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Si en Juaritos literario parece que escribimos demasiado acerca de los bares es porque los escritores no aventuran otra construcción espacial. La vida nocturna en Ciudad Juárez, la estructura bohemia de la misma, ha sido mitificada con justa razón. Aquí no hay otro atractivo que lo prohibido y el peligro. Los bares y cantinas de la metrópolis han creado una ficción de sí mismas, apoyada por la misma literatura local: hay toda una mitología urbana en este típico cronotopo del que no escapan las “estrellas” del espectáculo local. Basta salir y contemplar el paisaje de la avenida Juárez: la efigie del ídolo, Juan Gabriel.

21 Placa JuanGa

ABCdario (2000) de César Silva Márquez, un poemario irregular y desconectado con su misma propuesta estética, apuesta a la construcción del bar. Curiosamente, al ser una obra que pretende el (re)descubrimiento de lo cotidiano, en donde las definiciones abundan, así como las descripciones de espacios vanos, los nombres de las cantinas o bares prefieren permanecer en el más bohemio anonimato.

En una serie de poemas que denotan la fantástica imaginación del poeta para nombrar a sus creaciones —“Bar” y “Bar”— son más bien una abstracción metafísica que explora, al menos en el primero, una angustia personal vinculada hacia el recuerdo:

ya describo su figura
ya sobre mí esparce la herrumbre del licor
y los amigos son palabras distantes que mencionan labios sordos
hoy entre risas y música el bar

No entiendo por qué los amigos están en cursivas. Lo que sí comprendo es la figura dentro del bar, misteriosa, que produce el distanciamiento del yo lírico con la realidad y su mundo interior. El segundo “Bar” pareciera una fotografía mucho menos efectiva:

cuerpos de ceniza
caen sobre mi vaso;
blancas voces de humo
se rompen con mi respiración

Un hombre que fuma dentro de cualquier bar. No son versos simples, sino “claros” de acuerdo con su amigo Jorge Humberto Chávez, que aparece en “De Édgar o Jorge por un después”, otro poema dedicado a la imagen del recurrente lugar. La voz lírica aventura una definición de la atmósfera:

bar perfecto sol en media tarde
entre luna índice y pulgar mis labios beben
un principio exacto de licor y brindis.

En otro poema se define al bar como una “tórrida semilla”; es decir, se describe e insiste en el calor y el brindis dentro del espacio. Lo terriblemente mundano.

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Intuyo, por último, la construcción de cualquier bar de este poemario en la Juárez, ya que en “Ciudades” —no en “Ciudades” que aparece después— retrata otra fotografía “clara”: “heme aquí en la esquina Juárez / no le faltan locos en el jardín a esta ciudad”. Puede estar hablando de Juárez en general, no lo niego; pero quiero ofrecer una interpretación: describe más bien a la célebre avenida, concebida como el jardín —kindergarten— local donde los locos, los asesinos, los que lloran y las estrellas de la literatura juarense se reúnen a socializar. De ahí eufemismos borrachos como “licor” y “brindis”. Hoy sé que la ciudad agoniza desde hace tiempo.

21 Juanga Mural

Antonio Rubio