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Lights es la obra más reciente de Edeberto, “Pilo” Galindo y formó parte de la cartelera del 34Festival de Teatro de la Ciudad durante julio del presente año. En estos días se presenta antes de la hora de la comida en el Teatro Experimental Octavio Trías por la compañía La Última Butaca, bajo la dirección de Jissel Arrollo y las actuaciones de Sandra Castañeda y Benjamín Duarte.

El espectáculo despliega el tema de la violencia en Ciudad Juárez, cuyo núcleo principal es el de una sociedad enferma como consecuencia de un mal común: el dinero, que convive en un espacio donde se ha perdido la noción de verdad y el asombro, y donde el amor es solo una trampa. La acción ocurre en dos espacios principales: la cárcel, donde se encuentra el criminal, y la casa de la abogada cuyo nombre no es revelado hasta que el acusado lo enuncia en la escena final. Ambos nombres protagónicos se mantienen ocultos para el espectador, quien en la representación no los escucha; mientras que el lector en el texto dramático solo encuentra los pronombres Él y Ella. Estos espacios se vinculan a través de referencias (proyecciones) a calles iluminadas por luces artificiales de automóviles y envueltas en ruido de sirenas, los cuales sintetizan el ámbito violento y cotidiano que se entrelazan en una telaraña de corrupción. Se mezclan –como en la escena de la violación– en irónica unión en la que la ilegalidad es parte de la vida diaria. Dicha mezcla se materializa en la puesta en escena en la que el espectador asiste al mismo tiempo a dos espacios y contempla a dos personajes –Diana y Giovanni– distanciados de manera simultánea.

Se indica en la acotación: “Dos espacios. Celda y casa. Ella descorchando una botella de vino tinto. Él recostado boca-arriba en el camastro de su celda”. El hecho de violencia es tal que, aunque se trate de personas diferentes en sitios distintos, la escena de un tiroteo parece una acción infinitamente repetible que adquiere carácter de cifra.

“Él. Alguien tuvo que organizar a los taxistas para que la hicieran de ‘halcones’ y conseguir al comandante en turno de la policía federal y de los militares para pagarles el favor de dejar el área ‘limpia’ de tal hora a tal hora, para que llegara la horda de sicarios e hicieran una masacre en Salvarcar! Eso es logística!”

Se trata de una referencia a las constantes masacres cometidas en la ciudad. Bien puede aludir a los crímenes en esa misma zona durante el 2010 o a las constantes irrupciones a las viviendas durante el 2016.

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Con solo unos pocos trazos el dramaturgo sitúa al lector/espectador ante unos espacios que bajo el velo de la masacre se tornan oscuramente iguales. En la obra se sintetiza la ciudad como un espacio donde sus calles y lugares son siempre un campo de batalla en busca de intereses desconocidos para la mayoría. Verdad, justicia y ética son convenciones que sustentan una sociedad. Todo lo cual es acertadamente propuesto y representado en la obra dramática mediante los diálogos y el movimiento escénico. El espacio y el individuo se vuelven uno: victima/victimario se reflejan en una celda reducida, pobre y gris. Al ser todos culpables –e inocentes– como parte de una misma red de hechos, la ciudad se minimiza, convirtiéndose en una celda, un pequeño cubículo en el infierno. En este sentido, la imagen literaria coincide con una realidad en la que los valores son tergiversados y las normas indefinidas, en la cual la vida privada es constantemente violentada por el crimen.

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Lisset Cárdenas Talamantes