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“Ballenas en el cielo de Juárez”, de Magali Velasco, es una breve reflexión sobre la sociedad juarense enfocada en una comparación entre los trágicos acontecimientos de los campos de concentración en Auschwitz y el ambiente de inseguridad en nuestra ciudad. La crónica, publicada originalmente en la revista Replicante en el 2009, funciona como un nexo literario y descriptivo entre dos tiempos y espacios conocidos por el peso que la violencia ha ejercido sobre ellos. Son notables el sentido agudo de observación y la sensibilidad que hacen posible este puente temático para describir una urbe a partir de un legado histórico. Su reciente inclusión en la antología Road to Ciudad Juárez, preparada por Antonio Moreno hace un par de años, refleja el interés por aproximarse a la comunidad fronteriza, escuchar a su gente y relacionar sus circunstancias con el espacio que habitan. Su lectura, aunque corta, está repleta de parámetros para analizar la ciudad e iniciar un diálogo sobre la caracterización personal y sobre cómo percibimos su esencia. Abordar la reinterpretación que los habitantes hacemos de nuestros espacios es esencial para comprender las consecuencias y el alcance que tienen los problemas de una sociedad. Es así como es posible conocer la verdadera consternación de los ciudadanos e iniciar la búsqueda de soluciones.

Velasco traza una justificada comparación entre ambos contextos: en el aire, primera señal de un espacio compartido, se percibe la melancolía y la pesadumbre de una ciudad sumida en la ansiedad. El hombre que empuja una carriola repleta de latas pepenadas presenta al lector la conexión entre las dos ciudades. Los objetos se contrastan y, como con la lluvia y la nieve que se confunden en los cerros de Juárez, adquieren tintes con cargas semánticas muy distintas a las pensadas inicialmente. El espacio plasmado en este texto es de naturaleza melancólica, como en un diálogo con la interioridad de la autora. Las formas en las nubes no son más que el deseo traducido a una interpretación visual del cielo. Después de todo, aquel que busca formas en el cielo las encontrará. Pero esta búsqueda no refleja una mera inocencia de la escritora, sino una profunda melancolía. La Universidad Autónoma de Ciudad Juárez se ve plasmada, sí, pero sólo en tanto se logra adjudicarle la angustia y el miedo como señas particulares. La nieve y la lluvia figuran como elementos espaciales que marcan un progreso temporal: su presencia en una descripción de esta índole nos habla de un inevitable fluir del tiempo que hace progresar a los habitantes, incluso a través de las fuertes dolencias que son ya parte del espacio juarense.

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En primera instancia, la evocación de un lugar como Auschwitz me parecía problemática al contrastarla con la historia de Juárez; generalmente, esta ciudad es relacionada con la impunidad y la impotencia de las instituciones, y no con el directo y transparente abuso del poder permeado por una cerrada ideología. Sin embargo, se vuelve evidente que estas relaciones existen ya en nuestro entorno: el poder que públicamente se encarga de nuestra seguridad es también responsable de su violencia. La pesadumbre mencionada se encuentra en los esfuerzos por sobrevivir realizados por numerosos habitantes de la frontera. Aquellos que no lo logran, sino que simplemente viven, lo hacen bajo un cielo que, según la crónica, tiene “algo vampirezco”. La ciudad, su contexto, el espacio y los habitantes son los elementos que resuenan en la pluma de Magali Velasco, dotándolos de un distintivo manto que sólo es acentuado en su comparación con otro hecho histórico que causó incontables decesos y marcó un paradigma mundial. Ciudad Juárez viene, en estos turbulentos tiempos, a conversar con otras historias, fijándose en el consciente colectivo. Adentrarse en el imaginario espacial de esta ya fantástica ciudad conlleva un pacto por escuchar las voces de sus agobiados habitantes y, sobre todo, por observar no solo el suelo juarense, sino también su cielo y lo que en él habita y se desprende.

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Hugo Moreno