A pesar de ser vista en ocasiones como una exaltación íntima, la poesía recurre continuamente a la recreación de extensos espacios como proyección de aquello que la voz lírica desea expresar. De esta manera, el paisaje representado adquiere múltiples significados que le son provistos mediante la configuración de cada verso que, a su vez, añaden sentido a los sitios que recorremos día a día. Estos lugares, ya sean de paso, descanso o destino, transitan también por la poesía como si de personajes colectivos se tratase; en tales composiciones, su presencia revela la profunda relación que mantienen con sus moradores. Por estos motivos, consideramos importante estudiar cómo el espacio poético expone a quienes lo habitan y viceversa.00 Raul Urias Chihuahua.jpgDelimitada la forma de expresión, trataremos ahora del criterio de selección. Chihuahua destaca por sus grandes espacios, ya sean citadinos, desérticos, serranos, e incluso fronterizos. Cada uno de ellos contiene una carga simbólica propia que genera una visión más o menos conocida por todo aquel que habita o visita la entidad, mirada que comparte una interpretación general de sus paisajes. Sin embargo, la imagen que de ellos recoge la poesía multiplica su significado; cada estrofa que recurre a la geografía del estado ofrece al escucha una representación diferente –quizá contraria a su noción previa–, que aporta interpretaciones inusitadas del lugar que bien conoce y, al mismo tiempo (apostamos por ello), nuevos modos en que convive y se relaciona con él. Al atender la representación de los ecosistemas (incluido el urbano) que el norte nos ofrece, ahondaremos en la apropiación que la voz lírica hace de Chihuahua a través de sus paisajes, su efecto en la composición de la producción en verso, así como la suma de sentidos que obtiene el lector o escucha para crear nuevos referentes en su diario transitar.

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