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Una advertencia al final de una antología de relatos tarahumaras, Cuentos del álamo, avisa que: “Todos los lugares, las personas y las circunstancias reales han sido modificadas ficticiamente para no afectar a ninguna de las partes”. ¿Qué tan drásticos habrán sido los cambios? No se tiene por seguro. Sin embargo, lo que es una certeza es que esta colección de relatos cuenta con la iniciativa de Lorena Parra Parra, Luz Belém Martínez Aguilera y otros tarahumaras que aportaron un granito de arena para su creación. Los cuentos nacieron de las experiencias colectivas e individuales de las comunidades indígenas en Chihuahua, tanto las citadinas como las serranas.

 

El libro trata, a manera anecdótica y didáctica, sobre la relación que entablan sus personajes con lo urbano y los efectos que produce la modernidad en ellos. Todos los textos tienen, por lo regular, una denominación específica para sus municipios natales en la sierra; es decir, topónimos exactos de localidades serranas. Sin embargo, cuando se trata de espacios urbanos, rara vez se les menciona por un nombre específico; por lo común se les da un rótulo universal y ominoso que enfrasca una concepción escabrosa y triste que se tiene hacia el mundo metropolitano: “La Ciudad”.

cuentosdelalamo4

Allá fuera, más allá de la sierra, está la problemática e innominada ciudad, aquella que les espera pacientemente como una fuente de oportunidades y a la vez como la cuna para las cuitas de su raza. Pocas veces la imagen urbana aparece con una luz positiva en los cuentos, pues representa los puntos donde se diluye poco a poco su cultura, dando lugar a una crisis existencial. Sólo una vez se le da un nombre específico a una ciudad: Juárez y su imagen no es del todo negativa. El cuento titulado “Mujer con pantalones” abre con las remembranzas cariñosas de la que en el futuro se volverá una gobernadora tarahumara: “Todavía guardo recuerdos muy gratos y claros de cuando estábamos en Juárez. Tenía un muñeco que quería mucho, un micky mouse”.

Parra - Alamo narradora

“La vida con mis padres siempre fue un ir y venir constante de la sierra a la ciudad”. María, nacida en Panalachi, en el municipio de Bocoyna, relata sus vivencias en algunas calles localizadas en la actual colonia Chaveña: “Vivíamos por la calle cuarenta junto al puente donde estaba el asentamiento de «los camilos»”. De entre sus recuerdos infantiles conserva un par de escenas. Lo que más le maravilló cuando acompañaba a su madre a vender wares en las banquetas fueron “los muchachos que en ese entonces se les llamaba «pachucos»: los veía bailar tipo breake-dance.” Por la calle Ponce de León, su madre “lavaba ropa por las casas y siempre le pagaban solo con un plato de sopa o frijoles, no le daban dinero”. María recuerda que en una ocasión su mamá trabajó demasiado, pero recibió solo un plato de papas. “Yo tenía poco menos de seis años pero ya sabía que eso no estaba bien, así que le reclame a la doña su actitud”. “Malcriada” se llevó por respuesta.

Ponce de Leon - Chaveña

Efectivamente, en Ciudad Juárez-El Paso “emergió el gran fenómeno juvenil transfronterizo que enmarcó los mundos de frontera: el pachuco, que surgió en 1939 en el barrio de la Chaveña” (Vida, muerte y resistencia en Ciudad Juárez, 2013); ahí en donde vivió alguna vez María, “Mujer de pantalones”, futura gobernadora y narradora tarahumara, quien retrata un pedazo de la vida diaria de la Chaveña.

Valerie Rodarte