El (re)corrido de Dante

Etiquetas

,

Eduardo González Viaña es un escritor, periodista y catedrático de origen peruano, defensor de los derechos del migrante hispano en Estados Unidos. El corrido de Dante ha sido galardonada con el premio latino internacional 2007 de EE. UU. La novela relata la historia de Dante Celestino, un migrante de origen mexicano que vive con su hija Emma en un pequeño pueblo del estado de Oregón llamado Mount Angel. Luego de la muerte de su esposa, Dante se tornará un padre insoportablemente sobreprotector con su hija, hasta que ella decide escapar de su lado durante su fiesta de quince años con un grupo de jóvenes que, sobre sus motocicletas, irrumpen durante la celebración tan extravagante que su padre ha organizado. Dante está decidido a recuperar a su hija, de modo que emprende una búsqueda incansable al lado de su burro Virgilio con quien viajará por gran parte de los Estados Unidos, y se encontrará con una serie de curiosos personajes, de los cuales algunos lo ayudan en su misión, y otros lo intentan desviar. Estos curiosos encuentros reflejarán en un nivel didáctico la realidad del modus vivendi de los migrantes hispanos en un territorio que no siempre los acepta.

Los protagonistas de la novela recorren una inmensa cantidad de espacios a lo largo del país americano, de Oregón hasta Las Vegas y más arriba; sin embargo, la geografía mexicana también aparece a través de los recuerdos de Dante. Él mismo relata los trágicos y difíciles momentos que vivió para lograr cruzar por primera vez la frontera, así como el rudo trayecto que anduvo desde su natal Michoacán hasta El Paso. Aunque estos momentos en los que el lector se introduce en la memoria de Dante son esporádicos y aleatorios, dejan una clara idea de los distintos paisajes por donde el personaje ha pasado. El contexto que más sobresale abarca las calles y barrios de Estados Unidos; por ello, los puntos destacables de la obra de Gonzales Viña son la descripción del ambiente entre las altas y las bajas clases económicas del país, las constantes luchas y desacuerdos generacionales y las distintas ideas culturales que convergen dentro de un solo lugar.

160 Cimi Alvarado Familia.jpeg

Ahora bien, ¿cómo se relaciona el espacio de Ciudad Juárez con la historia de El corrido de Dante? La respuesta resulta bastante sencilla, pues esta frontera siempre ha sido un lugar de paso para miles de migrantes, tanto del sur de México como de Latinoamérica; es decir, representa la unión con una de las naciones más poderosas del mundo. Por tal motivo en nuestro territorio se pueden encontrar muchas historias parecidas a las de la obra, donde la ciudad se menciona momentáneamente, pero conlleva una gran de importancia para todos aquellos que buscan el sueño americano. En realidad, si lo pensamos bien, historias semejantes a las de Dante ocurren casi a diario por la calles de Juárez, aunque pasen desapercibidas.

160 Cruce frontera 1922.jpg

Merlina Isabel Franco

Un paraíso para cada extraño

Puño de whiskey (2005), de Edgar Rincón Luna, se adelanta a una visión de la violencia que después será repetida en varios discursos literarios, académicos y periodísticos. Según señala Jorge Humberto Chávez en el prólogo a Ciudad negra. Antología de poetas de Ciudad Juárez, “la violencia está en el aire, pero no todos logran hacerla caber en la poesía como admirablemente lo hace Edgar Rincón”. Si bien el texto de Chávez reproduce varios lugares comunes sobre la literatura juarense y carece de documentación como para poder tomarlo en serio, debo aquí concederle cierta razón. La representación discursiva de la violencia en Puño de whiskey destaca porque en estos poemas predomina más una intención estética que testimonial. Quiero decir que no es importante solo por tratar el tema por primera vez, sin tener ningún atributo estético. En este poemario no hay una reflexión morbosa al describir los eventos violentos ni intenciones espectaculares, tampoco una intención sociológica ni una representación de mitologías periodísticas. La violencia que expone Rincón Luna descompone un espacio íntimo y un paisaje citadino contemplado por la voz lírica; el poeta figura como un sobreviviente. Idea que pretendo desarrollar en el presente texto.

04 La Brisa Luna.jpg

Puño de whiskey se divide en cinco partes. Su estructura desemboca en temas que vinculo a los sentidos y a la experiencia personal-urbana: familia, música, poesía, ciudad y muerte. Los últimos dos se hermanan especialmente en la sección final del libro “Conozco esta ciudad, no es como en los diarios”, que toma dos versos de “No soy un extraño” de Charly García. Este préstamo me parece significativo, ya que la canción describe la sensación de (auto) exilio, la idea de la revisitación citadina (regresar desde de la música, pero también a través de la pérdida) y las maneras ciertamente deshumanizadas en que una ciudad se significa en los medios de comunicación. La violencia, en efecto, es “parte del aire”, pero tanto García como Rincón Luna destacan elementos espaciales donde puede surgir la belleza desde un reconocimiento personal y al mismo tiempo urbano: “Acabo de mirar las luces que pasan. / Acabo de cruzar la plaza, las razas / y el color”.

