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“Mauricio Rodríguez, un autor coahuilense nacido en 1975, ha publicado en varias revistas compilaciones y antologías poéticas alrededor del norte del país”. Estos son parte de los datos que uno puede conseguir en la solapa del libro De Obregón… El Recreo, obra que trata sobre uno de los lugares más representativos de todo Juárez, uno que ha sabido sobrevivir al tiempo y a las circunstancias en la ciudad: El Recreo. Cercano al género lírico (por mostrar el mundo subjetivo del autor), el texto funciona como memoria y como testimonio de lo que se vivía en ese entonces en el centro, en un establecimiento a donde cualquier individuo va para ahogar las penas, así que el tema central que maneja Mauricio Rodríguez es el bar como un lugar de recreación. La obra trata de la vida del mismo autor, desarrollando su día a día en la frontera. Para fortuna de los lectores de este blog, ahora presentamos el libro digitalizado completo. Es una hazaña conseguirlo y, a pesar de no ser un hit editorial, lo cierto es que se aprecia la calidez del norte en cada página. Tras la lectura, comprendo ahora toda la carga histórica que tiene uno de los bares más antiguos y apreciados del primer cuadro de la ciudad, que supo resistir el auge de la violencia del 2008, y que sigue recibiendo los afanes (o afanados) del alcohol.

La función de este sitio como espacio literario dentro de la obra tiene un papel predominante. Por desgracia, tuve la infeliz fortuna de nacer millennial, así que lo que sé sobre él resulta mínimo y lejano a la realidad. Digo esto sin la intención de atacar a quienes desconocen –como yo–  las raíces del lugar en que nacieron. ¿Por qué es tan famosa una barra en el centro de Juárez? ¿Por qué he escuchado hablar de El Recreo como un lugar de reemplazo de antros para aquellos que no podían costearse bebidas en otro lugar? Este tipo de preguntas y comentarios que rondan por mi generación me demuestran lo poco que conocemos sobre nuestra ciudad y que en los juicios solemos irnos a los extremos. Por ello, textos como el de Mauricio Rodríguez resultan imprescindibles para comprender, por ejemplo, que este mítico bar representa más que el “cinco minutos Milky Way”; es un hogar en momentos de debilidad, un centro de reunión y desasosiego para cientos de juarenses.

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Después de la lectura tuve que ir a conocer en persona la emblemática barra, y claro que volveré a ir, pues a diferencia de lo que muchos buscan un sábado por la noche, El Recreo se caracteriza por su poco “desmadre”, sin caer en un ambiente soñoliento, al cual los jóvenes suelen rehusarse. De hecho, la música abarca distintos gustos, ya que, aparte de una excelente mesa de billar, el bar tiene una rockola con los más grandes éxitos de Los Beatles, U2, The Who, etc. A partir de esta experiencia, ahora sé que quienes lo visitan son personas que buscan un descanso antes de llegar a casa, dispuestas a contarte sus historias y compartir una cerveza. Sin duda, vale la pena buscar estacionamiento cerca del Mercado Juárez, caminar hasta la esquina de la 16 de Septiembre y Francisco I. Madero, cruzar las grandes puertas y sentarte a disfrutar una bebida en medio del ajetreado centro. Similar a lo que ocurre en los relatos de Mauricio Rodríguez, cada uno debe crear su propia imagen y significado de El Recreo. Por tanto, la invitación para formar parte de esta fiesta en la 16 y Madero es doble: ve y genera tu propia experiencia, sin olvidar a quienes ya la han contado en líneas tan amenas como De Obregón… El Recreo.

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Pablo David Ortiz Ruíz