Etiquetas

,

El prefijo trans sirve a la perfección para estudiar el “a través” de todo lo que cruza en ida y vuelta la frontera, de tal forma que la integración regional puede ser alcanzada por medio de individuos pasaporteados que literalmente viven en ambos países, sosteniendo, de pasada en pasada, su economía. Los fenómenos transfronterizos (cross-border, también llamados) contemplan la continua interacción de actores e instituciones en torno a dos o más núcleos de asentamientos colindantes a un límite internacional. La mirada bifronteriza desacredita toda visión que respete las jurisdicciones, que omita la porosidad entre municipios y condados, y que intente dar cuenta de una problemática desde su propio lado de la frontera, sin atravesarla. La franja ampliada atiende características y procesos particulares en contextos en donde la interrelación trasnacional, la diplomacia y la negociación reducen su escala de análisis, para hacer de la materia civil su objeto de estudio.

131 El Paso Juarez twins

No obstante, la asimetría de poder también es una variable que refleja las diferencias entre dos sistemas económicos. La legibilidad de los contrastes sienta las bases para que una región transfronteriza supere obstáculos ideológicos convencionales: “invasión subrepticia”, “reconquista silenciosa” o “bomba demográfica”. La eventual correlación de las fuerzas de mercado genera una dinámica trans, que a nivel de migración y economía induce evoluciones, solidaridades y convergencias tales, que se crea un espacio de transición entre ambos o, mejor dicho, sobre ambos lados de la frontera. El movimiento pendular de los commuters (gente que duerme en una ciudad distinta de donde trabaja o estudia) resulta un caso ejemplar.

131 Crossing - Katie Orlinsky

El esfuerzo cruzado promueve cambio y riqueza sobre una extensión territorial que fertiliza una identidad cultural heterogénea. El escritor juarense Alejandro Páez Varela así entiende la región Chihuahua-Texas: un todo orgánico con la disposición y vigor de ser núcleo, eje y nodo central para el negocio, el cruce y reingreso de poblaciones, el juego lingüístico, las compañías hermanas, el interés académico, la división de clases y el establecimiento de conflictos culturales. La novela Oriundo Laredo (2016) recrea este escenario por el que circulan habitantes y trabajadores temporales, migran tenacidades y una que otra tragedia, así como un cúmulo de historias interconectadas por el arraigo a la tierra desde antes que fuera frontera. Las continuas referencias al Camino Real de Tierra Adentro, al Ferrocarril Central Mexicano y a la Revolución patentan la tradición del cruce de una zona permeable durante más de cinco siglos.

KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERA

Anteriormente, en su trilogía Los libros del desencanto, Páez Varela ya había prefigurado la dinámica del mismo espacio. Liborio Labrada, protagonista de El reino de las moscas (2012), experimenta en el cuerpo de su pareja, Ana, este territorio: “Le desabroché la camisa y me dejó ver, desde la montaña Franklin, que el valle de Nuevo México es el mismo que el de Chihuahua, hasta Palomas y Columbus; que se funden, que tienen las mismas nubes, las mismas depresiones a las que sólo pega el sol de mediodía”. Curiosamente, en Corazón de Kaláshnikov (2009), que inicia la trilogía, el narrador dejó fuera un pequeño texto sobre otra experiencia orgánica: la de comer. Para el 2014, una vez publicadas las tres novelas, Alfaguara reedita la primera y compila al final, con título propio, cuatro pasajes inéditos. Una nota a pie aclara que “Scrap es un término muy común en la maquiladora; se refiere a desechos industriales. Así decidió el autor llamar a los siguientes textos, piezas aisladas que se quedaron –por decisión suya– fuera de la primera edición de Corazón de Kaláshnikov”.

Entiendo a la perfección por qué Páez Varela desechó estos cuatro fragmentos en la versión original. No añaden nada a la trama central, ni abonan para la construcción de los protagonistas. “Así era en esos años” quizá tenga mayor valor debido a las noticias sobre los orígenes de El Sheik. Además, afirmar que “Juárez es una ciudad de desechos. Desechos se viste, desechos se come: se es un desecho”, seguro podría alejar simpatías y desviar la imagen que delinea sobre su ciudad natal. Así que una vez leída la trilogía y con el prefijo trans a cuento, bien vale la pena leer “Colitas de pavo”, primer texto añadido que rememora los orígenes y la receta de este peculiar lonche (aún me cuesta no decirle torta), a finales de los 70 “En la esquina de Ramón Corona y Galeana, en el centro de la ciudad”. Las “colas del cócono en la salmuera que sobra de las latas de los chiles curtidos” ejemplifican a la perfección una dinámica transfronteriza que hace de los entresijos (a peni o a daime la libra) un manjar en tierras juarenses. Lo mismo ocurre con los neumáticos que cimientan casas en los barrancos, la ropa de las segundas, los “cerrajeros”, “enmendadores profesionales de la chatarra”, o con los pasajes inéditos de una injustificada segunda edición.

131 Lonche

Carlos Urani Montiel