Si uno merodea por la colonia Cuauhtémoc, sobre todo si la trayectoria es de sur a norte, podrá ubicar, paralela a la Agustín Melgar, la calle dedicada al personaje prehispánico que hoy nos ocupa. De la calle Coyoacán a la David Herrera hay un pequeño trecho dedicado a Nezahualcóyotl, asignado –aparentemente– de la manera más arbitraria posible. En un ejercicio de imaginación que exija reelaborar el trazado urbano a partir de un sistema cronológico o, por lo menos, semántico, estas tres cuadras y media podrían embonar mejor en la colonia Aztecas, donde además se dedican algunos espacios a la conmemoración de la tradición prehispánica a través de murales. El escultor y pintor zacatecano, Raúl Ayala Arellano, realizó un homenaje al emperador poeta en el 2000, un mural minuciosamente constituido por pedazos de losetas y cemento blanco ubicado en la glorieta de Avenida de los Aztecas y Boulevard Zaragoza. La mítica figura, cuyo nombre significa coyote hambriento, poseía grandes aptitudes en el campo del arte, las letras y la ciencia. Después de hacer frente a la invasión tepaneca encabezada por Tezozómoc, señor de Azcapotzalco, Nezahualcóyotl se dedicó al progreso de su tierra en sentido multidireccional. Además de convertir su ciudad desde el papel de gobernante, su inteligencia y visión supuso una apertura al estudio filosófico del vínculo entre el universo la mortalidad y la divinidad.

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Nezahualcóyotl, El coyote hambriento es un libro álbum que relata la vida del emperador desde el momento de su nacimiento hasta que se prepara para morir. Uno de los aspectos interesantes del texto es la propuesta de lectura, ya que se dirige a un público infantil por lo que la estrategia a la que se apuesta tiene que ver con la movilidad: la recopilación de poemas se presenta con distinta disposición, de tal forma que para leer un verso dispuesto en espiral hay que girar el libro o a la pequeña lectora. Además, en la contraportada hay una serie de actividades en las que se procura recoger el conocimiento adquirido durante la lectura. En el plano del contenido, las autoras, Ave Barrera y Estelí Meza, retratan un origen del protagonista que refuerza la imagen que se ha creado sobre él, donde la verosimilitud de sus aptitudes se sustenta en la educación que recibió de sus padres. La habilidad que más se acentúa a lo largo de la obra es la poética; la observación detenida de la vida le permite esbozar profundas reflexiones sobre la naturaleza humana y su condición ante los dioses. Además, da cuenta de los ámbitos a los que como gobernador atendía, como el urbanismo (mediante el relato de la construcción del dique que separaba el agua dulce de la salada en el lago de Texcoco) o la botánica (a través del pasaje sobre el jardín que sembró en el cerro de Tetzcontzinco), siempre con un trasfondo de ansia de inmortalidad.

Sin embargo, el sector donde se encuentra la glorieta dedicada a este gobernante no suele vincularse conscientemente a la tradición prehispánica, puesto que hay elementos inscritos dentro de la cultura popular que tienen más peso y remiten a un solo símbolo: el crimen organizado. Pese a la purga que se encargó de diezmar la colonia Los Aztecas, el negocio del narcotráfico sigue funcionando como un elemento característico de esta problemática. La mayor parte de mi vida la he pasado a unos dos metros de esa zona; en un plano urbano, mi casa se ubica en la Aztecas, aunque geográficamente se encuentre en la otra acera. Además de los nombres y murales que evocan a los antiguos mexicanos, la manera de habitar este espacio en continuidad con la conciencia de la cultura precolombina se ha adaptado a tatuajes, danzas y barrios.

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Del mercado del narcotráfico en Chihuahua se ocupan dos organizaciones criminales: el Cártel de Juárez y el de Sinaloa. A su vez, estos se ramifican en ocho subgrupos encargados del narcomenudeo en varias partes de la ciudad, aunque la mayor parte, según las investigaciones de la FGE, se encuentra controlada por las organizaciones Gente Nueva y La Línea y sus pandillas correspondientes: Mexicles y Aztecas. El ingreso de jóvenes al mundo del narco aparece cada vez más normalizado, incluso difundido por series y redes sociales, bajo la promesa de una solución económica inmediata y sencilla. La infravaloración de la vida es uno de los pilares implícitos que sostienen este discurso; ante esto, la cuestión existencialista sobre la trascendencia humana en la tierra atiza diariamente el paisaje urbano juarense para recordarnos que “aunque sea de jade se quiebra, / aunque sea de oro se rompe, / aunque sea plumaje de quetzal se desgarra”.

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Laura Sarahí Robledo