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No tiene página legal, editorial, o cualquiera de esos datos que quienes consultamos una obra y con la finalidad de hacer la ficha, buscamos de inmediato. Por lo impreso en la última hoja sabemos que se produjo en la imprenta Lux (en la Hermanos Escobar), en 1989. La portada contiene una composición geométrica en amarillo, azul y rojo con algunos claros; muestra en tinta negra el título de la obra, el autor y una imagen del mismo. La contraportada está vacía. Así es Cd. Juárez: la rosa de los vientos de Armando Borjón Parga. Luego de pasar el primer folio en blanco, otra imagen, ahora una fotografía de Borjón Parga, serio, de frente y en escala de grises nos da la bienvenida a interiores. Tampoco hay índice. De la página cinco a la siete leemos dos textos introductorios: “Epígrafe” firmado por Ignacio Esparza Marín y “A mis lectores…”. Las diez siguientes páginas en prosa brincan sin previo aviso de un tema a otro: datos biográficos y descriptivos del autor, historia de Ciudad Juárez, disertaciones sobre el hombre, la mujer, la poesía. Avanzados pocos renglones del folio 44, vemos el primero de los poemas líricos seleccionados: “Salutación”. A partir de este punto encontramos casi sin interrupción los versos al estilo tradicional con que el también llamado poeta chaveñero ejercitó la rima, el ritmo y diversas medidas. De vuelta a la prosa, un agradecimiento de Borjón y el “Colofón…” de Jorge Patlán Ruiz finalizan el recorrido, el cual queda impreso sobre hojas de notable calidad.

La ciudad, cual protagonista, llena una gran cantidad de espacio. La narración autobiográfica de Borjón Parga se desarrolla principalmente en esta urbe. Los episodios históricos, también. Los poemas confirman la tendencia, con encabezados como “Mural de Ciudad Juárez”, “Contrastes de mi ciudad”, “Como las lomas de mi ciudad”, “Canto a mi ciudad”, “Trazo de mi ciudad”, “Aleluya de ser juarense”, “El Valle de Juárez”, “Soneto a Ciudad Juárez”, “La cárcel de mi ciudad” o “La Rosa de los Vientos”, que era como el autor llamaba a su tierra natal. La lente por momentos se aleja o se acerca. Hace lo primero al hablar del estado o del país (“Primero soy mexicano” y “Mi suelo chihuahuense”). En cambio, la perspectiva se interioriza cuando sus versos inflamados de orgullo ―mas no por ello exentos de un sentido crítico― hablan de su barrio, de la colonia más popular en este territorio fronterizo. “El Parque de la Chaveña”, “La Chaveña y sus puñales”, “Soy de la Chaveña”, “Así es mi barrio” y “La Pila de la Chaveña” dejan ver el amor, el orgullo y la nostalgia de Armando Borjón Parga. Poemas que fueron inspirados por la figura de Morelos, Villa, Agustín Lara y el lanzador José “Peluche” Peña.

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A diferencia de otros autores que han escrito sobre Ciudad Juárez, Armando Borjón Parga nació y vivió en esta mismísima frontera. Por ello, conocía avenidas, calles y callejones, el devenir cotidiano, la gente con sus usos y costumbres. Vio la luz en 1927 y creció junto con la mancha urbana que se extendía. Observó los cambios y dejó constancia de ello, a través de sus versos, desde los nueve años. No hay duda de que escribió de primera mano y reflejó fielmente lo que vio, con pinceladas de subjetividad identificables con facilidad. Falleció en 2010 y su obra quedó solo en el recuerdo de unos cuantos, pues el número de poetas o reporteros juarenses que lo rememoran es reducido. Incluso los habitantes de la Chaveña, quienes habitan sus domicilios y transitan a diario las vías del barrio bravo, ignoran la existencia del hombre que tanto cariño sintió por su terruño.

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Joel Abraham Amparán Acosta