio”; otros te dejan un extraño sabor de boca: “Desaparecido”; algunos mueven hacia las lágrimas, como “Esa Madrugada”; pero todos te dejan un pensamiento distinto. Cada renglón te arroja a las calles del confín, y a entrever figuras que, queramos o no, los conocemos de algún modo, ya sea de vista o porque hemos tratado con seres semejantes en nuestra realidad. Ciudad Juárez no protagoniza las historias, sino sus poblados, sucesos y habitantes. A estos elementos hay que añadir la sensación de encontrarse del lado mexicano y permanecer como un espectador más, gracias a que el muro impenetrable es traslúcido y deja ver todo lo que ocurre del otro lado.

187 La migra.jpg

Juárez, nuestra frontera, nuestro sitio, es un camaleón. Las cosas se vuelven seres y estos, a su vez, se cosifican. Nos encontramos sitiados en un lugar al cual centenares de personas llegan en busca de sentirse cada vez más libres. En la frontera hallamos el principio de un sueño hacia la libertad. Es un espacio infinito, un lugar sobrenatural lleno de misterios, de historias, de memorias de un camaleón que pasa inadvertido entre numerosos aconteceres. Muchos le han dedicado tanto a ese objetivo: cuántas vidas se han sacrificado, perdido y arrebatado. Si el precio de la ciudad se midiera en sangre, nuestra frontera habría sobrexcedido el pago, por más que detrás corra el consuelo de una tranquilidad en un lugar utópico. En las colindancias de Juárez y El Paso abunda el miedo y la incertidumbre provocada por ideales de superioridad racial. El desierto se mancha de derrotas que son fácilmente borradas con el próximo soplido del viento. Algunas pesadillas se plasman en Memorias de un camaleón, libro que asume una conciencia norteña y, a cada página, genera un fortalecimiento de identidad. Todos somos uno en la frontera. También soñamos de este lado.

187 Acción poética soñamos.jpg

Carlos Andrés Nuñez Varela

La infancia a DIARIO

Etiquetas

,

Julia asiste a la primaria en donde sus compañeras se burlan porque los diarios han pasado de moda: “eso es de viejitas o de señoras aburridas”. A ella poco le importa; escribe porque sí, bajo un solo pacto: “Yo, aquí en este diario, voy a decir la verdad y me voy a oponer a ella. He / di / cho.” A veces solo espera que se acabe la jornada para que, al caer la noche, anote lo acontecido. Pero a veces hay días sin interés, así que cuando abre el diario “creo que no hay de qué escribir y termino escribiendo más que nunca. Es que hay historias que no se planean, salen nomás, salen de tus dedos con energía de rayo y de pronto no puedes parar de escribir. Es como si alguien te dictara párrafos enteros de tu vida y tu escribequetescribe”. La historia contenida en la novela Todo eso es yo, en cambio, se encuentra bien meditada y apunta hacia diferentes niveles o instancias de tránsito: de la infancia a la adolescencia, en el caso de la protagonista, quien pregunta, duda, revienta de coraje, se encierra y experimenta el despertar sexual; de la convivencia en las calles, junto con los vecinos en la cuadra, al temor ciudadano en el que se sumergió (sumergieron) Ciudad Juárez hace apenas unos años; de la inocencia al pánico de heredar cierta dosis de maldad; de la residencia sin sobresaltos en este lado al refugio que algunos juarenses –solo unos pocos– hallaron en El Paso, lugar en donde termina la narración urdida por la escritora sonorense Sylvia Aguilar Zéleny.

