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Carmen Amato es una poeta proveniente de Aguascalientes que luego de haber vivido la mayor parte de su vida en Juárez ha sido adoptada por la ciudad. Es reconocida por su labor cultural y social, pero sobre todo por su poesía. El silencio que se hiela en la blancura de las hojas fue el proyecto presentado en 1996 para la titulación de maestría en Creación Literaria por la Universidad de Texas en El Paso. Varios de esos poemas fueron luego rescatados en diferentes antologías. El trabajo se divide en siete apartados: “Signos”, “Eclipse de aguas”, “Nunca será noviembre”, “La noche habla”, “Desencuentros”, “Tres elegías” e “Invocación a Magdalena”. En “Desencuentros”, sobre todo, se rescata la visión de los “desterrados”, los migrantes, tema muy importante en la literatura de la ciudad. Aquí apuntala la visión de Juárez como espacio poético por medio del desierto, del sol y la frontera como bloques fundacionales.

En los poemas de Amato el desierto es el escenario principal, acompañado no del día, sino de la noche. En la noche del desierto juarense el silencio impera junto al vacío –un silencio y un vacío creador: “En la oscuridad sólo la noche habla”. La poeta llega a lo más profundo de la soledad del desierto donde existe otro mundo “insoportablemente blanco, en un país de hielo”; donde lo infecundo se transforma en una hoja en blanco llena de posibilidades. Aquí la imagen de la ciudad emerge en el centro de un desierto estéril, un milagro que rompe el silencio como las palabras en una página en limpio. En esta imagen ya no importa el muro que se ha trazado en el territorio entre Juárez y El Paso; ambas ciudades comparten este acto creador. En la poesía llega a reconciliarse la dualidad del espacio fronterizo. Sin embrago, frente a la noche creadora, se presenta el sol, signo destructor que convierte todo en arena, a través de la cual el tiempo pasa voraz dejando una ciudad llena de polvo:

Te vas quedando sin saberlo
entre los dedos de los árboles,
entre las calles convertido en polvo,
prendido en los zapatos
de la gente…

37 Juárez El Paso

Se presenta una ciudad contradictoria que a finales del siglo pasado vivía tiempos difíciles. La violencia y los feminicidios se dieron cita y la poesía se convertía en el último refugio. En “Ciudad que se restaura” se presenta la imagen de la ciudad golpeada que obtiene su retorno triunfal una vez purificada por la lluvia. Al inicio los pájaros, símbolos de la migración y libertad a prueba de muros, caen moribundos ante la catástrofe de la ciudad herida; “de aquella ciudad antes gloriosa queda muy poco”, sólo su catedral en ruinas y las avenidas estancadas “donde no corre el día”. Se ha ido la templanza y la dignidad de este gigante.

Sobre todas mis muertes
se levantó mi mano
buscando el alivio de otra mano,
y ésta, marcó tan sólo la distancia.

La restauración se asoma “un milenio después” cuando la lluvia llega y la bestia puede dormir lavadas sus heridas, dice el poema. La voz poética así reclama el abandono de la ciudad en ruinas; quienes partieron ya no estarán para ver el espléndido renacer; pero la misma voz expurga sus tristezas en una premonición que no se cumple. La renovación no llegó con el milenio; las heridas se volvieron más grandes, más aves emigraron y sólo queda seguir esperando el caer de la lluvia.

37 Lluvia larednoticias

 

Carolina Ordaz