Etiquetas

,

Después de publicar la serie (que todos citan, pero nadie compila) Relatos al vacío en revistas de México y España, Carmen Galán Benítez enfocó su interés en el norte de México para construir su primera novela. Con Tierra marchita (2000), la escritora aborda distintas problemáticas citadinas en un periodo que va de los años treinta hasta poco antes del año de publicación, y que tiene incidencias desde Tijuana hasta Oaxaca. Según la solapa de la edición a cargo del Fondo Editorial Tierra Adentro (del CONACULTA), de este texto también existe un guion cinematográfico; sin embargo, la obra de Carmen no goza de difusión ni el mundo virtual ni en el de papel. Me parece que en este libro la transición es uno de los elementos más remarcables, ya que la lectura obliga a realizar un recorrido cronológico a través de una genealogía que inicia con el nacimiento de las hermanas Rivas, Isabel y Aurora, quienes dieron sus primeros pasos en La Lagunilla, barrio histórico de la Ciudad de México, para asentarse, ya en su madurez en la zona El Paso-Ciudad Juárez. Al mismo tiempo, el lector deberá seguir a los personajes a lo largo de sus peripecias por la República. Por último, los caracteres retratados en la historia también reflejan un desarrollo psicológico conforme avanza la trama: ninguno de ellos permanece estático, hecho comprobable al final del texto. Los temas que trata la escritora se centran en las consecuencias a las que se enfrentan las esferas sociales, desde las más altas hasta las marginales, mediante estampas de individuos y puntos geográficos implicados en circunstancias impetuosas o “procesos conflictivos”, como dice Carlos Montemayor.

Entiendo este concepto de estampa como una especie de fracción del todo que se elige para acentuar aspectos específicos y minimizar elementos circundantes con la finalidad de realzar personajes y espacios determinados. El ejercicio no mutila, sino que concentra la atención del lector en detalles que se ajustan a la mirada de quien fabricó la ficción. Si bien esta idea resulta una propuesta de lectura interesante, en algunas ocasiones dichas estampas dejan la sensación de estar inconexas con su entorno. Una muestra de ello es la incidencia de Joel y Elena (alter ego de la autora), una pareja de periodistas que solo entran en contacto con el resto de los personajes en dos ocasiones. Su mayor aportación a la historia central es una disertación que él sostiene con Cuca, la cual comienza como una reflexión en torno a las desapariciones de mujeres en la ciudad, pero termina a manera de debate sobre la desmitificación del discurso oficial acerca de las drogas (y su consumo). Por otra parte, las estampas de lugares retratados en la novela aparecen delineados por quienes los habitan: la periferia a donde Toño huye está cohabitada por personas de su calaña, drogadictos que posteriormente terminan viviendo en la colonia Altavista. En esa misma zona, Luz encuentra afinidades con su vecina y compañera en la maquiladora RCA, Georgina. Lo interesante de la novela reside en la variedad de ciudades implicadas, así como también la forma en que Carmen voltea hacia las áreas urbanas que menos presencia tienen dentro de la narrativa local, para mostrar que la tierra marchita se extiende sobre paisaje teñido de sangre.

167 Maquila RCA.jpg

Pese a esta estructura de pasajes intercalados y con saltos temporales, el relato sitúa su coordenada clave en Ciudad Juárez; la visión sobre la frontera oscila entre concebirla como un lugar de oportunidades, no siempre hacia el progreso. Además, existe un retrato de los espacios aledaños al citadino que son emblemáticos para los juarenses, como Samalayuca. Resultan igualmente importantes las zonas de la periferia metropolitana, las cuales —tanto en la realidad como en la ficción— son escenario de numerosos crímenes por la desprotección de las autoridades, como sucede en Anapra y la Carbonífera. Esta misma perspectiva se refuerza a partir de la ciudad vecina y contraparte, El Paso. Los personajes que tienen acceso al territorio norteamericano figuran dentro de la hegemonía del mundo literario descrito: profesionistas (como el abogado y el administrador que trabajan para una de las mafias protagónicas), empresarios internacionales, narcotraficantes y, desde luego, esposas e hijos de todos los anteriores. El tema de la migración se problematiza a través de Cuca, quien es auxiliada por los Bencomo cuando Isabel, mujer bien posicionada gracias a las diligencias de su marido, la observa de la mano de su hija “en la esquina de Montana Avenue y el freeway”, sabiendo que “en cualquier momento pasaría la migra y esa mujer sería deportada al lugar en el que todos aprendieron a vivir sin ella aún antes de que se marchara”.

167 Paisaje Ana.jpg

Laura Sarahí Robledo