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Algunos impulsos humanos, los más terribles, nacen gracias a una curiosidad igual de terrible. Esta singularidad por superar a los dioses movió al señor Kurtz a erigirse semejante a un ídolo para después conocer lo que Francis Ford Coppola retrataría como una de las representaciones del horror en su célebre adaptación de Heart of Darkness, de Joseph Conrad. Cada época ha ofrecido una famosa perspectiva del horror. En 2010 se decía que rondaba por las calles de Juárez: su efigie era la desolación. Así, atraídos por la idea anterior, durante el mes de octubre de 2010 Edmond Baudoin y Jean-Marc “Troub’s” iniciaron su viaje hacia el corazón de las tinieblas. El trayecto fue producto de una lectura, o sea, una visión de este mundo imaginado: “Es en gran parte producto de, o gracias a, el libro 2666 de Roberto Bolaño, un inmenso escritor chileno muerto en 2003, que tuve deseos de ir a Ciudad Juárez”. El 10 de octubre los franceses llegan a nuestra ciudad con el objetivo de encontrar los sueños de sus habitantes: una celebración de la vida en el peor periodo de la guerra contra el narcotráfico.

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El aspecto que más destaco de esta crónica gráfica es la representación de la ciudad a través de las caras de sus pobladores. Resulta inconsciente la sonrisa nerviosa que surge ante la posibilidad de ser fijado en el ejercicio simultáneo e imperecedero de la imagen. Sonreímos ante cierta materialización de la belleza, aunque no conozcamos el resultado o porvenir del dibujo. Entonces ocurre: Mantenga la mirada fija, sonría si quiere, puede sostener el silencio pero mejor cuénteme sus sueños. La cara del juarense que por un instante no tiene nombre puesto que será todos; es la ciudad, es su dolor y también es sueño.

Y atrás, como fondo y atmósfera, como señas de identidad, los espacios retratados que ubican el trazo del dibujo. Por ejemplo el bar más pequeño de Juárez, el Club 15, detrás del cantinero don Chuy, quien adorna las paredes con fotografías eróticas de actrices y cantantes (los franceses agregaron una mujer más); o la industria maquiladora en la mirada y después la literatura de Elpidia García; o las mariposas del Papillon donde el Virgilio de esta crónica, Miguel Ángel Chávez, les invita una cerveza y soñador comenta: Para mí, esta ciudad es la imagen de la esperanza; o algún restaurante del centro donde Lydia atiende con serenidad y desea la felicidad para el mundo entero, la alegría. La ciudad y sus caras, las que tienen un nombre que puedo reconocer y también las de aquellos que creo haber visto por ahí, en algún cantina, en alguna ruta, en algún espacio del centro, que siempre parece desbordarse, qué sé yo… quizá también ande por ahí igual que una sombra bosquejada o una mancha. En fin, todos sobrevivientes del infierno tan temido que Baudoin y Troub’s reconstruyen. Ellos tiemblan al dibujar.

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Sin embargo, despierto. No confío del todo en la humildad de su premisa. A lo largo de su crónica, tanto Baudoin como Troub’s plasman aquellas noticias que precisamente y durante ese periodo se encargaron de deshumanizar a los habitantes de la urbe, los rostros dibujados… De esta manera, el valor de la cifra se imponía (y aún sucede) frente al del nombre. Ambos venían a Juárez buscando algo que desde el principio sabían que encontrarían. Por ello su visión se vuelve impresionista con el tiempo: como la del que finge sorpresa por una confesión que ya sabía. La mirada de los dos foráneos que se conmueven por las noticias del PM, por las terribles descripciones de los asesinatos, por la imagen del cuerpo femenino que se desangra en la calle, me parece predecible y por ello no dejo de sentirme un poco decepcionado, ya que es innegable la belleza y originalidad de algunos de sus pasajes gráficos: aquellos donde predomina el silencio y por lo tanto soy incapaz de describir con precisión. Resulta injusto que la cuestión de la violencia tenga al final más peso que los sueños de quienes aventuran la ciudad. Quienes buscan a toda costa y sin éxito ocultar en sus ojos las cicatrices que ha dejado esta forma del horror, esta pesadilla.

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Antonio Rubio