Todo eso es yo recibió el Premio Nacional de Novela 2014, otorgado por el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes. En los prolegómenos, la autora, actual residente del otro lado de la frontera, en El Paso, agradece el apoyo del programa Creadores con Trayectoria otorgado por la Secretaría de Cultura Federal y el Instituto Sonorense de Cultura para poder escribir el texto. La lectura que más me convence y que le da sentido al libro entero es aquella que ubica al propio ejercicio creativo –es decir, a la redacción palabra tras palabra de un discurso que se dirige, en segunda persona, al “Querido diario”– en la médula de la composición literaria. Me parece que, en un contexto de exacerbada violencia, en donde la fatalidad se apila en nuestras calles, lo menos que uno puede hacer es cuestionarse sobre el alcance, respuesta y beneficio de lo que sea que uno haga… empleo, oficio u ocio. A esta simple labor, los narradores de Ciudad Juárez han suscrito novelas de alta complejidad, experimentales, no lineales ni en pos de una fábula secuenciada. Siembra de nubes de Oswaldo Zavala (2011), Los días y el polvo de Diego Ordaz (2011), Garabato de Willibaldo Delgadillo (2014) y El monstruo mundo de Azucena Hernández (2017) han hecho de la escritura –lo metaficcional– un pilar en sus composiciones, dudando de ella, poniéndola en crisis a la par de una realidad que se desmorona. Al inicio del tercer y último capítulo de Todo eso es yo, Julia ha extraviado su diario. “Un año entero perdido. Un año entero en páginas a la basura.” Su madre pensó que era peligroso, algún tipo de evidencia. “Y ahora empiezo esta libreta. Iba a escribirlo todo otra vez, todo lo que pasó. Lo de la colonia, lo de las elecciones [las del 2006]. Lo de Papá, claro, lo de Papá. Pero no tiene caso. No quiero volver a vivirlo. Porque escribir es volver a vivir, o eso decía mi maestra de quinto.”

186 AguilarZeleny.png

La novela corta también explora otros temas y técnicas, recurrentes en la prosa de Aguilar Zéleny, a partir del contacto entre la protagonista y su núcleo familiar y escolar. En la edición física, publicada por el gobierno de Tamaulipas a mediados de 2016, la tipografía se complementa con elementos gráficos –rayones, dibujos, una carta de tarot (la de la estrella) y hasta una fotografía– que ilustran con humor y frescura ciertos pasajes. Por otra parte, los personajes femeninos encarnan obsesiones y padecimientos: la mamá secunda a su marido, vive para él y le duele tanto lo ocurrido que se desentiende de sus hijos; la tía acalla y disimula, es buena con los suyos, pero su práctica del catolicismo coquetea con el fanatismo; la Bis pierde la memoria, sus capacidades disminuyen, día con día parece más una niña, al contrario de su bisnieta que no para de crecer, captar e interpelar a su enmarañado entorno: “¿Qué les hacen a las Muertas de Juárez para que queden sólo sus osamentas?” La relación con su hermano menor es entrañable; aunque ambos sienten miedo, ella no lo exterioriza. “No le digo nada. Acaricio la espalda de Willy y lo acomodo en mis brazos. A veces creo que yo soy su mamá.” La atracción por el mundo masculino queda bien reflejada a través de distintos personajes que le provocan inquietud y deseo: Pedro (amigo de la familia), el primo Jonas y Barry, el chico cool de Wiggs Middle School. La otra figura varonil es el padre de Julia, de quien se sabe poco e imaginamos mucho: “Mi Papá es un fantasma. Un fantasma que flota en la vida de mi Mamá. En la mía. En la de Willy.”

186 Casas abandonadas.jpg

Ciudad Juárez agoniza en Todo eso es yo, novela de crecimiento o iniciación que vapulea la infancia de una pequeña que lo va perdiendo todo. Aunque su campo de acción es, ciertamente limitado, ya que ocupa el interior de la casa y los espacios escolares, estos aparecen asediados por una fuerza exterior, similar a una bala perdida que silencia cualquier pulsión. Cuando su maestra fallece, “Nos dijeron como en todos lados dicen cuando matan a alguien: se murió. Sólo eso, se murió. En el frente de la escuela pusieron un gran moño negro, la verdad es que en muchos lugares de la ciudad hay moños negros, ¿quién hará esos moños negros? qué negociazo ha de ser.” De un día para otro los vecinos desaparecieron, no hicieron mudanza. “Ni pío hicieron”. Hasta dejaron al Califas, el gato que pronto se convirtió en la nueva mascota de Willy y Julia, hasta que ellos también tuvieron que dejarlo todo.

