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Ornitorrinco es la palabra, según la RAE, que nombra a un “mamífero del tamaño de un conejo, con hocico semejante al pico de un pato y los pies palmeados”. La palabra y su alusión, nombran también a la pieza dramática escrita por Blas García Flores, publicada en 2013 en una edición independiente (en plaquette) a cargo del Colectivo del Zurdo Mendieta. La trama, desarrollada en tres actos, entreteje las vidas de cuatro amigas: Alba, Liz, Éricka y Paty. Dos de ellas dejaron atrás sus lugares de origen para asentarse en Ciudad Juárez; mientras que las dos últimas han radicado ahí toda su vida.

La acción sucede en un tiempo no específico, pero que sabemos cercano al nuestro por la construcción psicológica de los personajes y las situaciones que enfrentan. Así, se revela entre diálogos una temporalidad y un espacio comunes (el aquí y ahora que comparten los personajes), pero también una manifestación particular de los mismos, un tiempo y espacio íntimos, o lo que el poeta Yves Bonnefoy llamaría el territorio interior, ámbito de la experiencia ligado a la memoria y a la significación subjetiva del espacio. Esta dualidad se plantea desde el primer acto, donde Liz y Érika conversan sobre una posible aventura sexual entre ellas y se reprochan mutuamente la incongruencia entre la mentalidad asociada a sus lugares de procedencia y la que cada una manifiesta en su comportamiento:

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El espacio subjetivo, el interior, les confiere una identidad. Bajo esta lógica, a la capital se asocian los “buenos principios” y las tradiciones, en tanto que Ciudad Juárez es descrita como el lugar donde estos se anulan: “ciudad de pecado” o gran zona de tolerancia. Sin embargo, en el imaginario de sus habitantes, representados por Érika y Paty en el contexto dramático, esta permisividad moral no es sino un ejercicio de libertad y franqueza. De modo que, mientras Érika sostiene abiertamente una relación con Nicola, su instructor de danza, y él se involucra con otras bailarinas sin ocultarlo, el resto de los personajes ‒Alba, Liz y Paty‒ desarrollan dobles vidas e identidades, fenómeno que se vincula a las concepciones culturales, pero también personales sobre el espacio. En la historia de Alba, esta relación se comprueba cuando su padre la echa de casa por negarse a un matrimonio arreglado. Como castigo a su desobediencia, el padre la pone al cuidado de una tía que vive en El Paso (del otro lado de la frontera) hasta que, finalmente, Alba finge que cede a la voluntad de su padre y le pide que la deje vivir en Juárez para cumplir su aspiración de ser azafata mientras duren los preparativos para la boda. Como es natural, el tiempo se alarga en la promesa y para sostener su mentira, Alba regresa de vez en cuando a Parral para ver a Alejandro, su prometido, con quien mantiene un contacto satisfactorio a los ojos de sus padres, irrisorio para el espectador pero muy conveniente para los afectados, que se permiten, dadas las circunstancias, un pacto de sexo sin compromiso.

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El desplazamiento espacial es el marco en que se produce el cambio de identidad; de la misma forma que ocurre con Érika, quien luego de vivir algunos años en Juárez termina por aceptar su bisexualidad a pesar de pertenecer a una familia conservadora de Chihuahua. Algo similar sucede con Paty, la chica “seria” del grupo que, después de esquivar a los candidatos que le presentan sus amigas, confiesa que hace mucho está enamorada de su padrastro. En ese momento, su decepción la motiva a sincerarse y, en el mismo arranque de honestidad, decide probar nuevas experiencias organizando una orgía al calor de las copas, junto con sus tres amigas. Esta experiencia, alentada quizá por la anuencia del espacio‒ la ciudad entendida como zona de tolerancia, la casa cerrada a altas horas de la noche y la privacidad de la alcoba‒ tiene que ver con la concepción de Juárez como un territorio donde se disuelven los límites.

62-garciaf-ornitorrinco6Aunque la reflexión sobre el espacio no es uno de los ejes sobre los que se construye el drama, lo cierto es que la focalización de la ciudad, vista y descrita desde diferentes puntos geográficos (Chihuahua, Parral, El Paso) lleva a entender al espectador la manera en que el espacio determina a los personajes. En ese sentido, otro aspecto que llama la atención es el hecho de que la acción dramática transcurra siempre en lugares cerrados que se reducen conforme se desarrolla el conflicto: el gym en el primer acto, el salón de danza en el siguiente y la cama en el tercero. Esto  evidencia la intención del dramaturgo de recrear atmósferas de proximidad, aunque no necesariamente de intimidad, puesto que en ellas se desdibujan los límites entre lo público y lo privado, entre el secreto y lo expuesto.

62-garciaf-ornitorrinco3Asimismo, el centralismo del ambiente urbano reduce su perspectiva en un punto fijo: un domicilio, que visto desde lejos, comunica algo acerca de quiénes y cómo son sus habitantes. En congruencia con la idea de que el lugar de origen dicta la identidad, Gaston Bachelard diría que sin hogar el hombre es un ser disperso. La casa juarense sería entonces, el espacio de una arquitectura insólita, sin formas definidas: habitación para ornitorrincos, extraños seres llenos de verdad.

Nabil Valles Dena