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“Este debía ser el distrito comercial de Tijuana, se dijo Jack. Una ciudad desconocida del todo para él. Tiendas, farmacias, cantinas, al estilo Far West, que daban la impresión de no tener nada por atrás, en efecto como los escenarios de una película del Oeste”.

José Revueltas, Los motivos de Caín.

A partir de un documental llamado “Evocación de José Revueltas”, sabemos que durante sus viajes como militante, el escritor nacido en Santiago Papasquiaro, Durango, conoció casi todo el país, con algunas excepciones como el estado de Chiapas. En sus biografías tampoco hay registros de estancias en Ciudad Juárez; sin embargo, para el autor de El Apando, la frontera tuvo un lugar muy especial en su novela más polémica: Los días terrenales. Veamos el retrato del hombre fronterizo que idealizó Revueltas en esta novela publicada en 1949: “—Era un antiguo obrero metalúrgico de la Fundición de Peñoles, en Chihuahua, nacido en Ciudad Juárez —de ahí su sobrenombre—, cuyo aspecto enfermizo y débil complexión parecían acentuarse con la elevada estatura. Había venido a la capital como delegado a un congreso, pero después, por un cúmulo de circunstancias, ya no le fue posible regresar a su punto de origen y desde entonces vivía con Julia y Fidel en aquella casa”.

Resulta bastante acertado que para Revueltas el personaje haya sido el delegado de un Congreso, ya que por aquellos años, en Ciudad Juárez se organizaba el Partido Comunista Mexicano. Es muy probable que el autor visitara la ciudad por ese motivo, tal como se sugiere en declaraciones citadas anteriormente. En la siguiente descripción se evidencia el conocimiento que este escritor tenía de la ciudad respecto a los valores morales con los que construye al personaje, pues en ese momento, la ciudad ya era dueña de una fama de cantinas y burdeles. Leamos los trazos con los que Revueltas muestra al personaje que habita la novela comentada:

Después de haber entrado, Ciudad Juárez permaneció en la mitad del cuarto, de pie, balanceándose a un lado y otro, mientras sonreía con vergüenza y humildad y mostraba, a guisa de disculpa y argumento de absolución, en la mano derecha, una botella de tequila a medio consumir y en la izquierda un marchito ramo de zempaxúchitl , flor mexicana de los muertos. 

139 Penoles

Los días terrenales causó gran impacto en el público pues se editó en una fecha decisiva para nuestra nación que pasa por el recuento de los daños con posterioridad a la Revolución Mexicana. La novela fue criticada arteramente por Pablo Neruda, a tal punto que por decisión del autor se sacó de circulación. Esta obra ha dejado una huella indeleble en la historia de México y a Ciudad Juárez le pertenece un pedazo de la memoria recreada en este breve espacio por nuestro querido Revueltas. El siguiente fragmento es una bellísima estampa llena de poesía y nostalgia donde abriga el amor a la vida con que Revueltas retrató la figura fronteriza:

Lo miró a los ojos con un impulso elocuente y significativo. Aquello era cierto, y comprendiéndolo así, Julia prorrumpió en llanto por primera vez desde la muerte de Bandera, sin poderse contener. Ciudad Juárez tomó una mano de Julia y le hizo empuñar el ramo del amarillo cempaxúchitl. Miró luego hacia donde estaba el cuerpo de Bandera. —¡Pónselos junto! —dijo con suavidad—. Los traje para la pobrecita. ¿Si no para quién? 

Así termina el segundo capítulo de esta maravillosa novela de José Revueltas, para quien la frontera ocupaba un espacio importante, pues en este personaje se muestra, desde un aspecto sociológico, ese lugar del mundo real llamado Ciudad Juárez.

139 Revueltas - PCM

Carlos Macías Esparza