Al tratarse de un libro publicado en 2005, Puño de whiskey antecede a ciertas representaciones de la violencia que serán explotadas en los años venideros, sobre todo en la novela juarense. En esto recae su intensidad, pues surge tres años antes del comienzo de la guerra contra el narcotráfico declarada por Felipe Calderón y anticipa varias formas de ser en una ciudad en crisis. Su visión se vuelve casi profética, la de un sobreviviente del caos. El tema de la violencia, por ello, se aborda con una sensibilidad e inteligencia admirables: “Si lo piensas / no ha de ser difícil / atravesar el corazón de alguien / con un salero”. Estos versos que concluyen “Parte del aire”, perteneciente a la sección final del libro, demuestran cómo la voz lírica explora ante todo la supervivencia. Cualquier objeto se transforma en un arma si hay que defenderse de una invasión. De cierta manera, el Juárez que define a Rincón Luna como poeta es una urbe ocupada y sitiada por elementos violentos, inasibles, fantasmales y perversos, lo cuales pretenden desestabilizar los espacios más privados, por ejemplo, la casa o la memoria infantil. Tal como se lee en las primeras líneas de “Ciudad Juárez Unplugged”: “De la infancia sólo guardo el miedo / a que un extraño aprovechando la oscuridad / entre a casa”. En estos versos, pese a la metáfora musical que podría relacionarse a una ciudad “apagada”, la luz es una suerte de salvación, por más violencia que haya en los relámpagos.

04 Rincon mundos posibles.jpg

La construcción de una imagen de Juárez me parece más evidente en el poema “Strangers in Paradise”, en donde la espacialidad se desarma en elementos personales, ya que la voz lírica habla de una forma terrenal del paraíso. El poeta crea imágenes intangibles, pues para él la ciudad es una manifestación de soledad, sombra y niebla; aunque también, un espacio amado debido a sus contrastes: “Esta niebla que huele a plomo / y que me dice que el calor está moviéndose / aunque todas las esquinas permanezcan frías”. Como en la mayoría de los textos de la quinta parte del libro, este cierra con una indagación personal, un descubrimiento: “Me gusta creer que soy el único hombre en esta tierra / y que me es imposible lastimar a nadie / amo entonces estas avenidas solas / que recorro sonriente / creyendo que soy un buen hombre”. En lo personal, estos versos me parecen de una belleza increíble. En un ambiente cultural donde algunos autores han caído en la tentación realista, escribiendo adefesios inspirados más en el morbo, en la descripción fría, escandalosa y espectacular de los medios de comunicación, en esa irresponsabilidad académica y literaria que capitaliza el dolor humano, muchas veces adjetivado en lo indescriptible, Rincón Luna destaca por su capacidad y originalidad poética para describir una forma de salvación a través del extraño paraíso del hombre solitario. Se habla de la violencia, sí; sin embargo, las imágenes con un génesis violento evocadas en Puño de whiskey no tienen un fin descriptivo a secas o testimonial, sino uno literario. En dichos versos contemplo una aventura que por estas regiones puede sonar imposible; es decir, la incapacidad de un hombre por ejercer más violencia, por hermanarse con estas avenidas solitarias también, por apropiarse de su espacio y encontrar algo de bondad.

04 Rincon polvo.jpg

Antonio Rubio

Un tal Quijote reside en Juárez

Don Quijote o, como otros lo conocen, “El Caballero de la Triste Figura” es el protagonista de la famosa obra de Miguel de Cervantes, divida en dos partes: la primera publicada en 1605, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, y su secuela en 1615, la Segunda parte del ingenioso caballero. Aunque quizá algunos desconozcan está división, es indudable que la novela figura como una de las más reconocidas a nivel mundial. Desde niños cuando ingresamos a la escuela es casi inevitable que alguna maestra o profesor nos haya hecho leer algunos fragmentos del texto. Se sabe que a su creador, aunque haya escrito una extensa y variada producción, cualquiera lo asocia invariablemente al personaje emblemático, ya que se considera como uno de los pocos arquetipos de validez universal que ha producido la literatura. Con Cervantes nació la novela moderna. Según sus biógrafos, parte de las penalidades y penurias que sufrió Cervantes en vida, se pueden encontrar en algunos aspectos de su obra. Don Quijote encanta debido a su fijación por el honor y por sus innumerables lecturas sobre aventuras de caballeros andantes de la España medieval; en compañía de Sancho Panza, su fiel escudero, salió de la Mancha para vengar todos los “malos” actos producidos en su preciado país.

