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Durante casi tres siglos el origen de nuestra ciudad permaneció envuelto en un halo legendario. Uno de los primeros en ahondar, desde una perspectiva histórica, sobre el tema fue Monseñor Carlos F. Enríquez. Los frutos de su investigación se encuentran en Historia de la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe: su templo y sus cambios (1984). El texto comienza con un poema dedicado al fundador del antiguo Paso del Norte: fray García de San Francisco, en donde resalta su importancia para la evangelización y, desde su perspectiva, la salvación de los habitantes de estas tierras salvajes. Las siguientes líneas se enfocan en la imagen de este personaje a partir de las palabras de otro hombre de fe.

109 Enríquez - A fray García

Hacia el siglo XVII la conquista misional comienza en el septentrión novohispano; los indígenas emergen dentro de una nueva sociedad: la novohispana, regida por la Iglesia. Fray García de San Francisco vislumbró el Kairós (el momento oportuno) para profundizar en el encuentro espiritual con este sector humano que reclamaba el reconocimiento de sus derechos individuales y colectivos; querían ser tomados en cuenta en la catolicidad con su propia cosmovisión, sus valores y su identidad particular. La condición de neófito superaba a la de bárbaro o idólatra. El franciscano reconoció en ellos innumerables riquezas culturales, grandes valores y convicciones; los cuales, desde la perspectiva de la fe, eran y son fruto de las semillas del Verbo; es decir, estaban ya presentes y obraban desde antes en esos pueblos nativos; por ello, “tu palabra se quebraba / en el viento / y vaciaba las sombras / de las dormidas almas / que en fondo de las dunas / ansiosas te esperaban”.

Fray García fue un evangelizador incansable y con gran celo apostólico. El servicio pastoral a la vida plena de los grupos indígenas exigía anunciar la palabra de Dios denunciando las situaciones del pecado, las estructuras de muerte, la violencia y las injusticias internas y externas. Jesucristo es la plenitud de la revelación para todos los pueblos y el centro fundamental de referencia para discernir los valores y las deficiencias de todas las culturas. Por ello, el mayor tesoro que el misionero pudo ofrecer fue que los indígenas llegaran al encuentro de la fe cristiana: “despertar las sombras / dormidas en las almas / de aquellos hombres de barro tierno”. Es importante, entonces, reconocer su testimonio de vida, su trabajo evangelizador y la creatividad pastoral que lo llevó a fundar la única misión de estas tierras lejanas que ha perdurado en pie hasta la fecha; aquella que “como flor del monte / nació en tu fantasía / una iglesia esbelta / fermento de masa nueva […] donde las voces / nunca se apagaran”.

109 Bill Rakocy diorama

María, su patrona, fue quien le enseñó a caminar sin cansarse –como lo hizo ella al visitar a su prima Santa Isabel– hasta lo inhóspito de estas tierras duras y desérticas, y así realizar su trabajo de siervo y marchar sin detenerse más allá de cualquier paisaje plagado de inconvenientes. Por ello, en su honor dedicó el recinto que concretizó todos sus esfuerzos a Nuestra Señora de Guadalupe.

Sandra Isais Casas