10. ¡Cuidad Juárez!

Ciudad Juárez es el paradigma urbano de un espacio de transición que se renueva constantemente desde su misma literatura; una ciudad dinámica y punto de cruce entre dos naciones que se caracteriza por el movimiento de sus actores y del producto de sus acciones. La movilidad de la frontera describe un dinamismo presente en los textos que la recrean, los cuales se distinguen por su rica intertextualidad y por un constante universo referencial en relación directa con el espacio que habitamos y podemos leer a diario.

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La imagen de Juárez ante los ojos internacionales se ha fijado en un panorama solo descriptible con un discurso tremendista, un lenguaje prejuiciado plagado de pasajes apocalípticos. Frente a una reducción simbólica del juarense, la imagen literaria de la vida cotidiana en la frontera trae consigo una serie de aventuras, misterios, tensiones y emociones que nos obligan a generar (y exportar) una ciudad distinta. Es cierto que el argumento de algunas obras recrean los momentos violentos que la ciudad atravesó en los decenios cercanos al cambio de siglo, y que la promoción de esos pasajes no ayudaría a cambiar esa imagen fija que se tiene de la ciudad (sobre todo, fuera de ella). Sin embargo, creemos que sería un error desechar o evadir la memoria de una situación a la que Ciudad Juárez hizo frente y que podemos ver ahora a a cierta perspectiva para afrontar las nuevas vicisitudes que nos acechan. Las mismas dinámicas de una urbe fronteriza condicionan los ciclos y alternancias entre periodos de estabilidad y desequilibrio. Es innegable lo acontecido pero, aún peor el olvido.

 Cartografía literaria de Ciudad Juárez se inscribe en eso que Joël Candau califica como “fiebre patrimonial”. Líneas arriba, deliberamos sobre el patrimonio literario en Ciudad Juárez. Partimos de las premisas de que sí existe, aunque de manera dispersa, que es pieza clave para la construcción de la identidad regional y que tanto escritores, lectores y críticos de la tradición literaria juarense debemos apropiarnos de los componentes de nuestra herencia y de sus contenedores. El antiguo Paso del Norte ha sido de todo: misión, villa, presidio, refugio y capital del país. Plasmar este recorrido –o parte de él– en un texto literario, por ejemplo, o en un itinerario histórico (como el que orquesta don Chendo todos los fines de semana en la Antigua Presidencia Municipal) permite que cada lector o participante redefina la imagen que tiene de la ciudad a partir de sus propios recuerdos y experiencias, pero también de la vivencia y la memoria de otros individuos que ya han dejados sus huellas literarias a merced de nuestros pies.

X-alex