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En el pabellón de las dieciséis cuerdas es el primer libro de Josué Sánchez, escritor de Córdoba, Veracruz, publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro, y ganador del premio Nacional de Cuento Joven Comala 2014. El boxeo, Street Fighter II, Metal Slug, David Bowie, sin mencionar muchas más referencias de la cultura pop, sirven de trasfondo a los cuentos y nos remiten al contacto y convivio entre lo extranjero y lo nacional. En el caso de “No se trata del hambre II”, la historia trata de un personaje cuyo nombre no sabemos y que parece estar infectado por una extraña enfermedad. Él menciona los antecedentes de un virus que surgió en Ciudad Juárez; también habla de su esposa y su primo, y de todas las historias que salieron a flote solo cuando el virus lo afectó (su hijo, su boda, los videojuegos, las peleas, etcétera). La figura literaria del zombi se aborda de una manera en la que ser infectado no significa necesariamente la muerte cerebral, así que mientras nuestro protagonista espera ver qué van a hacer con él, recuerda todo lo que pasó en su vida. Al filo de la muerte tiene visiones, como memorias que se coagulan hasta que el virus se aferra a sus neuronas… espera un certero disparo, pero los suyos ofrecen un giro inesperado.

En este cuento, Josué Sánchez construye una imagen espacial muy tenue, puesto que hay pocas menciones de Juárez y zonas aledañas: los búnkeres en Samalayuca, Santa Teresa y Palomas. Las imágenes sensoriales que genera el texto surgen cuando el lector medita sobre las respuesta colectiva ante un apocalipsis zombi. De esta forma, imaginamos la frontera llena de gente putrefacta, que obliga a los sobrevivientes a ver su realidad y en lo que se convertirán. Esta historia nos deja en la boca un sabor agrio y amargo, pues el cuento solo habla de lo que le acontece a un solo personaje, no de un posible futuro o una esperanza de cura. Puede que en cualquier momento Xalapa desaparezca como lo hizo el puerto de Veracruz y muchas otras ciudades. Aunque quizá lo que parezca ser una pandemia, no es más que una descripción disfrazada de un Juárez que está repleto de gente que vive a expensas de los demás, y que no puede salir de la monotonía cotidiana para darse cuenta de lo podría beneficiar a la ciudad y, por lo tanto, a sus habitantes. También se puede especular que los infectados son, de hecho, la gente curada, aliviada de la humanidad que los subyugaba bajo los vicios propios de una sociedad industrializada.

134 Zombie Walk12

Tras haber leído “No se trata del hambre II” (¿y el I?) uno puede imaginarse a Samalayuca como el último bastión. Estas dunas, actualmente, son un espacio de recreación donde la gente puede divertirse y apreciar el ecosistema del desierto. Muchos ven a los médanos, cercanos al pueblo homónimo, como a la zona natural más próxima para apreciar la naturaleza. Tras leer el cuento del narrador veracruzano, imagino a zombis en cuatrimoto, deslizándose en la arena, riendo, comiendo, aparentando que nada pasó en una ciudad deshecha, pues o son apáticos a ella o saben que ya nada se puede hacer. La imagen literaria de Samalayuca como punto infranqueable de retención refuerza la idea de Juárez como un laboratorio que experimenta toda clase de calamidades listas para exportar. El narrador del texto lo confirma: “por los videos de YouTube nos enteramos de que Ciudad Juárez fue la primera zona infectada: paredones de fuego devorando edificios y casas; gente con la mirada rabiosa en las calles.”

134 Samalayuca Pechuga

Oscar Daniel Hernández Acosta