20 Quijote cartoon.jpg

¿Qué hace clásica una obra? Varios se lo han preguntado y distintas respuestas han surgido. Danner González respondió, por ejemplo, en palabras del crítico literario Bloom, que “es a menudo una forma de originalidad caracterizada por su extrañeza y su belleza”. De esta manera inicia y se refiere al conjunto de obras que se encuentran en Lecturas Clásicas (2014). Un libro que reúne lecturas adaptadas no sólo para niños y jóvenes, sino para hombres y mujeres de todas las edades. La nueva edición, que conserva el canon propuesto por José Vasconcelos en 1924, acerca a sus lectores a la gran tradición literaria europea, con el propósito de fomentar el gusto por las letras y el arte, en general; por ello, es accesible para todo el público, ya que, igual que en el siglo pasado, uno de los grandes problemas nacionales sigue siendo la falta de educación. Las historias antalogadas giran en torno a tres temas: el amor, el poder y el fracaso, lo cuales, según palabras de Danner son “los pilares de la civilización entera. Esta selección compendia las bases sólidas, reales y ficticias, humanas y divinas, sobre las que la humanidad ha cifrado a lo largo de su historia, sus alegrías y sus miedos, el lamento de sus horrores y sus cantos de esperanza”. La novela de Cervantes no podía faltar. La aventura quijotesca presenta el tema del fracaso, ya que “Don Quijote es un héroe de la derrota, que hace del fracaso un arte”. Los episodios escogidos son la aventura de los molinos de viento, el encuentro con los cabreros, la batalla con el Caballero de los Espejos y el inesperado final.

Don Quijote, como buen caballero andante, se ha quedado a “turistear” en el norte de México, pues hasta ahora no ha seguido su camino y se le puede encontrar por la avenida Francisco Villa y calle Colón, a espaldas del edificio de Catastro. Según cuentan algunos historiadores, en otro tiempo se encontraba por el pasaje continental, en el centro de una fallida Plaza Cervantina que nunca pudo apropiarse de su nombre, así que se trasladó a aquella zona marginal, lo cual no sorprende, ya que, hay que recordar, el emblemático personaje posee un espíritu un tanto excéntrico. Por años lo he visto ahí parado y parece que continua en ese sitio por dos razones: primero, para no perder de vista a los juarenses que recorren día con día esas calles y, segundo, para que lo localice su fiel escudero, quien no se encuentra a su lado. El mensaje parece el mismo que el de la novela escrita hace más de cuatrocientos años: no basta solo pensar en el devenir, la fe y la libertad, sino que, tal como le hacía ver su contraparte y amigo Sancho, resulta necesaria la consciencia del ser, la razón y la obediencia. Mientras no vuelvan a reunirse, la estampa del viejo caballero continuara en su sito, observando cómo varios juarenses se asemejan a él, a su fiel escudero o a ambos.

20 Escultura Quijote.jpg

Nohemí Damián de Paz

La aguja y el pajar

Etiquetas

,

“Le echo limón y cilantro. «Agarraron a un matón en el partido». Ahora pido una quesadilla con carne. Los comensales dicen; «Ta cabrón el pinche narco». La baño en guacamole. «Aquí ya ni se puede vivir». Pido el segundo de tripitas. «Pa mí que van a matar a ese policía». Le pongo salsa roja. «Ya cualquier güey se hace narco». Pido otro de carnitas”. José Juan Aboytia plasma estas líneas, con sabor al habla popular, en su novela Ficción barata (2008); sin embargo, también son las típicas frases que se solían escuchar día tras día hace algunos años en cualquier lugar de la ciudad; mayormente en el town. Sin duda alguna, fueron tiempos de pánico, inseguridad y socorro… años sombríos que sufrió Ciudad Juárez. El narrador, nacido en Baja California en 1974 y maestro en la UACJ (donde también obtuvo su maestría en Cultura e Investigación literaria), logró ejemplificar en la obra en cuestión el submundo de la frontera en sus tiempos de crisis. La preocupación principal, o el punto de vista desde el que nos asomamos a la novela, es la de un periodista que busca a un amigo desaparecido, quien al parecer se mezcló (o lo mezclaron) con narcotraficantes.

La trama de la novela es la siguiente. Hugo, un soltero, codiciado y ebrio periodista, busca la verdad sobre su amigo El Deis, otro amante de la bebida que pretende ascender a la fama mediante la exposición de narcos de Tijuana, lugar que experimenta problemáticas muy similares a la de nuestra frontera en cuanto al consumo de drogas, el narcotráfico, la prostitución y, lo más relevante en la historia de Ficción barata, el amarillismo de los medios de comunicación. Por cuestiones de trabajo, Hugo llega a Ciudad Juárez, donde es recibido con el calor que su población sabe brindar. Le agrada el ambiente, así que visita algunos bares, entre ellos el famoso El Recreo, y conoce al autor de una novela detectivesca que lee a lo largo de la obra. Continúa investigando sobre la desaparición de su amigo, pero, al mismo tiempo, se interesa por una hermosa mujer –como era de esperarse–. El atractivo del texto de Aboytia consiste en ver el mundo del narco desde la perspectiva de un periodista, de aquellos quienes, a veces sin quererlo, cobran un papel relevante en este tema.

