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En la presentación a Canto a una ciudad en el desierto (2004) Carmen Amanto señala que uno de los objetivos de los encuentros de poetas en Ciudad Juárez desarrollados en aquella época era “sensibilizar a una comunidad que se siente alterada por los embates de la violencia, en un intento por señalar que Ciudad Juárez no se caracteriza por la prostitución, los efectos negativos de la industria maquiladora, el narcotráfico y la violencia contra las mujeres”. Tengo 24 años viviendo aquí y a pesar de los años difíciles que pasaron –siguen pasando– coincido con lo anterior: Juárez es mucho más, tal y como lo expresan algunos poemas de la escritora juarense.

Para numerosas personas, Juárez es el espacio “donde se cristalizan / las cosas más tangibles”; muchos no tuvieron más opción que dejar de verlo como un punto de paso y convertirlo en su hogar, pero siempre recordando sus raíces: “El sur no es un lugar / es el Origen / de donde vuelven los corazones / restaurados, / no es un tiempo, / es el instante de la memoria / que el mismo sol activa”. Sin embargo, creo que esta experiencia no siempre resulta negativa; no para todos “el norte es el exilio, / limbo en que despertamos / los desterrados”. Mis abuelos, tanto del lado materno como paterno, migraron desde muy jóvenes hacia esta ciudad –de Zacatecas y Coahuila respectivamente. Aquí construyeron sus hogares y familias y a pesar de que aún conservan recuerdos y añoranzas nunca pensaron en moverse de nuevo.

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Mi abuela eligió este lugar –desde el que escribo justo en estos momentos– para asentarse y mantener junta a su familia: su casa ahora “es un poema / en donde el verde rima / con un tiempo de antes”. Todas esas plantas y flores a las que le dedica varias horas del día quizá le recuerden a su pueblo natal, pero también aquel tiempo en que llegó a Juárez, cuando todo era solo valle y algodonales; los niños podían irse a las primarias y secundarias del centro solos y sin peligro (mi mamá aún no se cansa de presumirlo o más bien de recriminárnoslo), y cuando no había una maquiladora detrás de nuestra casa. Frente al domicilio de mi abuela veo “esa aromática contienda” en la que “Una mujer recoge / y tiende ropa en el traspatio / como banderas de paz / en el desierto”.

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Amalia Rodríguez