En 1997, cuando el feminicidio comenzaba a ganar terreno en Ciudad Juárez, Micaela Solís y Arminé Arjona escribieron Poesía en crisis y “Elegía”. El primero se publicó en el 2004 como Elegía en el desierto; el segundo fue el primero de diez poemas que aparecieron meses antes bajo el título de Juárez, tan lleno de sol y desolado. Ambas composiciones nacieron ante la necesidad de denuncia. Horrorizaban los asesinatos, pero horrorizaba aún más la apatía ciudadana, señaló Micaela. El significado de ambos títulos resulta evidente: se trata de un canto fúnebre en memoria de cada una de las mujeres asesinadas y, a su vez, de un llamado a romper el silencio. Los textos de Arminé y Micaela son ejercicios de escritura coetáneos, ambos nacieron en 1997, año en que la cifra de mujeres ultimadas rebasaba la centena. Sin embargo, mientras Micaela se debatía en el dilema ético de si era o no oportunismo el componer a partir de la tragedia –incluso, ella misma lo confiesa, evitó presentar su obra en varias ocasiones–, Arminé no solo alzó la voz en el papel, también lo hizo en las calles. En 1998 se unió a las madres de jóvenes desaparecidas y asesinadas que decidieron exigir justicia: Voces sin eco. Otra mujer que decidió romper el juego de guardar silencio y que no sólo militó desde las posibilidades del discurso poético fue Susana Chávez.

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Juarense, poeta y activista nacida en 1974 y asesinada en el 2011. La mayor parte de su obra se conoce por la difusión que hizo en su blog personal Primera tormenta. A juzgar por los datos del sitio, en el 2004 publicó 21 poemas bajo el título “Poemas de Susana Chávez”. Abre con “Ocaso” y cierra con “Siesta en el jardín de los alebrijes sépticos”. Más de una década después, en el 2014, la editorial Biblioteca de las Grandes Naciones realizó un libro digital que recoge las composiciones del blog: Susana Chávez. En él no sólo aparecen los versos de la autora; la segunda parte la comprenden 40 poemas escritos en honor a ella y a cada una de las mujeres asesinadas. Las páginas también contienen una muestra plástica.

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Susana daba lectura a sus versos cuando salía a las calles para exigir el esclarecimiento de crímenes y desapariciones. Sin embargo, a sus 37 años se convirtió en el primer feminicidio que se registró en el 2011. El discurso político del momento trató, como de costumbre, de culpabilizarla. Se dijo que había salido con tres hombres que apenas conocía, que consumieron alcohol y drogas y, en consecuencia, las cosas se salieron de control. Afortunadamente las mujeres con las que un día marchó no se quedaron calladas y, al igual que ella en su momento, exigieron justicia. Un mes después de su asesinato Arminé Arjona compuso un poema con la intención no sólo de traer a la memoria su lucha, sino también de mantenerla viva por medio de la palabra: “Susana sólo duerme”.

A diferencia de Micaela y Arminé, el tema del feminicidio en la poesía de Susana no resulta evidente. Quizá “Pliego petitorio” sea la composición en que se enuncie de forma más clara. De ahí que en el 2014 se publicara, de forma póstuma, en la antología Ni una más: poemas por Ciudad Juárez. Como el título lo señala se trata de un conjunto de peticiones en que resalta el cuestionamiento a la normalización de la violencia: habla de la necesidad de romper con el hábito de la incertidumbre y con la costumbre tan socorrida del dolor. Sin embargo, las tres comparten la presencia constante de la imagen del desierto. En Micaela y Arminé los títulos de sus poemarios lo enuncian; en Susana lo leemos en una composición: “Cuerpo desierto”. Las poetas explotan el significado que deviene de la palabra –pensemos en términos como desolado– y lo relacionan con lo que representan los asesinatos, la indiferencia social y la impunidad. Por ello, no se limitan a la simple exposición de las características físicas del espacio, siendo la crítica un elemento constante. Resulta imposible eludir tanto el contenido temático como el carácter crítico de sus composiciones y, por lo tanto, restringirse al aspecto literario porque se trata de mujeres cuyo activismo no se quedó en el papel, sino que lo llevaron a las calles.

Alejandra Gómez