159 Disparo foto.jpg

Todo residente de Ciudad Juárez entre el 2008 hasta la actualidad se ha visto afectado de alguna manera por el narcotráfico. Los robos, secuestros, matanzas, extorsiones, atentados, sobornos y mentiras han perturbado nuestra frontera y a sus habitantes (aunque estos no estuviesen incluidos con el narcotráfico) por muchos años. Durante los años de la acérrima violencia que azotó la ciudad, cuando yo era aún un niño, los parques de las colonias solían quedarse vacíos ante el estridente ruido ocasionado por armas de fuego a cualquier hora del día. Mi familia, o más bien mis padres, dudaban en salir a lugares públicos, como el centro o a algún moll, por miedo a presenciar o quedar en medio de los frecuentes sucesos violentos. El caso de las desapariciones y asesinatos de mujeres ha sido uno de los que más impacto y cicatrices ha causado en la ciudad desde finales del siglo, y si bien El Deis no era mujer, Aboytia reúne en él todo lo que una ausencia violenta causa en la familia, los amigos, el trabajo y los conocidos. Para los juarenses resulta, entonces, sencillo comprender la obsesión por encontrar y ver a alguien que perdimos en otra persona, como en un vendedor de hot dogs o elotes del parque Borunda.

159 Borunda elotes.jpg

Tomás Saucedo Baca

San Juan Pablo II en el borde

Karol Józef Wojtyla, mejor conocido como Juan Pablo II, nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, ubicada a 50 kilómetros de Cracovia, Polonia. Se matriculó, en 1938, en la Universidad Jagellónica de Cracovia, así como en una escuela de teatro. En 1939, tuvo que dejar la escuela por la ocupación nazi y trabajó en una cantera y una fábrica química para evitar ser deportado a Alemania. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1942, entró al seminario clandestino de Cracovia y promovió el “Teatro rapsódico” en secreto, ya que estaba prohibido. Después de la guerra, fue ordenado sacerdote en 1946. Dos años más tarde, se doctoró en teología con la tesis sobre la fe en las obras de San Juan de la Cruz. En 1964, fue nombrado Arzobispo de Cracovia por Pablo VI, quien lo haría cardenal tres años después. Participó en el Concilio Vaticano II. El 16 de octubre de 1978, la reunión en Cónclave lo eligió como el Papa 264 de la Iglesia Católica. Realizó 104 viajes apostólicos fuera de Italia, entre los cuales se incluye su visita a la capital de Chihuahua el 10 de mayo de 1990, donde celebró la Eucaristía en la explanada de los Campos Limas. Impulsó el encuentro con jóvenes en las Jornadas Mundiales de la Juventud y promovió el diálogo entre religiones. Escribió y publicó diversos libros hasta el día de su fallecimiento el 2 de abril de 2005. Fue canonizado el 27 de abril de 2014 por el Papa Francisco.

19 Juan Pablo II Chihuahua.jpg

Juan Pablo II escribió cinco libros como doctor privado: Cruzando el umbral de la esperanza (1994), Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal (1996), el libro de poesías Tríptico romano-Meditaciones (2003), ¡Levantaos! ¡Vamos! (2004) y Memoria e identidad (2005). Además, pertenecen a su autoría 15 Exhortaciones, 11 Constituciones, 45 Cartas apostólicas y 14 Encíclicas. Una de estas últimas es Centesimus annus, publicada el 1 de mayo de 1991 y dirigida “a sus hermanos en el episcopado, al clero, a las familias religiosas, a los fieles de la Iglesia Católica y a todos los hombres de buena voluntad”, con motivo del cumplimiento de los 100 años de la Rerum Novarum, Encíclica de su predecesor León XIII. El momento en que apareció el texto fue una época de cambios, pues el marxismo había llegado a su ocaso, existían fuertes amenazas de guerra, la pobreza aumentaba y se sentía la preocupación por la llegada del nuevo milenio, por lo que la discusión en torno a la necesidad de un nuevo modelo económico estaba latente. Juan Pablo II respondió a esos temas proponiendo al hombre mismo como base de la producción y principal factor de la riqueza de los países, incluso más que los propios recursos naturales. Afirmaba que la contribución de la Iglesia en el campo social ocurre en el corazón del hombre; también que para construir una sociedad más justa y digna era necesario comprometerse en el servicio de los órdenes político, económico, social y cultura, así como promover la acción de los empresarios para fomentar espacios de trabajo digno. De esta forma, la carta se configuró como una invitación a la humanidad a ser íntegros y valientes, poseedores de una sólida formación intelectual y espiritual.

