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¿Qué motivaría a un veinteañero solicitarle al Rey el permiso de aventurarse en una expedición con rumbo hacia lo desconocido, lo inhóspito, lo inexplorado? Lo que llevaría a Álvar Núñez Cabeza de Vaca a sumarse a la expedición de Pánfilo Narváez no es algo difícil de dilucidar. Porque, claro, ha surgido un nuevo mundo, y se ha dicho que reboza en oro, joyas y grandes tesoros que a cualquier hombre resultaría una riqueza inimaginable. Sin embargo, una vez adentrado en la aventura –narrada por su protagonista años después– podemos ver cómo va cambiando esa pretensión original a punta de naufragios y pérdidas a lo largo del derrotero, hasta que se reforma su ideología, tras ocho años vagando por la parte sur del actual Estados Unidos, para llegar de nuevo a “tierra de cristianos” en la Ciudad de México. Grandes desventuras, detrimentos, muerte siempre al costado, desgaste y desolación, hambre e incluso canibalismo son las provisiones que encontraremos dentro de las páginas de Los naufragios. Esta crónica, editada por Enrique Pupo Walker, viene aderezada de una introducción que ofrece a detalle el contexto con el que habrá de abordarse la lectura. Hablo aquí de la primera obra literaria –así se puede leer–, escrita en un continente inimaginado por los hispanos.

Al observar la tinta impresa sobre un papel a manera de símbolos, esas letras que componen el libro, o las celdas electrónicas que por medio de algoritmos matemáticos generan una imagen en la pantalla para leer las aventuras de Cabeza de Vaca, nos situarnos en un punto conocido por muchos, pero, en algunas ocasiones, inexplorado por quienes en él habitan: la frontera. Ciudad Juárez, a lo largo de la historia, ha sido un punto central. Cuando los expedicionarios “cruzaron el gran rio que venia del norte” se encontraron con la zona que se convertiría en un punto clave para la evolución y construcción del actual Estado mexicano: un río que se tiñe constantemente de rojo –sobre todo en las últimas décadas– y que añoran aquellos que dejaron atrás su tierra por la búsqueda de una mejor vida. Esta historia poco se distingue de penosa travesía que realizan los llamados dreamers, quienes hacen hasta lo imposible por su familia. El sentimiento capaz de mover el espíritu y dotar de fuerza a aquellos aventurados (o desventurados) que cruzan el gran río siempre ha sido el mismo:  la esperanza de encontrar su hogar o mejorar el que ya tienen. Así, Cabeza de Vaca, en su desvarió por el septentrión inexplorado, tiene que moverse y continuar a pesar de los límites para alcanzar su sueño.

145 Gissel Medina Alvar

Esta hazaña, realizada hace poco más de cuatro siglos, se repite, día a día, cientos de veces por quienes cruzan la frontera ¿Qué juarense o paseño se jacta de no haber pisado el otro lado del río? Las razones para hacerlo son tan variadas como la misma población que habita la zona. La diferencia radica en que Cabeza de Vaca no se encontró con una barrera, con un alto, con un oficial que le solicitase sus papers o su visa. Hoy, una persona sin escrúpulos planea hacer impenetrable ese bordo que durante tantos años fue libre; aprehender la libertad que se encuentra implícita en el barro bajo el agua y la tierra perteneciente a las personas que la trabajan. Pero la libertad no se exige, se conquista y, como aquel fuerte expedicionario, haremos frente a la adversidad.

145 Trump puente

 Carlos Andrés Núñez Varela