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En realidad, el protagonista del cuento de Rulfo nunca llega a Ciudad Juárez, por lo que –de entrada– no tendría cabida en este sitio. ¿Cómo ubicar en un mapa la imprecisión geográfica de quienes anhelan llegar al otro lado? ¿Lo que la gente espera de la frontera es también parte de ella? La idea del cruce que el personaje de “Paso del Norte” lleva a cuestas, desde su rancho al pueblo y de ahí a la capital, está fortalecida, paradójicamente, con tratados de comercio internacional (como el Programa Bracero de mediados del siglo pasado) pero también con ilusiones que surgen de rumores y de ficciones mediáticas que inciden en el imaginario voraz de la necesidad. “–Y ¿qué diablos vas a hacer al Norte?” Le pregunta su padre. La incertidumbre del protagonista es tan firme como su empeño por partir. En la Ciudad de México, en donde los habitantes se disuelven entre tanta gente, busca empleo con un enganchador: “«Sí, vete a Ciudá Juárez. Yo te paso por doscientos pesos”. Tras duras jornadas en los trenes de Nonoalco (el mismo que habita José Trigo) junta el dinero y lo presenta para cerrar el trato. “–Está bien. Te voy a dar un papelito pa nuestro amigo de Ciudá Juárez. No lo pierdas. Él te pasará la frontera y de ventaja llevas hasta la contrata”.

“–Padre, nos mataron”. Típico de Rulfo. Según el difunto fue “Allá, en el Paso del Norte… estábamos pasando el río cuando nos fusilaron con los máuseres”. El agente de migración ofrece la referencia espacial exacta: Ojinaga; además, también le informa, a empellones, que de seguro fueron los apaches y de alguna manera lo ayuda en su próximo tránsito: “–Tengo ahí una partida pa los repatriados. Te daré lo del pasaje; pero si te vuelvo a devisar por aquí, te dejo a que revientes”. La división entre los vecinos estados nacionales entabla un diálogo discontinuo y a voz quebrada. Los sujetos que deambulan entre una política aparentemente bilateral expresan en sus narrativas historias sobre el logro y el fracaso, unos en un éxodo desesperado y otros –apaches, rangers, migras o tejas– en una ciega convicción que impide el cruce. Ambas perspectivas signan la frontera; la llenan de vida, frustración y violencia; la convierten en una franja no apta, aunque siempre permeable, para sueños y voluntades.

Obra de teatro Paso del norte 0005

“Paso del norte” vio la luz en El Llano en llamas y otros cuentos en 1953 (FCE); sin embargo, en la segunda edición, “corregida y aumentada”, aquella que inauguró la Colección Popular en 1970, fue retirado de la obra. ¿En serio? ¿Cómo pudiste permitirlo, Juan? “Eso yo no lo sé. Fueron los editores”. Pero a mí me parece un texto tan logrado, incluso con la falsa pista del título y todas las mutilaciones que le hiciste para que regresara al Llano. “Era un cuento muy malo. Yo no sentí que lo quitaran. Tenía dos pasos, dos saltos un poco difíciles de unir: el momento en que se va el hombre a buscar trabajo de bracero en los Estados Unidos y cuando regresa. Hay un intermedio allí que no está bien logrado. Por eso es que yo no insistí en que lo volvieran a poner”. Mejor ya ni sigas. Con ese texto siempre inicio la clase de Literatura del norte, hasta lo tengo en mp3. ¿Qué tal si se enteran? ¿Cómo te voy a defender? “Me hubiera gustado poder escribir ese cuento, trabajarlo un poco más y concretarlo, sí, porque es el único cuento antiimperialista que yo tengo, ¿no?” ¡Claro! “Tengo pensado escribir unas cosas así. A ver si en las próximas sí me lanzo duro contra los gringos”. Vale… eso suena mucho mejor.

Juan Rulfo

 

Urani Montiel