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Los ilegales es una de las primeras obras escritas por el dramaturgo chihuahuense Rascón Banda. En ella se ponen en escena tanto los problemas causantes como las consecuencias de la migración en el norte del país. El punto culminante de la odisea que viven las tres parejas protagonistas es Ciudad Juárez, zona fronteriza que “se convertirá en un peligroso sándwich de desempleados.” Aparecen varios lugares representativos de la ciudad, por ejemplo, el puente internacional y el monumento a don Benito Juárez. Sin embargo, la mención al Hotel Juárez es la que ocupa aquí mi atención: es el punto de reunión de los polleros, donde el Enganchador reúne a un grupo de indocumentados para cruzar el río al día siguiente: “Estoy en el Hotel Juárez. Salimos a las cinco de la mañana.”

Ahora bien, en el 2001 el mismo autor escribió una obra titulada Hotel Juárez, cuyo tema central es el feminicidio. En ella el hotel funciona como una metáfora de la ciudad, con sus respectivas clasificaciones de clases sociales y de poder, las oportunidades para sobrevivir que cada una de ellas tiene y las relaciones existentes entre gobernantes, funcionarios, narcos, coyotes, etc. que permiten la perpetuación de toda clase de crímenes, en especial contra la mujer. El caso –verdadero– del Hotel Club Verde es un claro ejemplo,  ya que puso de manifiesto toda la red de corrupción e impunidad que opera en la ciudad. No ahondo aquí en el tema de las desapariciones y muertes femeninas en Juárez pues –lamentablemente– hay muchas otras obras que lo abordan y que tendrán su justa mención en este espacio. Volviendo a Los ilegales me parece importante mencionar que la nota del Informante que acompaña a la escena del Enganchador dice precisamente algo similar: “El 25 de mayo de 1979, fueron consignados por la Procuraduría General de la República, el Jefe de Población de San Luis Río Colorado, Sonora, y dos colaboradores, acusados de responsabilidad oficial y de complicidad con bandas de “polleros” que lograron pasar a más de 200 mil indocumentados hacia Estados Unidos.” Lo que me interesa resaltar de todo lo anterior es la imagen negativa que Rascón Banda le propició desde el inicio de su carrera dramática a este lugar, es decir, cuando comenzó a escribir Los ilegales al tiempo que estudiaba en la preparatoria El Chamizal. Imagen que se agudizó aún más con la publicación, dentro de la colección Teatro de Frontera, de la antología titulada Hotel Juárez. Dramaturgia de feminicidios (2008).

Hotel Juarez (8)

La primera vez que leí Hotel Juárez me pregunté si realmente existiría este lugar. Debido a la poca información que logré conseguir y conociendo la intención metafórica de la obra di por terminada mi investigación sobre ello. Sin embargo, cuando vi la referencia al mismo lugar en una obra escrita veinte años atrás supe que este hotel tenía que existir, así que reanudé mis indagaciones –ahora incluyendo preguntas a familiares y conocidos– hasta que lo encontré, a escasos cien metros de la Avenida 16 de Septiembre (Avenida Lerdo 147); todo era cuestión de agudizar un poco más la vista.

Hotel Juarez (1)

La imagen que me queda de este reciente hallazgo es bastante similar a la de Rascón. Para mí, las instalaciones del Hotel Juárez, el verdadero, ya en ruinas, representan uno de esos tantos lugares por los que no caminaría sola cuando cae la noche sobre esta ciudad.

Amalia Rodríguez