Charles Darwin nació en Shrewsbury, Inglaterra en 1809 y desde temprana edad se acercó a la ciencia debido a que su padre y abuelo paterno fueron importantes médicos en el poblado donde residían. Durante su infancia comenzó a mostrar un interés por la ciencia natural, pues coleccionaba objetos como conchas o minerales. Para continuar con la tradición familiar ingresó a la facultad de Medicina en la Universidad de Edimburgo en 1825.  Sin embargo, su estadía en la universidad no rindió los frutos esperados, ya que Charles no tenía un interés real en esa área; la historia se repitió tres años después cuando ingresó al Chrit’s College de Cambridge para obtener un título como pastor anglicano. Su verdadera pasión se encontraba en el estudio de la biología y pronto quedaría demostrado. En 1831 participó en la expedición del Beagle, cuya misión consistía en medir corrientes oceánicas y cartografiar la costa de América. En la travesía, Charles Darwin se dedicó a recopilar ejemplares y realizar investigaciones geológicas, lo cual le consiguió la fama una vez que regresaron a Inglaterra y le permitió dedicarse con más tiempo al estudio de las muestras y, de esta manera, hacer conjeturas sobre lo que había encontrado en su viaje. Por desgracia, su salud comenzó a decaer cuando regresó a su país; no obstante, continúo con su labor incansable de explicar sus observaciones. Murió en 1882 y le fue realizado un funeral de Estado en la Abadía de Westminster.

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Charles Darwin escribió numerosos ensayos donde expuso, explicó y justificó sus teorías. Su obra fundamental, El origen de las especies por medio de la selección natural, la cual se publicó el 24 de noviembre de 1859, plantea y acredita la idea de la evolución biológica a través de la selección natural. Las pruebas recabadas durante su expedición en el Beagle le permitieron sostener la teoría de que la diversidad de la naturaleza se debe a modificaciones acumuladas debido a la evolución. Gracias a esta hipótesis publicada en su famoso libro, comenzó un debate científico, filosófico y religioso. En cuanto a esto último, por ejemplo, la Biblia proponía que todos los animales habían sido diseñados por Dios y que no guardaban relación alguna con el hombre; por su parte, las propuestas del inglés demostraban lo contrario, por lo que, paulatinamente, fueron aceptadas por la comunidad científica y después por el resto de la sociedad.

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El libro-álbum Darwin, un viaje al fin del mundo (2008), de Ana María Pavez y Olaya Sinfuentes, narra las aventuras a bordo de la embarcación Beagle que originaron el planteamiento de teorías que cambiarían la visión de la biología. La historia del texto dirigido a un público infanto-juvenil se concentra en el sustrato histórico que enmarcó la expedición, lo cual permite acercase y entender un poco más el funcionamiento y la importancia de las excursiones científicas cuyos descubrimientos forjaron las bases del mundo moderno. Gracias a un lenguaje simple y un glosario anexado al final, el joven lector participará del asombro con el que los europeos -incluido Charles- descubrían a América como una tierra llena de misterios, pero también de respuestas.

Existe una calle en nuestra localidad que lleva por el nombre del naturista; aunque cabe aclarar que el nombre original se traslada al español como Carlos Darwin. La arteria, la cual en realidad es un pequeño callejón, se ubica en la colonia Del Futuro y hace cruce con la avenida Isaac Newton, de la misma manera en que los restos de ambos ilustres personajes se encuentran sepulcros en la Abadía de Westminster. La longitud y anchura limitada de la calle no hacen honor a la importancia del avance científico que supusieron las teorías de Darwin, pues solo abarca dos cuadras e incluso no hay placas que señalen su título, solo queda la marca en la esquina de una casa de que alguna vez ahí estuvo. Sola, la calle no resulta importante para los transeúntes, pero en conjunto la colonia mantiene la memoria de grandes figuras cuya trascendencia no se limitó a sus ciudades, sino que tuvieron un eco mundial. El fruto del trabajo de inventores y teóricos como Isaac Newton, Johannes Gutemberg, Albert Einstein y Alejandro Bell se mantiene en las calles de nuestra frontera, para así podemos recordar día a día a todos esos hombres que marcaron un hito en la ciencia.

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Claudia Chacón Bustamante

P.D. Agradecemos a la familia Arenivas Cruz por permitirnos tomar la foto de la placa de su casa.