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Chihuahua es la entidad que inspira la producción discográfica Luna Paquimé, del grupo Bandula, que desde 1996 se dedica a crear canciones para niños, con diversos ritmos que conjugan danza, música y poesía. Con el apoyo del ICHICULT y del programa Alas y Raíces, en el 2007 se llevaron a cabo el lanzamiento y la promoción de este disco con diez temas que recuperan diversas leyendas del estado, con el propósito de difundir la historia y cultura chihuahuenses. Dentro de los temas destaca el dedicado específicamente a Ciudad Juárez. Con una peculiar mezcla de ritmos se presenta “Flor de río”, una canción cuyo contenido principal son los deseos y aspiraciones de una niña de diez años que nació en dicha urbe. La leyenda de fondo confiere identidad a nuestro personaje, pues se trata de la historia de una original Flor de río, una niña que con valor salvó a su aldea, tierra en la que mucho tiempo después se fundaría Ciudad Juárez, y en honor a la que muchos otros años más, los padres de nuestra protagonista le darían nombre.

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Las breves pistas que sobre la leyenda arroja la canción fueron rápidamente identificables para un papá (casi) norteño, y proveedor personal de relatos, a quien la historia le resultó muy familiar. Y es que existe una fuerte relación entre la antigua Flor de río que menciona Bandula y La-muy-sola, personaje principal del libro La leyenda de la flor “el conejo”, una antigua historia oral de Texas recontada e ilustrada por Tomie DePaola en 1983, editada en español diez años después. Aunque con una breve discordancia geográfica que bien puede deberse a la temporalidad política, es muy probable que la canción “Flor de río” y La leyenda de la “flor de conejo” nos hablen de una misma niña, y de paso encontramos a una más –a una comanche–, ambas bien descritas por un cambio de nombre presente en la leyenda original “La-que-amaba-mucho-a-su-pueblo”, porque nuestra actual Flor de río también vive orgullosa de sus raíces y tiene además grandes expectativas y un compromiso con su mundo.

Ambas producciones literarias están cargadas de una fuerza que mueve el ánimo de quienes las leen o escuchan: lo mismo en Ixtla, la menor de mis hijas también natural de Juárez, que en su hermana mayor de Nezahualcóyotl, en el Estado de México. La Flor de río del presente, tan humana como su homónima y como cualquier niña de nuestro tiempo, comparte con la leyenda, además del origen, sus cualidades: es sabia por la visión que tiene del mundo en el que vive, uno enriquecido por las características propias de la frontera, y valiente porque en coro hace fuerte su demanda. Una conjunción de voces que se ha convertido en bandera de lucha para madres, hermanas, tías y abuelas, una lucha por la igualdad que lamentablemente aún no ganamos.

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Susana Vázquez