Etiquetas

,

Jesús Gardea Rocha (Ciudad Delicias 1939-Ciudad de México, 2000) fue un cuentista, novelista y poeta radicado en Ciudad Juárez por 33 años (ya he escrito antes sobre su domicilio). Descubierto por José Luis González y Jaime Labastida en 1979, publicó su primer libro con la editorial Siglo XXI, Los viernes de Lautaro. En 1993, aparece la segunda edición; seis años después, el Fondo de Cultura Económica antologa el mismo texto en la Reunión de cuentos. Los viernes de Lautaro se compone por 19 cuentos, donde los personajes son asolados por las inclemencias del desierto, de la extensión del páramo, además de ser solitarios y vengativos. Antes de participar en el XXII Concurso de Lecturas Hispanoamericanas de hace dos años, no sabía nada sobre este narrador, ni la importancia que tiene su obra en el ámbito nacional y fuera de México. Aunque como buen profeta, la voz de Gardea ha tardado para calar en la comunidad literaria del septentrión.178 Gareda cuento.jpg

En “Soliloquio del amargo”, cuento perteneciente a Los viernes de Lautaro, hay un narrador protagonista que describe el calor sofocante de una ciudad que lo castiga desde los primeros rayos. Aunque no se conoce el nombre del personaje principal, por la trama sabemos que trata de huir de Laura (su mujer); sin embargo, al salir a la calle para dirigirse al trabajo, el sol es tan fuerte que su portafolio “comienza a dorarse como un pan metido al horno”. No obstante, sigue caminando unos cuantos pasos más, a lo largo del “día mas caluroso en todo lo que va del verano”. De nada le sirven las sombras de los edificios; el calor es tan sofocante que entorpece e incomoda, por eso busca una puerta abierta para refugiarse y recuerda una tienda con ventilador, donde ha pasado varias veces. Al final, decide regresar al departamento, debido a que el aire acondicionado es su salvación y, al igual que Laura, llegará y se desnudará, aunque ella deslumbra por su ausencia. El clima lo arrulla para sucumbir de lleno en el sueño postergado.

Durante el verano, la temperatura en Ciudad Juárez roza los 40°C; en 1960, el récord reportado fue de 42. Los habitantes mantienen los aires acondicionados prendidos en sus casas, escuelas, centros de trabajos y los menos afortunados dejan ventanas y puertas abiertas para mitigar el calor durante el día. Aunque en la noche, la sensación de calor pueda descender a una mínima de 21°C, el clima  persiste y sofoca. Los juarenses de nacimiento o convicción no pueden caminar una cuadra sin asolearse, sin sudar, debido a que el sol es un “tizón caliente”; buscan la resolana, se persiguen con ansia el lugar aclimatado para sentir el fresco; algunas personas se duchan varias veces, otros compran raspas y los más aguerridos unas “frías” para combatir el calor; mientras que a la distancia el asfalto parece evaporarse como agua. Aunque las historias de Gardea ocurren en Placeres, poblado inspirado en Ciudad Delicias, y el tema de la frontera no aparezca explícitamente, menos el nombre de Ciudad Juárez, su obra trascurre en el mismo ecosistema de la urbe fronteriza, y se vincula con la soledad, el polvo, la violencia, el miedo y figuras parcas que parecen regodearse en el hastío.

178 Aquino Viernes.jpg

Daniel Aquino Hernández