El boulevard Juan Pablo II inicia en la intersección con la avenida Independencia y culmina en la Rafael Pérez Serna. Abarca una parte considerable de la línea divisora entre México y Estados Unidos, la cual recorro, casi diariamente, para ir y venir a la universidad y en la que puede sentirse la diferencia entre dos ciudades tan unidas geográfica y económicamente, es decir, El Paso y Ciudad Juárez. Por ejemplo, al subir por alguno de los puentes que se encuentran en el boulevard mencionado, se alcanza a ver la urbe vecina, sus calles más cercanas a la frontera, depósitos de agua y el centro con sus resplandecientes edificios de bancos. En cambio, en el otro lado se encuentran campos de futbol, un centro de convenciones relativamente nuevo y un sinfín de entradas y salidas a otras calles que llevan a diferentes lugares de la ciudad. Por esta vía, pasan a diario miles de transeúntes, desde particulares hasta el transporte de los trabajadores de las maquilas. Incluso, el sucesor de Juan Pablo II, el pontífice actual de la Iglesia Católica, Francisco, recorrió este camino en su visita apostólica a Ciudad Juárez el 17 de febrero de 2016. Sin duda, el nombre dado a esta calle resulta apropiado, pues al igual que Karol Wojtyla, su camino busca unir espacios y mostrar la diversidad, en este caso, entre dos culturas, y revela cómo es la vida fronteriza y su agitación en pleno esplendor.

19 Cruce Juan Pablo.JPG

Fernanda Villalobos Ocón

Ardor convertido en polvo

Hidrocálida, poeta y promotora cultural, Carmen Amato Tejeda había anunciado su retiro de las aulas la primavera del año pasado; sin embargo, hace un mes el Museo de Arte de Ciudad Juárez lanzó una convocatoria de un taller sobre escritura creativa que está a cargo de ella. Además, se ha dedicado a la fotografía como un ejercicio sináptico que esquematiza y extrae el tuétano de la redacción, la agenda Asfalturas, del garabato a la Asfaltura de la Asfaltura al poema publicada en el 2016 resulta un ejemplo de ello. En su tesis para obtener el grado de maestría, titulada El silencio que se hiela en la blancura de las hojas (1996), Amato presenta 62 poemas dispuestos en siete partes. “Nunca será noviembre” aparece en un apartado homónimo junto a otros nueve poemas cuyo tema recurrente es la luz. La composición consta de cuatro estrofas con verso libre y rima asonante; la voz lírica emerge desde la primera persona del singular para moldear un tono ubicado entre lo serio y lo reflexivo que juega con lo sinestésico al involucrar los cinco sentidos del lector.

03 Asfalgrama.JPG

Si bien no existe un referente geográfico específico que permita ubicar el poema en un lugar determinado, la voz poética diluye al lector dentro de la nitidez de las imágenes espaciales, mismas que van construyendo la ciudad a la par de quienes la habitan. El tiempo constituye una estructura lineal que avanza horizontalmente junto al recorrido que el sujeto realiza a través de las calles. La trascendencia del ser resulta vulnerada cuando la voz poética exhibe la miopía en la introspección necesaria para el autoconocimiento: “Algo va cambiando / en ti y no lo sabes, / hasta el día que tu nombre / ya tiene menos letras”. Los meses llevan consigo una carga simbólica que amalgama la idea de lo efímero respecto a la vida humana: septiembre, octubre y noviembre encaminan hacia la apoteosis de un ciclo que sucede justo cuando la tierra da una vuelta completa alrededor del sol. Así como la trayectoria astronómica del mundo constituye solamente un paradigma temporal validado por quien lo usa, quien recorre la propia vida va acercándose al impostergable desenlace de su misma historia, la cual va llenándose de significados y profundidad en la medida que se aproxima a la consumación del lapso vital: “Tu nombre / se vuelve breve / como Octubre / y no te pertenecen / ya sus lunas, / y nunca serás Noviembre”.

Un elemento que condiciona irremediablemente mi disposición a caminar la ciudad es la cuestión climática, más concretamente, el intenso calor asfáltico. En la composición de Amato, el ambiente evoca precisamente la parte del año predilecta para deambular, debido a la parcial ausencia del sol: “Septiembre, / llegas y tu paso fresco / crece hasta morir / en la blancura / del olvido, / sin una sombra / del ardor que tuvo”. Las tonalidades transforman el paisaje, brindan una traza que remite a la nostalgia por esa existencia que aparece como una insípida entelequia sin caer en un panorama sepia: “Me duele mirar en las esquinas / tu amarillo color / tu gesto somnoliento”. La flora urbana también sufre una metamorfosis gradual que convierte las hojas verdes en ramas secas, imagen que funciona como el símil de la muerte-otoño que nunca llega a ser invierno. La voz poética se dirige a un tú que aparece inconsciente de su propia condición, así como también del horizonte que le rodea, como si quisiera recordarle que así como acaba el año, termina la vida y perdura la memoria: “Te vas quedando sin saberlo, / entre los dedos de los árboles, / entre las calles convertido en polvo”. En esta composición Amato conjuga el paso del tiempo con el del caminante urbano ambientado en una tarde ambarina, la cual bien podría situarse en cualquier ciudad que, como la nuestra, exija cooperación del medio climático para ser cómodamente transitable.

