Karol Józef Wojtyla, mejor conocido como Juan Pablo II, nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, ubicada a 50 kilómetros de Cracovia, Polonia. Se matriculó, en 1938, en la Universidad Jagellónica de Cracovia, así como en una escuela de teatro. En 1939, tuvo que dejar la escuela por la ocupación nazi y trabajó en una cantera y una fábrica química para evitar ser deportado a Alemania. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1942, entró al seminario clandestino de Cracovia y promovió el “Teatro rapsódico” en secreto, ya que estaba prohibido. Después de la guerra, fue ordenado sacerdote en 1946. Dos años más tarde, se doctoró en teología con la tesis sobre la fe en las obras de San Juan de la Cruz. En 1964, fue nombrado Arzobispo de Cracovia por Pablo VI, quien lo haría cardenal tres años después. Participó en el Concilio Vaticano II. El 16 de octubre de 1978, la reunión en Cónclave lo eligió como el Papa 264 de la Iglesia Católica. Realizó 104 viajes apostólicos fuera de Italia, entre los cuales se incluye su visita a la capital de Chihuahua el 10 de mayo de 1990, donde celebró la Eucaristía en la explanada de los Campos Limas. Impulsó el encuentro con jóvenes en las Jornadas Mundiales de la Juventud y promovió el diálogo entre religiones. Escribió y publicó diversos libros hasta el día de su fallecimiento el 2 de abril de 2005. Fue canonizado el 27 de abril de 2014 por el Papa Francisco.

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Juan Pablo II escribió cinco libros como doctor privado: Cruzando el umbral de la esperanza (1994), Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal (1996), el libro de poesías Tríptico romano-Meditaciones (2003), ¡Levantaos! ¡Vamos! (2004) y Memoria e identidad (2005). Además, pertenecen a su autoría 15 Exhortaciones, 11 Constituciones, 45 Cartas apostólicas y 14 Encíclicas. Una de estas últimas es Centesimus annus, publicada el 1 de mayo de 1991 y dirigida “a sus hermanos en el episcopado, al clero, a las familias religiosas, a los fieles de la Iglesia Católica y a todos los hombres de buena voluntad”, con motivo del cumplimiento de los 100 años de la Rerum Novarum, Encíclica de su predecesor León XIII. El momento en que apareció el texto fue una época de cambios, pues el marxismo había llegado a su ocaso, existían fuertes amenazas de guerra, la pobreza aumentaba y se sentía la preocupación por la llegada del nuevo milenio, por lo que la discusión en torno a la necesidad de un nuevo modelo económico estaba latente. Juan Pablo II respondió a esos temas proponiendo al hombre mismo como base de la producción y principal factor de la riqueza de los países, incluso más que los propios recursos naturales. Afirmaba que la contribución de la Iglesia en el campo social ocurre en el corazón del hombre; también que para construir una sociedad más justa y digna era necesario comprometerse en el servicio de los órdenes político, económico, social y cultura, así como promover la acción de los empresarios para fomentar espacios de trabajo digno. De esta forma, la carta se configuró como una invitación a la humanidad a ser íntegros y valientes, poseedores de una sólida formación intelectual y espiritual.

El boulevard Juan Pablo II inicia en la intersección con la avenida Independencia y culmina en la Rafael Pérez Serna. Abarca una parte considerable de la línea divisora entre México y Estados Unidos, la cual recorro, casi diariamente, para ir y venir a la universidad y en la que puede sentirse la diferencia entre dos ciudades tan unidas geográfica y económicamente, es decir, El Paso y Ciudad Juárez. Por ejemplo, al subir por alguno de los puentes que se encuentran en el boulevard mencionado, se alcanza a ver la urbe vecina, sus calles más cercanas a la frontera, depósitos de agua y el centro con sus resplandecientes edificios de bancos. En cambio, en el otro lado se encuentran campos de futbol, un centro de convenciones relativamente nuevo y un sinfín de entradas y salidas a otras calles que llevan a diferentes lugares de la ciudad. Por esta vía, pasan a diario miles de transeúntes, desde particulares hasta el transporte de los trabajadores de las maquilas. Incluso, el sucesor de Juan Pablo II, el pontífice actual de la Iglesia Católica, Francisco, recorrió este camino en su visita apostólica a Ciudad Juárez el 17 de febrero de 2016. Sin duda, el nombre dado a esta calle resulta apropiado, pues al igual que Karol Wojtyla, su camino busca unir espacios y mostrar la diversidad, en este caso, entre dos culturas, y revela cómo es la vida fronteriza y su agitación en pleno esplendor.

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Fernanda Villalobos Ocón