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Uno de los máximos exponentes contemporáneos del cuento, en ocasiones considerado como el sucesor de otros grandes como Juan Rulfo y José Revueltas, ha sido Eduardo Antonio Parra (León, Guanajuato 1995); narrador cuyo espacio literario procura, en su mayoría, escenarios del norte mexicano. Parra, residiendo un par de años en el estado de Tamaulipas, pronto emigró a Nuevo León donde tuvo su formación literaria e intelectual fuerte y durante los años consecuentes de su trayectoria, recorrió y absorbió las situaciones cotidianas de estados como Sinaloa y Chihuahua. Tierra de nadie es su segundo libro de cuentos publicado por la editorial Era en 1999, durante una época en donde ya había sido becario de espacios como el Centro de Escritores de Nuevo León y el FONCA. Su último trabajo fue la compilación de Norte: una antología (Era, 2015), en donde incluye cuentos de autores canónicos del norte mexicano, como los chihuahuenses Martín Luis Guzmán, Rafael F. Muñoz, Jesús Gardea, Ignacio Solares, Víctor Hugo Rascón Banda, Rodrigo Pérez Rembao y César Silva Márquez.

29 Eduardo Antonio Parra

Tierra de nadie es un compendio de nueve textos repartidos en tres apartados que, como el apodo del Far West por antonomasia, es decir, la “tierra de nadie”, desemboca en espacios del norte mexicano, páramos y extensiones desiertas, cualquier ciudad del noreste o noroeste o escenarios ficticios bien delimitados con referencias a espacios reales. El cuento “El escaparate de los sueños” (59-69) es uno de estos. Con dos personajes destacados, el protagonista y su colega el Tintán, el cuento narra otro rutinario día de estos camelleros en el puente Santa Fe, espacio que vincula dos naciones y dos icónicas calles de ambos lados de la frontera: la mítica Avenida Juárez y El Paso Street. Entre el bullicio de los autos, el sol ardiendo sobre el pavimento del puente y la espera de señoras dispuestas a dar propina, Reyes mira con idilio a la ciudad de El Paso, todo auto o peatón deambulando, incluidos los personajes principales, forman parte de esta exhibición de sueños, y el sueño aquí es el american dream.

La Juárez

“La hilera de coches se extendía a lo largo de seis cuadras por la Avenida Juárez”. Apenas comienza el cuento, ya hay una localización exacta; ya hay un traslado del personaje principal que va llegando al Puente Internacional Santa Fe por esa mítica avenida. En su recorrido, el lugar es azotado por el sol de la canícula, algunos coches poseen aire acondicionado y el protagonista, Reyes, se consuela con acercarse a la sombra del techo de los mexican curios, o con absorber el aire refrigerado de los bares del sitio. La construcción de este escenario coincide con la Avenida Juárez de finales de los años noventa; si bien no con el apogeo turístico de dicha calle, al menos sí con la conservación de bares, cantinas y escaparates de “recuerditos” de este lado del Río. Imaginar la hilera extendida a lo largo de “seis cuadras” por la Juárez ya denota que la fila se extiende quizás hasta la avenida 16 de Septiembre, que hasta hace todavía un par de años, aún era transitable por vehículos y que ahora sostiene túneles.

29 Puente (3)

El puente y el Río

“y con andar desganado se internó en el puente internacional, cuyas veredas peatonales, al contrario de los carriles llenos de vehículos, parecían evaporarse en la soledad de la canícula”. La transición de la avenida a la zona del puente sucede en apenas unas líneas; Reyes entonces saluda a los aduanales con un ademán y avanza por la acera en ese tramo de puentes intercasetas. Ahí se encuentra con su compañero, el Tintán, quien le recuerda el haber llegado tarde; entonces sabemos que se dedican al camellaje, es decir, ayudan a cargar maletas, bolsas o cajas de peatones que vienen o van de país a país. Su compañero lo espera en la “placa divisoria”. Aquí encontramos otro elemento icónico de la zona de cruce peatonal: esa placa ubicada justo a la mitad del tramo, un espacio donde hoy es común ver a vendedores entre las filas de vehículos. En el texto, a diferencia de la fila que viene desde cuadras atrás de La Juárez, la zona de peatones luce casi vacía; sabemos que el sol es intenso, y que “Sólo uno que otro peatón se aventuraba a cruzarlo a esa hora, rápido, con el cuerpo encogido, como si en vez del sol huyera de la policía norteamericana”.