03 Briseño street.jpg

Laura Sarahí Robledo

Salomón en la cárcel de piedra

Etiquetas

,

Hace un par de años, la Sociedad de Escritores de Ciudad Juárez, A.C. presentó un libro más a todos los lectores de esta ciudad fronteriza. Letras al Margen. Antología VII  (2016) conglomera creaciones de diferentes voces con el objeto de deleitar, entretener y hacer viajar a través del tiempo. En esta sazón, Emilio Gutiérrez de Alba colabora con un texto que provee de los condimentos necesarios para despegar al mundo de la imaginación de tiempos ya ocurridos, emprender un viaje a un pasado no tan remoto y deambular a través de uno de los lugares más asistidos por la comunidad juarense. “Voceador”, título de la narración del periodista actualmente jubilado, de forma breve y concisa, recuenta la experiencia del pequeño Salomón como jefe múltiple policiaco por un día, premio que obtuvo debido a su dedicación como papelerito. La historia inicia con la mención de la crónica publicada por El Fronterizo sobre el homenaje que se le realizó a los Voceadores de la Prensa en abril de 1957, evento que liberó el terminado de las instalaciones del Estadio de Béisbol Infantil, localizado en el Parque Borunda. No obstante, el relato también se detiene en aspectos que la publicación dejaba fuera: la felicidad del niño Ismael Esparza Montañez al ejercer su papel de jefe policiaco por un día al estilo salomónico y liberar a un antiguo ferrocarrilero que había matado a su esposa y amante (situación que ocasionó una gran venta de periódicos).

Si algo distingue la literatura de Gutiérrez de Alba es su pasión por Ciudad Juárez y sus habitantes que lo recibieron con gran amabilidad cuando emigró desde Torreón. En “Voceador” el autor hila la experiencia del pequeño Salomón en un espacio determinado de Juárez: la Comandancia Policial, también llamada Cárcel de piedra, a la cual llegó Ismael, de 12 años de edad, no como un presunto delincuente acusado por robo, homicidio, tráfico de drogas o violación, sino como el nuevo jefe policial. Es decir, la Cárcel de piedra, ubicada en la esquina de la avenida 16 de septiembre y la calle Oro, fue el espacio que el Gutiérrez de Alba construyó para que el protagonista se desenvolviera y se transformara en lo que toda su vida soñó, cargo que implicaba atender a la gente que llegara a quejarse o a pedir ayuda para sus familiares, así como de ordenar y liberar a presos según su criterio.

158-16-y-oro.png

El pasaje a la Cárcel de piedra me incita a pensar en el protagonismo que tuvo dicho lugar, no solo en este cuento sino en muchas otras historias reales, de “carne y hueso”, en experiencias que fueron vividas por cientos de personas y que hacen que el corazón bombee rápidamente al escucharlas. Si duda, este sitio resguarda un sinfín de anécdotas que logran la empatía en el receptor, pues invitan a la reflexión al contar las transgresiones de un contraventor, la estancia de muchos juarenses ahí, el dolor de padres, esposas e hijos que sufren el encarcelamiento de sus familiares, la pérdida de un ser querido, las injusticias cometidas por los empleados, o la manera en que un infante hizo realidad su sueño de ser policía. El relato de Gutiérrez de Alba forma parte de esos textos que contribuyen a recrear, crudamente, lo que fue Ciudad Juárez.

Ximena Guadián Salas

Pausas torvas

Gracias a su labor como muralista –la primera en el país– y poeta, Aurora Reyes (1908-1985) se ha colocado en el pedestal de las grandes mujeres chihuahuense. Nació en Parral, pero su estancia ahí duró poco, pues su familia tuvo que mudarse al centro cuando su abuelo, don Bernardo, murió acribillado frente al Palacio Nacional en el inicio de la Decena Trágica. La vida de “La cachorra” (hija de León Reyes) está marcada por sucesos y personajes fundamentales en la historia nacional de principios del siglo XX: la Revolución, Alfonso Reyes, la militancia del partido comunista, el muralismo, Diego Rivera, Frida Kahlo, la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), la lucha de los maestros rurales, la defensa del voto femenino. Al inmiscuirse en este panorama intelectual y político, sus obras reflejan cierto sabor nacionalista y una crítica social latente en imágenes y metáforas que ponen al descubierto las entrañas de su realidad, la cual, sin duda, comienza con su lugar de origen. “Estancias en el desierto”, unos de sus primeros textos concebidos hacia 1952, rememora el espacio chihuahuense desde la óptica del recuerdo y la imaginación. Por ello, las sensaciones, el color, la naturaleza y la ensoñación conforman la fuerza expresiva que caracterizan los versos que hablan de su “primera patria de infinito, / en el Norte de México”.

