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“Al que tiene mujer hermosa, / o castillo en frontera, / o viña en carretera, / nunca le falta guerra”. Este es el refrán popular que abre el cuentario Trivium fronterizo, escrito por Míkel F. Deltoya y publicado por la Editorial Chimichurri en 2016. El primer cuento (y en el que me centraré) se titula simplemente “Chamizal”. Al escuchar (o en este caso, leer) este nombre, no pude evitar pensar en días de campo con toda la familia: niños jugando, perros corriendo, pero no es de eso de lo que trata este cuento. El protagonista es un sujeto sin nombre que no nos habla a nosotros sino a su amada Griselda. De inmediato nos damos cuenta de la realidad: él está muerto. Le dice a “Griseldita” que deambula por las calles de la ciudad y que la observa mientras tiene sexo con otros hombres. Le cuenta también del día en que murió, debajo de un árbol en el Chamizal, y que desde entonces, ha ido vagando por Ciudad Juárez, visitando lugares emblemáticos como la Avenida 16 de Septiembre y la Catedral (“la cate”, como la llama). Amor, celos y muerte se mezclan en este espléndido, aunque corto cuento.

La acción de “Chamizal” se desarrolla mayormente en la casa de Griselda mientras nuestro protagonista sin nombre le habla. Es durante ese momento en el que nos encontramos con otros espacios (como algunos que ya mencioné). Noto que el personaje, al inicio del cuento, describe la ciudad como “plagada de espejismos y muerte”. Sabemos que tristemente nuestra bella frontera siempre ha tenido calificativos de este tipo. Por último, sirviendo como lugar ceremonial en el que el protagonista se separó de la vida, tenemos el parque que da nombre al cuento. Será recordando el lugar la manera en la que esta alma en pena descubre cuál es la deuda, la cuenta pendiente que lo mantiene atado a este plano existencial. Como nota personal, en más de una ocasión he escuchado a alguien decir que tiene ganas de “ponerse una peda” en el Chamizal a media noche para llorar a un viejo amor. Esto es justamente lo que hace el protagonista. Quizás sea el hecho de estar apartado de todos o el misticismo que involucra estar rodeado de la naturaleza (bien podríamos decir que es una de las zonas más verdes de la ciudad), o alguna otra razón, pero el hecho es que Deltoya eligió este ambiente no solo para titular su ficción, sino para que también funcionara –como ya dije– a manera de lugar ceremonial.

92 Chamizal cruz

Antes de concluir, describo una escena en específico en la que el protagonista habla a Griselda acerca de “las muchachas, esas que me topo de repente en la plaza”. Me parece interesante la manera en la que describe, según mi entender, a las mujeres víctimas de feminicidios en la ciudad. No es mi intención hacer una reflexión basada en la posible existencia de los fantasmas de estas muchachas vagando por la ciudad, pero me parece una forma muy cruda y triste de plasmar una realidad en la que todos hemos sido afectados (especialmente, claro, estas muchachas y sus familias). En fin, la ciudad seguirá albergando miles de historias que están ahí, esperando ser contadas. ¿Quién sabe si en algún momento, en algún lugar de esta ciudad, ronda el fantasma de un hombre que llora por su muerte y el destino de su amada? No puedo dejar de invitar a escuchar a estos lugares, estas historias que van tejiendo a base de amores, desamores, borracheras, pasiones y, ¿por qué no?, uno que otro fantasma.

92 Parque Chamizal

Armando Góngora Moreno