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I. Desde que nació el proyecto de Cartografía Literaria hemos escrito, en general, sobre espacios y lugares que conforman e imaginan la historia de nuestra ciudad. Nuestro propósito es combatir el olvido: reproducir y transmitir la memoria. Es el amor que le confiamos a estas representaciones espaciales de nosotros mismos —nuestros sueños y angustias— lo que nos ha llevado a publicar más de 50 entradas a lo largo de no menos de medio año. Hoy, sin embargo, siento la necesidad de representar una escena melodramática: mis dedos desfallecen cuando ahora me toca describir, a partir del escalofrío, el miedo de aquellos territorios trágicos. Paso de imaginar el ambiente íntimo y seductor de los bares, callejones de la nostalgia y esas avenidas de luces, para acercarme a aquellos espacios de terror: Lomas de Poleo, Lote Bravo, el Valle. Ha sido una semana de textos tristes (tanto Antonio Zúñiga como Pilo Galindo tratan este tema): recordar aquello que quisiéramos olvidar pero es imposible puesto que el olvido es precisamente lo que hay que combatir; es nuestra lucha.

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II. Inspirados en el movimiento de Teatro Clandestino, liderado por Vicente Leñero, el propósito de dramaturgos como Antonio Zúñiga, Perla de la Rosa o Pilo Galindo era claro: utilizar la imaginación para reinterpretar las noticias que aquejaban a la frontera; enfrentar el silencio desde esta literatura que “no debiera leerse”. Su idea del arte, confesaba en una clase Perla de la Rosa, era la del manifiesto de una emergencia (o más bien la búsqueda de lo efímero): una catarsis ante el dolor. Asimismo, ella reconocía dos de los mayores riesgos al abordar esta temática: la apropiación del dolor ajeno y el oportunismo. Pero finalmente esta serie de obras atañen a esa necesidad seria de atacar la indiferencia de los autores, así como el cinismo de los políticos.

Cinco dramaturgos

Si bien Lomas de Poleo de Pilo Galindo o Antígona de Perla de la Rosa retoman noticias harto conocidas, su reinterpretación de los hechos es, en conclusión, algo que los distingue de otros autores también locales que plasman la violencia desde la frialdad, la ambición por el reconocimiento (premios, becas), la deshumanización del ser a través de las cifras y los medios de comunicación. La postura de estos dramaturgos, desde mi punto de vista, fue en su momento noble y efectiva, puesto que buscaban dotar de una voz y una conciencia a las figuras acalladas por el olvido (aunque su situación presente contradiga estas posturas pasadas). No eran obras que buscaran leerse, sino representarse. De alguna manera daban vida a estas muertas y, lo más importante, el nombre que les fue negado. En Lomas de Poleo el espacio es innombrable, pero sus protagonistas SÍ tienen un nombre: Nancy, Erika, Miriam, Angélica, Sofía. Ellas. En el caso de los otros, o su nominación es negada en una justa venganza (oficiales de la fiscalía, miembros de las instituciones, políticos) o son una configuración compleja del bien y del mal: Güicho y Mauro son asimismo victimarios, padres de familia, voceros… Mas ellas, las protagonistas de la obra, yacen ahí, fuera del tiempo y del espacio, soportando la angustia de no saberse muertas, de no saberse halladas. En el encuentro yace y florece su identidad, el recuerdo de su nombre, de lo que fueron alguna vez.

La composición espacial de Lomas de Poleo es compleja. El escenario, dividido en tres niveles, contiene diferentes planos de la existencia y de la historia. Por un lado, el primer nivel es la cima de una loma y asimismo lo dividen tres áreas: el exterior de una casucha solitaria, una tapia y un puente que une los extremos. El nivel dos es la pendiente de la loma. Finalmente, el tercero es el que sobrelleva los cambios y el contenedor de las acciones y los personajes. Divido en dos áreas, lo conforman una pequeña casa y diversas composiciones de lugares: una calle, un anfiteatro, el área de producción de una maquiladora. El movimiento define a este escenario. Lo mismo ocurre con el tiempo, inasible, pues parece ser imaginado por una conciencia que moldea las horas a través de caprichos distintos. Ora como un nefasto eterno retorno, donde la violentación de escenarios y personajes se vuelve cíclica, ora para dotar a estas figuras ausentes de un pasado y una historia particular, antes de su terrible yacer en el otro plano metafísico: el de la ignorancia de la muerte. El tiempo, en conclusión, no es el mismo para las mujeres que para sus agresores: para ellas está detenido, así como la ropa con la que vestían o las heridas que llevan igual a un estigma horrible.

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III. En algún pasaje de Policía de Ciudad Juárez, la novela de Miguel Ángel Chávez, hay una matanza en una ruta de personal. Frente a esta imagen, el personaje no puede sino sentir ganas de llorar, con todo ese dramatismo de plástico que seguirá en toda la novela hasta culminar en esa hilarante comparación del sexo de una mujer con el huitlacoche. En Lomas de Poleo, sin embargo, hay una escena en donde no hay lágrimas ni violencia pero que contiene toda esa crisis existencial que la puede provocar (como las zonas de guerra en general) en determinado espacio: esa convivencia con el horror de leer en las noticias o escuchar en la radio que se encontraron más de cien osamentas en “Lote Bravo” o “Lomas de Poleo”. Cien nombres contenidos, cien historias personales, que se reducen y encuentran su redención en las palabras de Maty en el conciliábulo de las sombras: “¡Ya estoy harta de ustedes! De que nunca se preocupen por mí, de que nunca me hagan caso. ¡Harta de ser invisible! De que nadie me vea nunca. Ni siquiera como una pinchi sombra que pasa y molesta a la vista. ¡Harta de no ser ni un murmullo que estorba para oír otras cosas!” La respuesta de Nancy es aún más triste, pues al final se nos descubre como la única que ha perdido su nombre para siempre, y que, sin embargo, trata de mantener una especie de orden ahí en donde el caos predomina. Su respuesta a Maty, el “sólo estamos aquí, vivas, juntas… esperando que amanezca”, se vuelve trágico cuando ante el miedo a la oscuridad revela la ficción de sí misma: “Ni siquiera me llamó Nancy… Yo inventé ese nombre, mis huesos están esparcidos por todas partes… ya no tengo piel, ni tejido, y mi alma está extraviada, no me encuentran… Y si me encuentran no van a saber qué fui. Yo misma nunca sabré quién soy”. Nancy llora, igual que el policía huitlacoche, pero su llanto tiene un significado pues parte de un conflicto con la existencia, con su propia identidad y memoria. En la oscuridad de Lomas de Poleo hay una lágrima que florece, ya que fue rescatada de las prisiones del olvido.

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Antonio Rubio