Los desiertos de Chihuahua aparecen en voz de Aurora Reyes como el punto de encuentro de los cuatro elementos que posibilitan el comienzo de la vida: “epidermis de arena”, “adolescente sol”, “vórtice en el aire”, “¡Agua! palabra linfa”. El yo poético vuelve a su origen, “Renace adulta la infantil mirada”; cede el paso a la naturaleza, “Escucho cómo el sueño desliza su silencio. / Ya siento las corrientes de sed hasta mis huesos”; y solo hasta el final (poema IX), resurge integrado plenamente al paisaje, “De pie sobre su planta prisionero, / –creatura de la sed– ronda su imagen: / contorno humano ¡vertical desierto!”. Los nueve poemas de “Estancias”, publicados por primera vez en Humanos paisajes (1953), contienen la idea del infinito, un principio y un final que se regeneran constantemente, atravesados por largas pausas capaces de estremecer la vida yacente. El calor, la ausencia de agua, tormentas de polvo, vientos de lumbre, dunas desgarradas, son esos elementos que, según los recuerdos de la autora, forjan la fuerza y resistencia de las personas; el medio día desnudo puede crear “pies de vidrio”, pero también “el sabor de la angustia y la ceniza / y la sed… y la sed… y el espejismo.”

Habitar un lugar como Juárez, rodeado por el desierto, la frontera, la violencia y la mala fama, no resulta sencillo. Aunque llevo más de veinticinco años sorteando sus vaivenes, todavía existen días en que la ciudad, principalmente su clima, me vence. Si, como en el poema de Reyes, “la mañana, vencida, se derrama” generando una lenta pausa en la vitalidad de cualquiera, las tardes de la canícula resultan interminables, solo soportables con un potente aire acondicionado. Los medios días, cuando el sol alcanza su punto más álgido, nos hacen ver con fuerza “su reinado inmóvil”; todo parece quieto o flotando en una nube de fuego. Sin embargo, estos momentos de sopor y quietud, a veces, son los ideales para volver al inicio. Cada cierto tiempo se necesita sentir el vacío, el silencio, la soledad o la pequeñez que implica estar en medio del desierto, pues ante esa inmensidad, los problemas o, en ocasiones, el mismo ego, retoman su tamaño real, para bien o para mal. Una ida a Samalayuca nunca está de más… o viajar de vez en cuando a Ciudad Universitaria. Ahí conocí las verdaderas tormentas de arena, los vientos que quemaban o calaban hasta los huesos y el agua negada. El recorrido que hacía a diario, una hora de ida y otra de vuelta, en verdad significaba una pausa en mi día. Los pensamientos generados por el paisaje desértico deambulaban entre lo agradable y lo ingrato. Incluso una amiga me advirtió: “Mejor duérmete, es peligroso todo lo que puedes reflexionar o imaginar en ese tiempo.” Por desgracia, me resulta imposible desligar la problemática del feminicidio con la imagen del desierto, el polvo, el calor y “los senos incendiados / en oleaje convulso y enemigo”.

17342487_1350060311731440_7832907701780023388_n.jpg

Amalia Rodríguez

Juárez fantástico

Etiquetas

,

Nacido en León, Guanajuato, Eduardo Antonio Parra es un autor mexicano mayormente conocido por sus cuentos, muchos de los cuales han sido publicados como colaboraciones en antologías. Lo relevante sobre su escritura, al menos para mí porque fue la manera en que lo descubrí, llegó en el año del 2000 cuando ganó el Premio Internacional de cuento Juan Rulfo con Nadie los vio salir. Dicho relato (o noveleta) trata sobre una sexoservidora durante una noche de trabajo cualquiera, o eso parece. La narración nos adentra en “los barrios bajos” de nuestra ciudad, mientras nos describe un día cualquiera dentro de una cantina donde el amor se vende barato. Su tema, en general, puede aparentemente ser eso mismo, lo que me llevó en un primer momento a encasillarla como una novelle cercana al thriller, pero lo cierto es que, conforme se desarrolla la trama, uno se da cuenta que pertenece por completo al género fantástico. Como lo leen, ¡fantástico! ¿Quién decía que Ciudad Juárez no podía contener algo sobrenatural? Pues Eduardo Antonio Parra lo recrea con diferentes imágenes cotidianas para los fronterizos, con esos sitios emblemáticos de los que todos hablan pero que pocos se atreven a visitar. Así, de la mano de esta prostituta cuyo nombre jamás queda claro, conocemos el bajo mundo de los congales juarenses.

Si bien algunos aspectos mencionados por la narradora pueden ocurrir en cualquier ciudad, su parecido con la imagen de Juárez vuelve casi imposible que se trate de una simple coincidencia. El lector puede imaginar fácilmente, por ejemplo, a los trabajadores de las maquilas saliendo en tropel hacia los camiones que los llevarán a sus casas un viernes por la tarde, a pocas horas de que se oculte el sol ardiente sobre sus cabezas. No se necesita avanzar demasiado para vislumbrar el panorama. Unas cuantas páginas son suficientes para plasmar el entorno aludido: ese congal, una cantina de mala muerte con humos espesos de cigarros extintos y olor a cerveza rancia por el paso de los días. Parra no menciona, en ningún momento, el sitio concreto, pero todo aquel que conoció o escuchó algo sobre la Mariscal, tiene una idea de cómo era el interior. El establecimiento en el que la protagonista y sus conocidos se encuentran puede ser cualquier bar o cantina; por ello, los personajes y sus diálogos se vuelven fundamentales, pues son el factor que da el “efecto Juárez” a la noveleta.

