Puño de whiskey (2005), de Edgar Rincón Luna, se adelanta a una visión de la violencia que después será repetida en varios discursos literarios, académicos y periodísticos. Según señala Jorge Humberto Chávez en el prólogo a Ciudad negra. Antología de poetas de Ciudad Juárez, “la violencia está en el aire, pero no todos logran hacerla caber en la poesía como admirablemente lo hace Edgar Rincón”. Si bien el texto de Chávez reproduce varios lugares comunes sobre la literatura juarense y carece de documentación como para poder tomarlo en serio, debo aquí concederle cierta razón. La representación discursiva de la violencia en Puño de whiskey destaca porque en estos poemas predomina más una intención estética que testimonial. Quiero decir que no es importante solo por tratar el tema por primera vez, sin tener ningún atributo estético. En este poemario no hay una reflexión morbosa al describir los eventos violentos ni intenciones espectaculares, tampoco una intención sociológica ni una representación de mitologías periodísticas. La violencia que expone Rincón Luna descompone un espacio íntimo y un paisaje citadino contemplado por la voz lírica; el poeta figura como un sobreviviente. Idea que pretendo desarrollar en el presente texto.

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Puño de whiskey se divide en cinco partes. Su estructura desemboca en temas que vinculo a los sentidos y a la experiencia personal-urbana: familia, música, poesía, ciudad y muerte. Los últimos dos se hermanan especialmente en la sección final del libro “Conozco esta ciudad, no es como en los diarios”, que toma dos versos de “No soy un extraño” de Charly García. Este préstamo me parece significativo, ya que la canción describe la sensación de (auto) exilio, la idea de la revisitación citadina (regresar desde de la música, pero también a través de la pérdida) y las maneras ciertamente deshumanizadas en que una ciudad se significa en los medios de comunicación. La violencia, en efecto, es “parte del aire”, pero tanto García como Rincón Luna destacan elementos espaciales donde puede surgir la belleza desde un reconocimiento personal y al mismo tiempo urbano: “Acabo de mirar las luces que pasan. / Acabo de cruzar la plaza, las razas / y el color”.

Al tratarse de un libro publicado en 2005, Puño de whiskey antecede a ciertas representaciones de la violencia que serán explotadas en los años venideros, sobre todo en la novela juarense. En esto recae su intensidad, pues surge tres años antes del comienzo de la guerra contra el narcotráfico declarada por Felipe Calderón y anticipa varias formas de ser en una ciudad en crisis. Su visión se vuelve casi profética, la de un sobreviviente del caos. El tema de la violencia, por ello, se aborda con una sensibilidad e inteligencia admirables: “Si lo piensas / no ha de ser difícil / atravesar el corazón de alguien / con un salero”. Estos versos que concluyen “Parte del aire”, perteneciente a la sección final del libro, demuestran cómo la voz lírica explora ante todo la supervivencia. Cualquier objeto se transforma en un arma si hay que defenderse de una invasión. De cierta manera, el Juárez que define a Rincón Luna como poeta es una urbe ocupada y sitiada por elementos violentos, inasibles, fantasmales y perversos, lo cuales pretenden desestabilizar los espacios más privados, por ejemplo, la casa o la memoria infantil. Tal como se lee en las primeras líneas de “Ciudad Juárez Unplugged”: “De la infancia sólo guardo el miedo / a que un extraño aprovechando la oscuridad / entre a casa”. En estos versos, pese a la metáfora musical que podría relacionarse a una ciudad “apagada”, la luz es una suerte de salvación, por más violencia que haya en los relámpagos.

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La construcción de una imagen de Juárez me parece más evidente en el poema “Strangers in Paradise”, en donde la espacialidad se desarma en elementos personales, ya que la voz lírica habla de una forma terrenal del paraíso. El poeta crea imágenes intangibles, pues para él la ciudad es una manifestación de soledad, sombra y niebla; aunque también, un espacio amado debido a sus contrastes: “Esta niebla que huele a plomo / y que me dice que el calor está moviéndose / aunque todas las esquinas permanezcan frías”. Como en la mayoría de los textos de la quinta parte del libro, este cierra con una indagación personal, un descubrimiento: “Me gusta creer que soy el único hombre en esta tierra / y que me es imposible lastimar a nadie / amo entonces estas avenidas solas / que recorro sonriente / creyendo que soy un buen hombre”. En lo personal, estos versos me parecen de una belleza increíble. En un ambiente cultural donde algunos autores han caído en la tentación realista, escribiendo adefesios inspirados más en el morbo, en la descripción fría, escandalosa y espectacular de los medios de comunicación, en esa irresponsabilidad académica y literaria que capitaliza el dolor humano, muchas veces adjetivado en lo indescriptible, Rincón Luna destaca por su capacidad y originalidad poética para describir una forma de salvación a través del extraño paraíso del hombre solitario. Se habla de la violencia, sí; sin embargo, las imágenes con un génesis violento evocadas en Puño de whiskey no tienen un fin descriptivo a secas o testimonial, sino uno literario. En dichos versos contemplo una aventura que por estas regiones puede sonar imposible; es decir, la incapacidad de un hombre por ejercer más violencia, por hermanarse con estas avenidas solitarias también, por apropiarse de su espacio y encontrar algo de bondad.

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Antonio Rubio