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La trayectoria del Dr. Ricardo Vigueras, profesor de la UACJ, es bien conocida en esta frontera. Crítica y creación se conjugan en su escritura: Breve introducción a la novela la policíaca latina (2009) y Nuestra señora de la sangre (2013), por ejemplo. Creo que “Un grito en la madrugada”, cuento que abre A vuelta de rueda tras la muerte (2014), está bastante cercano al género negro. Su trama se desarrolla en la indiferencia gestada dentro de una urbe como lo es Ciudad Juárez. Entre los protagonistas principales, el taxista Pocamadre y la maestra Trini, se desarrolla una extraña relación que comienza desde lo laboral hasta la intimidad de la cama.

El espacio descrito en la obra retrata la indolencia urbana que se vive en el día a día en la ciudad, donde los sucesos pasan sin causar asombro o escándalo. La constante indiferencia de la sociedad se asume como el resultado del desinterés por el prójimo que recrudece la convivencia, la entume y la desensibiliza ante la tragedia ajena. No obstante, la narrativa de Vigueras describe una situación más compleja pues escenifica las circunstancias de Ciudad Juárez en un punto de recuperación de los tiempos en que se vivían cosas terribles. Teniendo esto presente, se entiende tanto a los protagonistas como a sus relaciones centradas en los haberes individuales. Cuando uno de estos personajes se percata de los sucesos que afectan a otro, solo los analiza sin mostrar el menor interés emocional por esa segunda figura más allá del provecho que le pueda redituar a él. El cuento plasma adecuadamente un escenario que encierra el desarrollo verosímil de la historia, ya que hace referencia a sucesos propios de una vida citadina nocturna –que me consta son ciertos. El espacio urbano permite asociar el contenido literario, que el autor imprime, con sus lectores.

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Como originario de Juárez y con la fortuna de haber radicado en otras ciudades del continente, como la megalópolis de la capital de México y, en contraste, el área metropolitana de Kansas, KS.,  puedo afirmar y estar conforme con mi ser juarense. La singular distribución urbana –única en el país–, el desierto siempre a las espaldas y todo por lo que hemos pasado en años recientes (ideal para tramas de novela negra) pone a prueba el temple de sus ciudadanos. Quizá esa sea la imagen literaria que se está gestando, sin abandonar las típicas postales de cabaret y el hedonismo de las altas horas.

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Alejandro López