29 Puente placa

La construcción del Río en el cuento es breve y lleva consigo toda la carga simbólica; “se inclinó por encima del barandal para escupir al río un cuajo de resentimiento. Abajo el agua transitaba espejeante, tornasolada, absorbiendo sin resistencia los rayos solares que en ocasiones la tornaban turbia, semejante al flujo de un gran desagüe industrial. Al ver la lentitud del Bravo se reprochó por enésima ocasión su incapacidad para vencer ese pánico al agua en movimiento que había convertido en fracaso sus impulsos de cruzarlo a nado”. La incapacidad del cruce nos revela, por si la estancia de su padre en Estados Unidos no bastara, su deseo de vivir en El Paso y su configuración imaginaria de esta ciudad como sinónimo de todo EE.UU. Reyes se mantiene en un constante anhelo, no del retorno de la figura paterna sino del acto de habitar, de cruzar. Ese es el sueño americano.

29 Puente (5)

En materia de periferias y otros sitios ubicables, el texto menciona sólo de lejos espacios reales con motivos de contextualización: “Por eso cuando empezaba a oscurecer y los compas abandonaban el puente para gastar monedas del día en algún antro de la calle Mariscal, Reyes permanecía por horas en ese lugar, hipnotizado por el espectáculo de pirotecnia que eran las avenidas rectas bien iluminadas, los tubos de neón en la cumbre de los edificios, la sucesión de faros a gran velocidad que se deslizaban por los altísimos freeways. Y en invierno podía soportar las temperaturas bajo cero con tal de estar presente cuando la estrella luminosa del cerro fuera encendiendo cada una de sus puntas”. La calle Ignacio Mariscal, a diferencia de la avenida Juárez, se extiende ininterrumpidamente por todo el primer cuadro de la ciudad, desde el Centro, hasta la avenida División del Norte; su fracción paralela a la Juárez aún mantiene bares, aunque en menores proporciones, y su construcción o mitificación real le ha dado una connotación de la calle por excelencia de los prostíbulos. Ese versus en la ficción habla de que mientras sus compañeros, otros camelleros del puente gastan lo obtenido en vicios, el personaje prefiere mirar la ciudad del otro lado, definiendo como se definiría El Paso de noche. El mismo texto explica que toda la configuración visual de Reyes respecto a esta ciudad yace en lo que puede ver desde el puente (donde trabaja), el Chamizal, o la orilla mexicana del Bravo. Hay otro escenario que suele ser un punto de comparación y que se narra con aires de nostalgia, el municipio de Guadalupe y Calvo, ubicado al sur de Chihuahua en colindancia con Sinaloa. Ese contraste simbólico (venir desde la zona más baja del estado hasta la extrema frontera) se nutre con la ruptura del paradigma del personaje que, en un choque de valentía y en una acción espontánea pero trazada a presión desde el inicio del cuento, aprovecha un percance en la línea vehicular para entrar por la puerta grande.

29 River crossing

 

En conclusión, las representaciones de Parra en el cuento “El escaparate de los sueños” permanecen en el lugar común de la frontera; hay una coincidencia temporal quizá no trazada a detalle, pero que rescata elementos esenciales para su configuración: el hastío vehicular, la ciudad detenida por los fuertes soles, el sueño americano y Estados Unidos como el sitio ideal, cruzarlo como la solución instantánea a los conflictos de pobreza y marginación. La figura del Río en la zona urbana busca rescatar el estereotipo del Bravo como un cuerpo de agua engañoso, voluble y cruento.

-Se ve bien calmado- dijo el Tintán como si hubiera leído sus pensamientos-, pero no se te olvide que es el río más traicionero del mundo.
-Cuestión de saberle el modo…
-No te creas, compa. Ahí se quedaron muchos que le sabían el modo, como tú dices.

Míkel F. Deltoya