157 Diana Ginez Bikinis

Al releer el libro (en un viaje hacia el Centro), me vi en la necesidad de regresar a la calle, pues aunque no se mencione de forma textual, la imagen descrita por Parra posee ese aire misterioso y lleno de morbo que provocaba en el instinto materno alejar rápidamente a sus hijos de la zona y así evitar que hicieran contacto visual con quienes ahí laboraban. Lo que queda de la antigua Mariscal aún resalta por sus paredes gastadas que encierran humos y secretos, y contiene esa magia que Nadie los vio salir muestra. Todavía en la Juárez resulta sencillo ver a un par de extraños, unos “gringos”, entrar y salir por las mórbidas puertas en busca de diversión momentánea y cervezas baratas. El ambiente es el mismo pese a que los años han pasado. Sin importar las reestructuraciones que el gobierno haga a la zona, siempre estará poblada de cantinas, bares y calles en las que tropezamos al mínimo descuido. Este espacio, el cual se ha configurado como un emblema de la ciudad, no dejará en ningún momento de ser parte de nuestras vidas, de los recuerdos que tenemos del centro histórico, y de ese imaginario que, sobre todo en autores foráneos, continúa permeando la idea de un Juárez fantástico.

Zaira Selene Montes Guzmán

Tierra canija

Agua tatuada recibió el Premio Chihuahua de literatura de 1986. El mismo gobierno del estado se encargó de imprimir el poemario de Guillermo Hernández Orozco, dividido en tres partes (“Raíces”, “Vamos” y “Espejismos”) ilustradas por fotografías y viñetas a blanco y negro. Me parece una buena idea iniciar esta iniciativa, Geopoética chihuahuense (revisen nuestro manifiesto), con esta joya bibliográfica, hallada en la Librería Logos, ya que los diferentes espacios del estado grande, tan disímiles como el desierto o el interior de un camión de transporte público, permiten una lectura lineal a través de las dos primeras secciones. La “Introducción” del libro invita a escuchar las voces de los fragmentos de nuestra propia realidad. Agua tatuada “despliega paisajes montañosos, pinos, peñas, soles, soledades, silencios, en agudo contraste con los desdibujados espacios urbanos” (Rico Bovio). La versatilidad del verso de Hernández Orozco se descubre no sólo en las descripciones espaciales (quizá abundantes), sino en la espontaneidad del yo lírico que nos acompaña ahí mismo en la lectura; mientras uno desciende la mirada en cada verso, él va “contando lo que cuento”.

01 HernandezO - Agua tatuada.JPG

Curiosamente, el poema que más me ha llamado se encuentra casi fuera del libro, y no figura en el índice debido a que aparece en la contraportada. Sus cuatro estrofas funcionan como epílogo… como una despedida por donde se asoma el perfil biográfico del poeta, quien nos confiesa no ser chihuahuense, sino de Jalisco (donde justo ahora escribo). Destaco, además, otros aspectos significativos del poema referentes a la simbiosis entre el entorno y quienes lo habitan, incluido todo ser… vuele, ande, repte o verse. La interlocución con la tierra ocurre “quieras o no”, al grado de que el paisaje “acaba formando parte de ti mismo”. Porque el rostro de Chihuahua no solo se delinea con sus cálidos y escarpados ecosistemas; de los rescoldos del aire emanan aves que anidan en nuestros días, “y así acabas siendo eso”, proclama el verso, “desierto, bosque, sol y alas / cara blanca que pasta en la estepa / en las nevadas”.

Sí. “Aquí estamos”. Mi sistema respiratorio batalló con esta “tierra canija / que se mete por los poros”. Antes de avecindarme en Juárez, hacia finales del 2011, venía de un sitio húmedo en donde el sol se nubla durante casi medio año. En la balanza del calor/frío, declino por las bajas temperaturas, ya que se pueden combatir tanto en la intemperie como en interiores, pero una simple caminata de 10 minutos a 40º sobre el asfalto tiende a lo inclemente. ¿Qué más me podría quitar para sentir frescura? La combustión urbana vence y no aclimata. Por último, aclaro que en la grabación me di licencia de modificar la referencia geográfica. En la ambigüedad de “cualquier parte” cabemos todos los inmigrantes. Así que Memo, perdóname. En Ciudad Juárez nació Ixtla, mi hija más pequeña… el ajuste me resultó vital.

01 Ortiz Servín.jpg

Urani Montiel