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La lectura, más allá de una práctica educativa o profesional, consiste en una necesidad existencial. Las palabras, configuradas en un sinfín de historias, crean la oportunidad de hacernos un poco más dueños de nuestras propias vidas. Por ello, resulta necesario acercar a los nuevos lectores a aquellos textos en donde aprendan a leer el mundo con todos sus sentidos, a descubrirse y reconocerse en el otro; ya que, según la antropóloga Michéle Petit “desde la más tierna edad y a lo largo de toda la vida, la literatura, oral y escrita, y las prácticas artísticas están en estrecha relación con la posibilidad de encontrar un lugar” (Leer el mundo, 2016). Jorge Argueta, reconocido poeta bilingüe en el ámbito de la literatura infantil, es autor de varias obras y proyectos (La Biblioteca de los Sueños en el barrio San Jacinto, El Salvador) que demuestran el poder de la palabra y los libros, sobre todo en poblaciones vulnerables: “La lectura nos hará volar”. Esta frase con la que cierra su discurso de agradecimiento al haber obtenido un homenaje a su trayectoria el año pasado, remite de inmediato al planteamiento ideológico y estético suscrito en el libro-álbum Somos como las nubes / We Are Like the Clouds (2016).

Somos como las nubes, publicación bilingüe con ilustraciones del artista español Alfonso Ruano, cuenta, a través de una serie de poemas, la travesía por la que miles de jóvenes, niños y niñas de Centroamérica han tenido que pasar tratando de conseguir una mejor vida. Ante la crisis social que impera, el tema de la migración se ha convertido, sin duda, en uno de los más importantes y necesarios de abordar desde distintas perspectivas y modalidades, normalmente enfocadas en la visión y recepción adulta. No obstante, la problemática también concierne al mundo infantil, y negar o minimizar dicha realidad solo aumenta la gravedad de la situación. Argueta recrea un contexto donde la niñez es absorbida por la violencia; las imágenes de Ruano ratifican la vulnerabilidad e inocencia con que esta comunidad se enfrenta, por ejemplo, a las pandillas de sus barrios, los peligros del desierto, La Bestia, la migra, la soledad o al miedo de perder a sus padres: “Los pintados / aparecen por las noches, / los pintados / aparecen por la tarde / y por las mañanas. / Los pintados / aparecen a todas horas. / Los pintados / tienen los ojos duros. / En sus brazos, caras, / pechos y espaldas / viven, como culebras, / los tatuajes. / A mí me da miedo que / esas culebras me vayan a picar.”

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El autor salvadoreño compuso su texto basándose en su propia experiencia y en la de otros jóvenes inmigrantes con los que convivió tanto en su país de origen como en un albergue de San Diego, California; los cuales, debido a situaciones de pobreza o violencia, tuvieron que huir de sus barrios y dejar atrás su infancia, esa en donde “hay un perro que puede silbar, / una gata que puede bailar, / un gallo que se mira en el espejo / y en vez de cantar, come paletas de coco / de las que vende / don Silverio.” Somos como las nubes nos muestra lo que dejan atrás estas pequeñas, a qué sueños renuncian, cuáles deseos van creando, qué sienten, piensan y anhelan los niños durante esa dura odisea. Las palabras de cada poema de Argueta, su consonancia y melodía permiten adentrarnos en experiencias sumamente difíciles y críticas de la mano de esa mirada pueril desde y para la cual se escribió el libro-álbum; una mirada que, pese a un sinfín de dificultades, no abandona sueños ni la esperanza de volar como las nubes.

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Crédito de fotografía: José Luis González 

 Amalia Rodríguez