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Estuvimos a punto de abandonar la búsqueda de obras infantiles en donde Ciudad Juárez apareciera como telón de fondo de la trama (en narrativa o teatro) o interiorizado en imágenes poéticas… quizá una mera alusión, algún personaje venido del norte, un espacio latente que tomara forma en la cartografía mental de la niña, la reedición de antiguas composiciones presentadas para la lectura infantil (como en este caso), pero nada. Finalmente –y de verdad espero que se vayan sumando muchas más– encontramos una aguja bien escurridiza en este pajar llamado Juaritos Literario. Con motivo de la semana de autor, dedicada en esta ocasión a Carmen Amato, nos pusimos a rastrear toda su obra o la que se deja encontrar en la anárquica sección de la Biblioteca Central de la UACJ, allá por los rumbos de la PQ 7298. Por suerte, uno nunca empieza de cero y siempre hay quien aventaja y permite reciclar esfuerzos. Me refiero al colectivo independiente Palabras de Arena, quienes estuvieron activas hasta mediados del 2013. Por esas fechas, la profesora Susana Báez ya había compilado una Antología de lectura infantil y juvenil para Chihuahua. El título es un tanto engañoso, ya que al hacer explícita la región del destinatario se espera que el contenido represente los espacios o las condiciones de esa misma entidad. Esto no es así. Si cambiáramos Chihuahua por cualquier otro estado, el libro Leer es sembrar futuro seguiría funcionando para cualquier lector de habla hispana. Por fortuna, las excepciones hacen un justo reclamo. Por un lado, el parralense Antonio Zúñiga ubica su breve relato, “Lavadoras automáticas”, en su ciudad natal; y, por otro, las “Las tres pieles del yo”, de Carmen Amato, cierran la Antología recordando lo cotidiano “en esta otra ciudad también llamada Juárez”.

La sección se compone de una triada de poemas dirigidos a un igual número de elementos: cuerpo, casa y ciudad. De menor a mayor (en cuanto a extensión, pero no en importancia), los espacios trazan un recorrido que inicia en la esfera personal y privada del infante, la cual obtiene resguardo en el seno del hogar ubicado, a su vez y como en círculos concéntricos, en el ámbito urbano. La primera piel se traduce en movimiento, aquel con el que partimos a sabiendas que “A donde vaya”, “me voy completa, / con mi colección de dolores, / con el álbum familiar en la espalda, / con el nido vacío en el pecho”. La siguiente epidermis, “La casa”, posee materia y se levanta desde el traspatio y a la sombra de la ropa tendida “como banderas / de paz en el desierto”. A la voz del “yo niña”, la protege la cadencia de la figura materna conjugada con “los signos de mi padre”. La piel última, un poema que Amato ha publicado aquí y allá, oscila hacia atrás en el tiempo, uno que parece no volver. “El otro Juárez” evoca y retrata “las visiones lejanas de una ciudad / distante, las facciones exactas de los que / ya no existen / mas siguen transitando persistentes y vivos”, como cualquier memoria. El trayecto simultáneo entre tres sitios a escala ilustra cómo desde pequeños encarnamos espacios: el citadino (que se extiende a medida que abandonamos la infancia), el del hogar (reconstruido solo a partir de la rutina de sus habitantes) y el de cuerpo, tatuado de presencias pasadas.

35 Amato - Tres pieles yo

Ixtla-obsidiana nació en esta ciudad al amanecer de un noviembre; su hermana, Yaoci-guerrera, llevaba años en espera. Ambas sintieron aquí un adiós que les vacío el pecho; las dos saben que a donde vayan su estancia al norte va completa en ellas… cargan consigo un montón de recuerdos. Pero su tiempo en Juárez sí es retornable –no es un otro ni es lejano– y ocurre en emociones a cada tanto. Retornan a él cada que voy a verlas y se viene conmigo en cada mensual regreso.

35 ElMac

Urani Montiel