Don Quijote o, como otros lo conocen, “El Caballero de la Triste Figura” es el protagonista de la famosa obra de Miguel de Cervantes, divida en dos partes: la primera publicada en 1605, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, y su secuela en 1615, la Segunda parte del ingenioso caballero. Aunque quizá algunos desconozcan está división, es indudable que la novela figura como una de las más reconocidas a nivel mundial. Desde niños cuando ingresamos a la escuela es casi inevitable que alguna maestra o profesor nos haya hecho leer algunos fragmentos del texto. Se sabe que a su creador, aunque haya escrito una extensa y variada producción, cualquiera lo asocia invariablemente al personaje emblemático, ya que se considera como uno de los pocos arquetipos de validez universal que ha producido la literatura. Con Cervantes nació la novela moderna. Según sus biógrafos, parte de las penalidades y penurias que sufrió Cervantes en vida, se pueden encontrar en algunos aspectos de su obra. Don Quijote encanta debido a su fijación por el honor y por sus innumerables lecturas sobre aventuras de caballeros andantes de la España medieval; en compañía de Sancho Panza, su fiel escudero, salió de la Mancha para vengar todos los “malos” actos producidos en su preciado país.

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¿Qué hace clásica una obra? Varios se lo han preguntado y distintas respuestas han surgido. Danner González respondió, por ejemplo, en palabras del crítico literario Bloom, que “es a menudo una forma de originalidad caracterizada por su extrañeza y su belleza”. De esta manera inicia y se refiere al conjunto de obras que se encuentran en Lecturas Clásicas (2014). Un libro que reúne lecturas adaptadas no sólo para niños y jóvenes, sino para hombres y mujeres de todas las edades. La nueva edición, que conserva el canon propuesto por José Vasconcelos en 1924, acerca a sus lectores a la gran tradición literaria europea, con el propósito de fomentar el gusto por las letras y el arte, en general; por ello, es accesible para todo el público, ya que, igual que en el siglo pasado, uno de los grandes problemas nacionales sigue siendo la falta de educación. Las historias antalogadas giran en torno a tres temas: el amor, el poder y el fracaso, lo cuales, según palabras de Danner son “los pilares de la civilización entera. Esta selección compendia las bases sólidas, reales y ficticias, humanas y divinas, sobre las que la humanidad ha cifrado a lo largo de su historia, sus alegrías y sus miedos, el lamento de sus horrores y sus cantos de esperanza”. La novela de Cervantes no podía faltar. La aventura quijotesca presenta el tema del fracaso, ya que “Don Quijote es un héroe de la derrota, que hace del fracaso un arte”. Los episodios escogidos son la aventura de los molinos de viento, el encuentro con los cabreros, la batalla con el Caballero de los Espejos y el inesperado final.

Don Quijote, como buen caballero andante, se ha quedado a “turistear” en el norte de México, pues hasta ahora no ha seguido su camino y se le puede encontrar por la avenida Francisco Villa y calle Colón, a espaldas del edificio de Catastro. Según cuentan algunos historiadores, en otro tiempo se encontraba por el pasaje continental, en el centro de una fallida Plaza Cervantina que nunca pudo apropiarse de su nombre, así que se trasladó a aquella zona marginal, lo cual no sorprende, ya que, hay que recordar, el emblemático personaje posee un espíritu un tanto excéntrico. Por años lo he visto ahí parado y parece que continua en ese sitio por dos razones: primero, para no perder de vista a los juarenses que recorren día con día esas calles y, segundo, para que lo localice su fiel escudero, quien no se encuentra a su lado. El mensaje parece el mismo que el de la novela escrita hace más de cuatrocientos años: no basta solo pensar en el devenir, la fe y la libertad, sino que, tal como le hacía ver su contraparte y amigo Sancho, resulta necesaria la consciencia del ser, la razón y la obediencia. Mientras no vuelvan a reunirse, la estampa del viejo caballero continuara en su sito, observando cómo varios juarenses se asemejan a él, a su fiel escudero o a ambos.

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Nohemí Damián de Paz