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En 1995, Alfaguara publicó una novela conformada por nueve cuentos, La frontera de cristal, del celebre escritor, intelectual y diplomático Carlos Fuentes. El autor de novelas como Aura y Terra Nostra nació en Panamá (de padres mexicanos),y fue criado en diferentes lugares de América como Santiago de Chile y Buenos Aires. Más tarde, a la edad de 16 años, llegaría a la Cuidad de México donde haría gran parte de su vida y carrera hasta su fallecimiento en 2012. La frontera de cristal, traducida al inglés, francés y hasta al polaco, tiene como personajes principales a Michelina Laborde, una muchacha acostumbrada a la buena vida y a realizar cualquier cosa por mantenerla, a don Leonardo Barroso, padrino de Michelina a la que quiere emparentar con su hijo Marianito, el futuro heredero. Es don Leonardo el encargado de mover el negocio en la frontera, lo que le ha generado una gran fortuna que comparte con su esposa doña Lucila Barroso, dedica, en exclusivo, a despilfarrar el dinero en lujos y placeres. En esta familia, que ha sabido hacer un imperio sobre las incidencias fronterizas, se centra la gran parte del entramado narrativo, ya que conforme las historias siguen su curso vemos cómo nuevos personajes se vinculan con el magnate. No obstante, en el relato final, “Río grande, río Bravo”, existe un trasfondo histórico, y diferenciado en cursivas, que goza de cierta autonomía. Las historias que lo integran dan cuenta de una personalidad única: la espacial, demarcada por la línea divisoria entre países pero conectada por el devenir de varios siglos.

En este cuento en específico, el espacio donde confluyen las anécdotas centrales se sitúa en el puente fronterizo, en la zona desértica en donde colindan las dos ciudades (Juárez y El Paso) y a lo largo del cauce del Río Grande, río Bravo por donde fluyen sueños y esperanzas. Se omiten las localizaciones específicas más allá de la frontera, pero cada una de las diferentes historias termina o logra cruzar la franja. El narrador no menciona el nombre de algún puente o su ubicación exacta, pero sí recalca el papel fundamental que ejerce en los personajes que van apareciendo, ya que cada uno intenta franquearlo por las buenas o de forma ilegal. La meta sigue siendo la misma… pasar al otro lado en donde parece que se pueden cumplir los sueños. Desde cierta distancia, este escenario resulta atractivo y hasta místico; pronto fue materia prima para la literatura, ya que siendo un borde atravesado por cientos y cientos de personas con múltiples aflicciones, alguien supo escucharlas para convertirlas en relatos de ficción.

133 Carlos Fuentes libros

La atmósfera que construye Carlos Fuentes no está muy alejada a la realidad de nuestros días, y aunque la novela fue publicada hace más de 20 años refleja la vitalidad que confluye a ambos lados del río. Vivir en la frontera en medio del trajín de personas yendo y viniendo es algo normal para nosotros; de alguna manera todos estamos conectados con ese vaivén; tenemos familiares viviendo en El Paso, ejerciendo algún empleo; o simplemente cruzamos con fines de ocio o buscando las rebajas. Un sinfín de personas sobre sus carros esperan horas en la línea sin importar las inclemencias del clima… un rito de paso que llega a su clímax bajo la mirada y cuestionamiento del agente aduanal. De igual forma, los que atraviesan ese tramo a pie a veces corren con suerte y esperan apenas unos minutos, aunque lo normal es controlar el ansia de una larga fila para que al final revisen los papeles y pertenencias. Caminamos por la calles, ya sean de Juárez o de El Paso, aledañas a los puentes fronterizos y observamos a lo lejos gente acarreando cosas de aquí a allá, un negocio interminable de intercambio que ni la noche lo detiene. A la cotidianidad de la frontera también se le unen otros aspectos que desconocen su dinamismo: discriminación, xenofobia y el proyecto de un dichoso muro. Si este se levantara, ¿de qué lado quedaría el Río Grande, río Bravo?

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Andrea Yareli Salazar Castro