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La limitada pero bien estructurada obra de Jorge López Landó (Ciudad Juárez, 1973) incluye tanto narrativa a dos voces, como poesía que explora aspectos recurrentes en la vida de su yo lírico: las mujeres, la memoria y la ciudad. Periodista, narrador, redactor, tuitero, “Beatnik por ósmosis y licántropo por contagio”, acérrimo fanático de la Sci-Fi y de la ópera magna de George Lucas, Jorge López Landó es una de las voces frescas en la poesía juarense contemporánea. Entre sus publicaciones tenemos libros de poemas con un hilo de nomenclatura particular, el nombre de su amada: De Mónica o el revólver, Mónica odia el bossa nova (pero los fines de semana baila swing) y Mónica abre el rompecabezas de fuego (y descubre que aún hay jazz).

Su rango poético en estos libros mantiene tres ejes permanentes: la presencia femenina, la memoria y el espacio urbano en donde se desenvuelven todas las manifestaciones anteriores. Reivindicado como beatnik, la pluma de López Landó no es nada barroca, ni exhaustiva; su obra mantiene más bien la simplicidad y rebeldía de hacer de lo sencillo un acto poético. En De Mónica o el revólver (2011), por ejemplo, elabora un pastiche del poema “Walking around” de Neruda:

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Allí entonces la cotidianeidad de un transeúnte fronterizo se hila en la voz poética de un migrante; esa situación de incertidumbre ante el cruce, ese eterno retorno de quien se da un baño de congestión territorial. El fondo denunciante que acaso se puede percibir inofensivo, carga consigo una alta dosis de crítica a una problemática inherente en las fronteras norteñas. El poema “Calle” del mismo libro, desciende a un grado no con la generalidad de la ciudad entera, sino solo de una parte, la calle, escenario natural citadino donde puede comenzar la decadencia o la opulencia: “¿Qué es esto si no un poco de miseria / por la cual pasar sin ser reconocido? / Basta saberse ignorado por todos / para sufrir el tiempo de espera por una puta, / por una cerveza o un camión. / Calle, reino de tiempos y olvidos, tómame una vez más”.

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En la poesía de López Landó se mantiene una dinámica de reflexión, un forcejeo natural con el entorno, así como el proceso de engullimiento ante la decadencia urbana.

Paroxismos del lenguaje

Además de las asumidas referencias a la tradición beat, su verso también se difumina entre la pirotecnia lingüística de la tradición chicana. En “Reflexión de un cigarrero puchador” encontramos esa habla que caracterizó a los pachucos de otras décadas y cuya estela irradia menor brillo en la charla de hoy en día: “Vivan los tacos en la border cruzando el puente de la Juárez / donde las leidis güeritas le ponen con los mexican curios sin rajarse / nomás por mera curiosidá al estar bien pedas y aflojar un cacho de ass. / Esos tacos con harta salsa después de andar lukin for a gringa loca / pa’ ver si se arman los piquetes o ya de perdis un lenguazo”.

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Aquí encontramos otros elementos significativos de la cosmovisión urbana y de la leyenda negra en la frontera: línea – güeritas – mexican curios – tacos – sexo. La secuencia semántica ayuda a determinar una crítica sistémica a la decadencia urbana. En distinta estrofa aparecen otros personajes:

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En el poema “Downtown Juárez weekend motel” se aprecia una sensibilidad a la cotidianeidad urbana, a ese manto cataclísmico que representa la noche fronteriza: el intercambio de calores, el consumo de alcohol, el cuerpo como recinto de contrastes, lo inevitable, lo necesario.

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Al final, la línea, el centro de la ciudad, la decadencia y la necesidad de viajar se revuelven en una misma repetición, en un hastío constante donde sólo esos lapsus de desenfreno estimulan el escape lento de la frustración, de la impotencia, del desasosiego. La ciudad en la pluma de López Landó es un entorno más allá del bien y el mal, un escenario ambivalente, contrastante, un espacio que necesita ser reflexionado a través de sus microentornos con memoria, como el construido “En el puente”: “Paso sin ver, / juro a medias / con dedos cruzados / tras la espalda. / Llego, es mi turno. / ¿Qué traes? Nada. / ¿Adónde vas? De “chopin”. / ¿De quién es el carro? Mío. / Bájate y abre el cofre, / ahora la cajuela. / Sí señor, / no señor. / Sí, señor. / Pásale. / Chinga a tu madre gringo de mierda, / ¿no sabes que hubo un tiempo / en el que Texas y otros estados / nos pertenecían?”

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De Mónica o el Revólver forma parte de un tríptico en donde se exploran los recuerdos, los espacios y la mujer (aquellas que vinieron antes de la mujer). Como poeta, López Landó se abre en la expresión; su oficio mantiene la misma poética más cercana a la liturgia que a lo profano, clara influencia beat. ¿Si vendrá una cuarta? No lo sé. Eso quisiera.

Míkel F. Deltoya