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Hace menos de un año, en un encuentro internacional de poetas en esta ciudad, una colombiana que nos compartió su poesía también nos ofreció su perspectiva de la frontera. Ella, que nació en la riqueza de la selva, encontró en el silencio del desierto un espacio donde fluía el pensamiento y la pulsión creadora con mayor libertad, según mencionó. Su opinión siempre la tengo presente porque fue sincera, como seguro lo fue la de los conquistadores al expresar en sus crónicas las tierras ahora llamadas americanas: la alteridad. Esta recepción la encuentro de la misma manera en uno de los personajes de Noticias del imperio, Benito Juárez. Fernando del Paso desde su primera novela, José Trigo, tomó la historia como una de las herramientas en la construcción de su obra poética. La guerra cristera y los movimientos ferrocarrileros fueron los que le dieron el contexto a esta narración. La segunda, Palinuro de México, explota más esa diversidad: utiliza la primera guerra mundial, la revolución mexicana, el movimiento estudiantil y la intervención francesa. Su tercera novela (1987) es considerada histórica tal cual. Sinceramente no me molesta la clasificación ni la creo limitante. En esta aparece la cumbre de una poética que Fernando del Paso instauró por medio de su narrativa, la unión de valencias antitéticas: “tratar de conciliar todo lo verdadero que pueda tener la historia con lo exacto que pueda tener la invención”.

Ahora bien, a la hora de narrar los hechos del Segundo Imperio, el autor tiene que tornar su mirada hacia esta tierra fronteriza. Pero siendo sinceros no nos dice mucho de ella de forma descriptiva. La única expresión geográfica es “desierto ondulado” y eso refiriéndose a Samalayuca. Pero por otro lado, la recreación del Paso del Norte a través de esta obra es peculiar y efectiva. El espacio se construye a través de la formulación introspectiva de un personaje que lo habita: Pablo Benito Juárez García. Frente a frente, Juárez y Paso del Norte son una unidad desdoblada, ruptura y unión: plutonismo que otorga identidad. Tanto uno y otro son lo marginal, la periferia, la soledad. En el momento más crítico de su vida, el Benemérito de las Américas se enfrenta al destierro hacia un espacio digno a su miserable condición. ¿Qué es Paso del Norte comparado con la metrópoli? Y Juárez desde el texto se cuestiona: ¿qué soy yo comparado con Maximiliano?

39 Maximiliano

Paso del Norte se presenta como ese limbo, es y no es México. Huérfano y olvidado, esperando que alguien conjure su nombre para existir. Tiempo detenido, lugar para los exiliados que tal vez sólo por la presión de la nada se instalan aquí. Es por eso que Benito Juárez al entrar en esta tierra es y no es el presidente de México. De algún modo antes de ingresar a ella se convirtió en un extraño: “Pero lo que quería yo decirle es que a veces me pregunto si de verdad conozco todo esto… Es decir… no sé si me explico. Mire usted… Esa noche, junto al Nazas, allá a lo lejos las montañas majestuosas bañadas por la luz de la luna, oí de pronto el canto de unos pájaros. Cuando yo era niño, Señor Secretario, no hablaba castellano, pero conocía el idioma de los pájaros. O eso creía yo. Y esa noche, a la orilla del Nazas, mientras el austríaco vestido de charro daba el grito en Dolores, y la gente lo aplaudía y lo vitoreaba, descubrí que ese idioma se me había olvidado… y que tal vez tampoco entiendo ya lo que mi país, lo que esta tierra, este suelo y mis compatriotas me están diciendo”.

39 Carreta Juárez

La soledad de la tierra del norte, del Río Grande, le permite al personaje una revisión de su condición, una especie de exploración de sí mismo que se vuelve paralela a la de la frontera. Sin el ruido de la ciudad, el silencio le deletrea palabras de viento que le narran su miseria. El destino se le vuelve miserable como la tierra que pisan sus pies: “Sí, sí, pero el caso es que estoy cada vez más solo. O quizás deba decir: estamos cada vez más solos”. Cuando recupera el poder, ¿qué es del Paso del Norte? Nada, lo mismo. Lo que es y no. Ya la historia se encargaría de darle otra presidencia marginal en unas cuantas décadas. Por lo pronto Juárez regresa al centro que es el lugar de la victoria. Si el autor de Noticias del imperio no nos dio una espléndida descripción física de la ahora Heroica Ciudad Juárez, hizo algo más interesante: dio en el clavo respecto a su condición simbólica de espacio constituido de exiliados: si no nosotros, nuestros padres o nuestros abuelos.

39 Busto Juarez 16 septiembre

Fernando del Paso explota la historia porque es a través de ella y de lo poético donde encuentra si no respuestas al menos sí interrogantes de la condición del ser humano, que para el caso es lo mismo. Ciudad Juárez no es tan diferente que ese Paso del Norte. Pienso, por ejemplo, en esas colonias del sur de la ciudad pegadas al desierto y en sus habitantes, muchos migrantes de otras tierras como Veracruz. Me imagino que al pasar por ese océano de arena que asemeja sus costas (inolvidables) en lugar de escuchar las olas del mar escuchan el silencio y en el silencio se encuentran y lo que hallan (yo no lo sé pero ellos sí), a lo mejor es lo mismo que encontró Juárez (el real y el ficticio), quizá lo mismo que encuentro yo. Ciudad Juárez, tierra de exiliados, Paso del Norte, refugio cubierto de espinas que al fin y al cabo es esperanza disfrazada de nostalgia y agonía.

Graciela Solórzano Castillo