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La construcción de la identidad regional implica, entre otras cosas, la cimentación de una historia y una memoria que confieran cierta estabilidad a la autodefinición de aquello que son y comparten. Para lograrlo, existen varias estrategias (según Jöel Candau); la que aquí nos interesa es la literatura y en este caso, las composiciones musicales. Julio Cortázar aseguraba en uno de sus ensayos que los escritores leídos más apasionadamente son aquellos que se empeñan en “hacer frente a la cuestión de la identidad cultural de sus pueblos y contribuir con las armas de la invención y la imaginación a volverla cada vez más honda y más completa.” Hace poco tiempo me topé con uno de esos autores que te obligan a reconocerte como miembro de una comunidad: Alejandro García, alias El Alejandro Chaveñero.

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La primera vez que escuché una canción de El Alejandro fue en el montaje de la obra Lights de Pilo Galindo. “El chaveñero” remite inmediatamente a una de las colonias más conocidas de Juárez, además de destacar otros espacios y elementos característicos de la región: “Puro Juaritos chaveñero, / como burritos, soy caguamero.” Aquí, el cantautor no se inclina por el lado negativo o positivo de la ciudad sino que al hablar desde su experiencia ambos aspectos se encuentran presentes: “En este Juárez ingrato, / se le arranca a cualesquiera, / el que no muere en el río / lo matan en la Pedrera. / Pero si llegas tranquilo / no te asustes soy tu hermano.” La imagen de la vida cotidiana en la frontera trae consigo aventuras, emociones y situaciones de toda índole. El Alejandro nos presenta su perspectiva, quizá desde su propia historia personal; no niega que Juárez sea un lugar peligroso, ingrato; sin embargo, para él (igual que para muchos de nosotros) en la ciudad persiste –sobre todo en los barrios más antiguos– un sentimiento de hermandad, de comunidad, a veces sostenido solo por la nostalgia de lo que un día fue: “Ese es mi Juárez viejito / y ahí no bajan bandera.”

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Ahora bien, un aspecto imprescindible de sus composiciones es que representan certeramente una de esas estrategias utilizadas como resguardo de la memoria colectiva, a partir de una apropiación (tanto del espacio, tiempo y personajes característicos de la urbe) individual. La temática del recuerdo y el olvido están presentantes en cada una de ellas. No por nada su cuñado, Ricardo Vigueras, lo califica como uno de aquellos guardianes de “la leche de la creación que es siempre recreación”; es decir, un poeta que crea a parir de la tradición pero también de su experiencia vital. El “Blues del Güero Mustang” lo ejemplifica bien. Le canta a un personaje icónico, a una leyenda de Juárez, que si bien muchos de nosotros no tuvimos la oportunidad de verlo deambular con su volante por las calles, al menos conocemos a alguien que sí la tuvo. La canción gira en torno a la nostalgia de estos últimos sobre la pérdida de ciertos espacios y personas: “Regreso a la esquina / de la Primavera, / ya no hay Güero Mustang, / ya no hay Club Palacios”. El autor sabe que lo único que queda son los recuerdos y la manera para evitar que se desvanezcan es plasmándolos en sus letras; así, aunque ya no haya Güero Mustang, este permanece en nuestra memoria: “Sigue el vagabundo / por el universo / repartiendo sueños / en su Mustang azul”.

Hay que aceptar, por otro lado, que en bastantes ocasiones preferiríamos que algunos recuerdos se desvanecieran (olvidar al padre mentiroso, los malos amores o todas esas muertes que han asediado a la ciudad por muchos años). Sin embargo, este tipo de situaciones forman parte de nuestra existencia y entorno; por lo tanto, desecharlas o evadirlas sería como negar una porción de nuestra identidad, además, como lo señala el mismo Ale, pase lo que pase, aunque aseguremos el olvido, “las penas retoñan / y los recuerdos me enferman.” ¿La solución?: “Mis penas chaveñeras / yo las curo con unos fumes / y un buen pomito de ron” o crear un Colectivo Orgasmo como se lo propusó Arminé Arjona al escribir “La rola del orgasmo”.

Alejandro García compone a partir de su experiencia en esta ciudad pero también recrea y participa en obras de otros artistas juarenses. Por ejemplo, interpreta la canción “Moriré en el río” del conocido Beto Lozano, acompañado del saxofón de Fortunato Pérez, dándole un enfoque en torno a todas las muertes ocurridas violentamente en Juárez y a nuestro deber de no olvidarlas (el video ayuda mucho para esto): “A ti no te lloraré / porque en mí has vivido, / y aunque no estés en el mundo / lo nuestro sigue en el río”.

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En lo personal, las composiciones e interpretaciones de este autor, las cuales te llevan de la mano hacia otros personajes importantes de Juárez –pasados y presentes– como Beto Lozano, Fortunato Pérez, Pilo Galindo, Arminé Arjona, el Güero Mustang y las incontables anécdotas provocadas por este “viejo, güero, loco”, me han ayudado a reconstruir e identificar parte de toda esa historia, memoria, espacios, ambientes, sentimientos y personas que constituyen un elemento imprescindible para la identidad juarense. Ahora sé bien quién es el “güero del volante”.

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Amalia Rodríguez