186 Califas.jpgUrani Montiel

De los cimientos a nuestros días

Etiquetas

,

Ignacio Esparza Marín no nació en Ciudad Juárez; sin embargo, desde su llegada en los años treinta, sintió un gran cariño y afecto por la frontera, por la manera hospitalaria en que fue recibido, la misma historia biográfica de muchas personas que llegan en busca de mejores oportunidades y ya no regresan a su lugar de origen. Juaritos adopta con premura. Así lo narra el autor en el “Preámbulo”. La Monografía histórica de Ciudad Juárez, publicada por la imprenta Lux, ubicada en la Calzada Hermanos Escobar y Honduras, se conforma por dos tomos; el primero, del que aquí me ocupo, apareció en 1986; y el segundo, cinco años después. Esparza Marín, cronista de la ciudad, nos invita a conocer la raíces de Juárez, todos aquellos sucesos históricos que le llevaron a ser el espacio que habitamos en la actualidad.185 Imprenta Lux Escobar.jpg

En orden cronológico, relata la vida de los primeros moradores, indígenas nómadas de los que resulta difícil rastrear las huellas de su cultura; las primeras expediciones de conquista que se realizaron por el área septentrional de la Nueva España, dirigidas por Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Juan de Oñate, Antonio de Espejo, entre algunos otros; así como el establecimiento de los primeros asentamientos en El Paso del Norte; la presencia del presidente Benito Juárez y su gabinete en 1865; y distintos sucesos relacionados con la Revolución mexicana. Así que el lector podrá localizar en la Monografía información sobre temas diversos: conquista, evangelización, rebeliones de los indios-pueblo, minería (fiebre del oro), ferrocarril, costumbres antiguas, servicios públicos como transporte, electrificación y teléfonos, la depresión económica y varios datos de amplia valía para el acervo histórico de la ciudad.

El centro de la ciudad (y también sus alrededores) es un lugar en el que encontramos vestigios de la historia, como el monumento a Benito Juárez, considerado una joya arquitectónica que data del año 1910, o la Misión de Guadalupe, fundada en 1659 por Fray García de San Francisco. El historiador también nos cuenta los problemas que hubo en Estados Unidos a causa de los irreprimibles deseos de nuestros vecinos que iban más allá de los límites morales, acudiendo a cantinas, casas de juego clandestinas y de asignación. La prohibición en Estados Unidos causó que todas esas actividades se movieran a este lado de la frontera. Así es como empezó a ganar popularidad la avenida Juárez y parte de la 16 de Septiembre, destacando lugares como el cabaret La linterna verde, el Kentucky Bar o el Keno, casa de juego ubicada en la Lerdo. Otro de los espacios que menciona la Monografía es El Chamizal, el cual fue causa de una nutrida controversia entre ambas naciones pues no acordaban a quién pertenecía este territorio, debido a las frecuentes crecientes del Río Bravo, frontera natural y antes movediza. Fue el mismo Benito Juárez quien tomó la iniciativa de reclamar esas tierras, concedidas a México hasta junio de 1962. Actualmente El Chami es el lugar de encuentro de muchas familias, quienes aprovechan los parques para organizar reuniones o festejar algún cumpleaños. El exhipódromo, nos cuenta Esparza Marín, cerró a causa de una orden del Gobierno Federal, que prohibía establecimientos que estuvieran relacionados con las apuestas. El mercado Cuauhtémoc, por su parte, tuvo gran dinámica en la depresión americana pues se vendían artículos de alfarería para los turistas estadounidenses.185 Bazar del Monu.jpg

Actualmente, la plaza Benito Juárez es un espacio que ha sido aprovechado por los ciudadanos como punto de reunión de diferentes expresiones culturales a través de eventos que se realizan cada fin de semana. “La primera piedra fue colocada a la cinco de la tarde del día 15 de octubre de 1909, por el General Porfirio Díaz, quien había llegado a esta población para tener una entrevista con el entonces presidente de los Estados Unidos, Mr. William H. Taft.” El Bazar del Monu es conocido por ofrecer, todos los domingos, artículos de diferente índole que tienen algún significado histórico, desde libros, discos, pinturas, artesanías, etc. La historia de Ciudad Juárez ha sobrevivido a pesar de los malos tiempos, nos da identidad y nos recuerda cómo es que surgió todo lo que conocemos hoy en día. Al caminar por las calles del centro o entrar en un bar siempre encontraremos personas dispuestas a contarnos la historia de aquellos lugares. A pesar del paso de los años (y de los incidentes que han ocurrido en su interior), el mercado Cuauhtémoc, ubicado en el cruce de las calles Vicente Guerrero y Mariscal, sigue en funcionamiento ofreciendo a sus clientes una variedad de productos herbolarios, artesanales, ropa, discos pirata, etc. Muchos de los que vivimos en esta frontera hemos comprado algún platillo en los puestos de comida. Gracias a estos espacios es posible conservar la memoria de tiempos lejanos en los que se establecieron los cimientos de la ciudad.

Daniel Malaquías