Catalogar a Justo Sierra como un educador mexicano limita sus aportaciones de escritor, periodista, poeta, político y filósofo.  Nació en la ciudad de Campeche en 1848 y fue hijo del ilustre Justo Sierra O’Reilly. En 1868 comenzó a publicar ensayos y otros textos a través de los periódicos El Renacimiento, El Monitor Republicano, y, posteriormente, la Revista Azul y la Revista Moderna. Siguiendo los pasos de su padre, obtuvo el título de abogado en 1871. Participó en las célebres Veladas Literarias junto a Manuel Acuña, Luis G. Urbina, Guillermo Prieto y Manuel Altamirano, de quien se volvió discípulo.  A partir de 1877 empezó a laborar como profesor de historia, al mismo tiempo que surge su hacia la sociología y la política. Años después, se convirtió en diputado del Congreso de la Unión, donde lanzó propuestas que denotaron su preocupación por la educación de los mexicanos, por ejemplo, la obligatoriedad a la educación primaria, ley que se aprobó en 1881. Sierra también ocupó los cargos de Ministro y Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Subsecretario de Justicia e Instrucción Pública así como de Bellas Artes. Al término del Porfiriato fue nombrado Ministro Plenipotenciario de México en España por el gobierno de Francisco I. Madero.  Murió en Madrid el 13 de septiembre de 1912 poco después de ver consolidada la Universidad Nacional: un proyecto que inició 20 años atrás, cuando propuso la creación de esta institución ante el Congreso en 1881.

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En cuanto a producción literaria, Justo Sierra incursionó en una amplia gama de géneros: poesía, prosa poética, teatro, narrativa, crítica literaria, libros de viaje y ensayos políticos. Una de sus obras más importantes es Evolución política del pueblo mexicano, publicada entre 1900 y 1902, donde aborda la historia política de México desde las civilizaciones precolombinas, la conquista, el periodo colonial, la independencia, hasta la consolidación de la república.  No obstante, el texto en el que me enfocaré pertenece a una recopilación de cuentos escritos durante la juventud de autor, los cuales se sitúan dentro de la corriente romántica. La fiebre amarilla es un relato donde un narrador heterodiegético describe un viaje que realiza de Veracruz a la Ciudad de México, acompañado del alemán Wilhelm, un personaje que sirve de pretexto para remitirse a otra historia que tuvo lugar en la Isla de Cuba en 1492: la presencia de Starei y su poder sobre los hombres.  En el cuento, Sierra se traslada constantemente de la primera voz narrativa a otra que funge como informante de un tercer protagonista que, poco a poco, tomará el hilo argumental. Starei representa a la estrella del Golfo que vuelve a la tierra en forma de una mujer enamorada de un español, y que sufre su rechazo puesto que se trata de un sacerdote. El paso de una historia a otra es temporal y espacial, pero mantiene una conexión esencial para comprender la totalidad del relato

Ahora bien, en Ciudad Juárez existe una arteria que lleva el nombre de este célebre autor. La calle Justo Sierra se encuentra cercana al centro de la urbe; inicia en las cercanías del Eje Vial y termina en Ignacio de la Peña; atraviesa las colonias El Barreal y Partido Romero, y permite el movimiento de autos en un solo sentido (Norte a Sur); corre paralela a la calle Profesora Emilia Calvillo Sur (destacable figura de la educación juarense) y cruza con Jesús Urueta (prolífico político mexicano), lo cual reitera la pasión que el escritor decimonónico demostró hacia el ámbito educativo y político. Además, se encuentra cercana a la Avenida Insurgentes, las calles Niños Héroes, 18 de marzo, 20 de noviembre, Plan de Ayala y la avenida Reforma, nombres que remiten a momentos y personajes imprescindibles para la memoria histórica del México Independiente; es decir, sucesos que marcaron el devenir nacional y se conmemoran año tras año. Al preguntarle a una niña que vive en la Justo Sierra sobre el hombre homenajeado, la respuesta resultó simple pero certera: “Fue un maestro muy importante”. Sin duda, hablamos de un área cuyas arterias guardan un gran significado que debemos comenzar a indagar; pues lo antiguo de su historia remite a la trascendencia de los personajes, lugares y acontecimientos que forjaron una parte importante de la memoria e historia de nuestro país.

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                                               Claudia Chacón Bustamante