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¿Cuándo fue la última vez que recorrí las calles de mi vecindario o colonia simplemente para escuchar mis pensamientos? Durante mis primeros días en Ciudad Juárez las referencias sobre el viejo centro no fueron muy agradables, así que cuando comencé a leer el cuento “Paisaje en verano” la sensación fue de confidencia hacia Cecilia, la protagonista, pues me emocionaba seguir de cerca sus sentimientos y cavilaciones al caminar por esta área de la urbe. Rosario Sanmiguel es autora del libro de ensayos – aún inédito– De la historia a la ficción, la novela Árboles o apuntes de viaje (2007) y el cuentario Callejón Sucre y otros relatos (1994), en donde encontramos una relación de historias que permiten vislumbrar aspectos de la vida en la frontera. En el 2008 se publicó una edición en inglés de este último a cargo de John Pluecker, con el título Under the bridge: stories from the border. En el caso que aquí me ocupa –del que ya se ha escrito anteriormente–, la escritora narra la historia de una estudiante de secundaria con ideales, preocupaciones y una personalidad específicas: “su actitud hacia las autoridades de la escuela cambió. Si no eran capaces de escuchar no merecían respeto”. Bajo esta nueva forma de ser, un buen día Cecilia decidió salirse de la escuela para recorrer una de las zonas que probablemente todo juarense conoce, mientras imaginaba sus propios relatos que iba desarrollando conforme avanzaba por las calles citadinas.

Una de las calles que más me gusta es la 16 de Septiembre, incluso un día se me ocurrió preguntar si era tan antigua como yo pensaba, pues las fachadas de algunos de sus edificios me llamaban mucho la atención. Y sí. Esta avenida en algún momento se llamó calle del Comercio, hasta que Benito Juárez propuso que se cambiara su nombre por el que ahora lleva. Aquí encontramos la Secundaria Federal No. 1, “esa construcción ocrácea sitiada por la espesa fronda de álamos añosos” que funciona como el espacio narrativo principal de “Paisaje en verano”, pues funciona como el punto de enlace hacia otros sitios fundamentales como la zona céntrica. Sin duda, la lectura de este cuento provoca las ganas de recorrer de nuevo ese trayecto que seguramente todo juarense ha recorrido, pero esta vez consientes de la imaginación que se puede desprender de él al transitar por calles que son indispensables para conectar a la ciudad, como la avenida Insurgentes y la 5 de Mayo; el relato de Sanmiguel y las historias de Cecilia dan prueba de ello.

126 Federal 1

Otro de los lugares que construyen el espacio narrativo es el Parque Borunda, inaugurado el 28 de febrero de 1941; ese lugar lleno de familias los domingos, donde se aprecian las nubes del cielo que se pintan de color durazno cuando comienza el atardecer, mientras los niños hacen línea para subirse a los juegos y los adultos esperan que les despachen un elote o un hot-dog. Rosario Sanmiguel tomó este sitio y sus calles aledañas para entregar un cuento que transmite ese anhelo de salir a pasear durante la hora dorada de la tarde para sentir la vida en la ciudad y ver cómo “El sol incendiaba el follaje de los árboles, quemaba los techos de las casas a la orilla del camino”.

126 Parque Borunda

Sabina Victoria Díaz Salvador