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Pancho Villa y los niños de La Bola, de Antonio Zúñiga, forma parte, junto con Una luna de pinole, del libro Chihuahua para niños. Su estreno corrió a cargo del grupo Alborde Teatro A.C., dentro del marco del Primer Festival Chihuahua Tierra de Encuentro 2005, dirigido por Rodolfo Guerrero. La obra dramática explora el tema de la Revolución mexicana donde interviene Pancho Villa como uno de los protagonistas principales de esta lucha civil.

La construcción de la biografía del Centauro del Norte remite a una serie de imaginarios opuestos, elaborados tanto por sus defensores como por sus atacantes. Dentro de esta serie de multipersonalidades creadas desde la tradición oral, la música popular y documentos históricos, Zúñiga tiene el acierto de recrear un personaje desde la visión y el recuerdo de un pequeño. De esta forma, inusual y novedosa, se abre una panorámica donde un niño muestra a otros su propia perspectiva de la historia. El dramaturgo propone, sin prejuicios, una pluralidad en el personaje que va desde la estampa tradicional del revolucionario hasta presentarlo como un cuentacuentos. Desde este punto de vista, el teatro posibilita la resignificación de los signos existentes y las ilustraciones de monografía.

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En Pancho Villa y los niños de La Bola intervienen doce personajes, pero también se hace mención de algunos animales que saltan a escena solo cuando las acotaciones o algún actor lo indican: “(Pájaro de patas rojas, pájaro de patas amarillas, pavorreal, gorrioncillo pecho amarillo, gallina con sus pollitos, garza rosa, dos gallos, búho, gallina búlica gorriones, dos cuervos, pájaro chilero, paloma mensajera, urogallo)”. Por medio de los recuerdos el viejo, el joven y el niño recrean algunos pasajes de la Revolución desde su propia perspectiva. En consecuencia, sobresalen esos pequeños detalles que es complicado que detecten los historiadores. La obra infanto-juvenil desarrolla varias historias: desde el nacimiento y niñez del protagonista; la inesperada llegada de Torcuata como amiga de Ercilia, la madre de Alfredo; el relato del pequeño José León y el de Pancho Villa dirigido a él y a otros niños; y la anécdota de Rosa, una chiquilla que juega y platica con una persona que ha sido fusilada en la calle (muy a lo Cartucho).

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Para construir un relato congruente con los recuerdos de Alfredo, el protagonista, el autor se vale de algunas imágenes fotográficas representativas del movimiento revolucionario, como las de La Bola, aquellos que se sumaron a las fuerzas sin saber muy bien por qué. De esta forma se recrean estampas, a manera de álbum de recuerdos que corresponden a ese período en la historia de México, en donde Ciudad Juárez fue pieza clave, en relación con los personajes de la obra infanto-juvenil: Villa montado sobre su caballo; las mujeres que tienen sus hijos en medio del sonido de cañones (Ercilia); los niños en medio de la violencia (Rosa, José León); y la más conocida, proveniente del archivo Casasola, donde una Soldadera cuelga de un vagón de tren (Torcuata). Así, dentro de la obra, los protagonistas de la Revolución ya no son personas ajenas y anónimas; ahora tienen una cercanía y un nombre, y le ofrecen un punto de vista a la joven, quien se sitúa como actriz y espectadora frente a la historia. En consecuencia, el público joven se ve orillado a reconstruir y ajustar su posición frente al movimiento revolucionario que conoce a partir de la formalidad de la escuela.

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Malú Rodríguez