Arminé Arjona nació en Ciudad Juárez en 1958. Estudió su licenciatura en la UACJ para ejercer como médica cirujana. De igual manera, realizó estudios para especializarse como acupunturista. Desde finales de los años 90, se ha dedicado a escribir, principalmente, sobre cómo la violencia ha transformado su ciudad natal. Participó en talleres con Rosario Sanmiguel y Élmer Mendoza, entre otros, y ha publicado un cuentario titulado Delincuentos: historias del narcotráfico (2009), así como el poemario Juárez, tan lleno de sol y desolado (2003), en el que se encuentra “Veneno y viento”. Esta colección de poemas fue publicada por Chihuahua Arde Editoras, en la ciudad de Delicias. El libro consta de un prólogo de Susana Báez, quien destaca algunos de los elementos que vuelven al libro un conjunto coherente, que consta de diez composiciones, todas guiadas por las imágenes del desierto, la frontera, las mujeres, el miedo y la muerte.

Las piezas de Juárez, tan lleno de sol y desolado se presentan de manera cronológica, según la fecha en que fueron escritos. El primero, “Elegía” está fechado a finales de septiembre de 1997; mientras que “Páramo”, el último, fue compuesto el 4 de septiembre de 2002. Lo anterior resulta interesante no solo porque podemos descubrir cómo el verso de Arminé se transformó con el pasar de los años, sino también porque es posible establecer un vínculo entre su contenido, la fecha de creación y su contexto histórico-social. Por ejemplo, la escritura de poemas iniciales coincide con las primeras desapariciones documentadas de mujeres en Ciudad Juárez, a finales de los 90’s, así como con el incremento en los índices de violencia. Lo anterior demuestra que la transformación que vivió la ciudad a fines del milenio tocó de manera profunda la percepción que la autora juarense tenía del lugar donde nació.

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El conjunto de poemas, como ya mencioné, se guía por las imágenes recurrentes del desierto, del polvo, del viento, de la constante presencia de la muerte, la violencia, las mujeres desaparecidas, el silencio y el dolor. Las piezas están escritas en verso libre. Cuando la voz lírica de la poeta, originaria del desierto, recrea este mismo ecosistema tiende al minimalismo. El paisaje luce vacío, como si todo lo que tuviera vida en ese lugar desapareciera o fuera absorbido por el mismo sol ensangrentado y una arena que vomita muerta. Lo anterior, se ve reflejado en las líneas iniciales de la primera estrofa de “Veneno y viento”: “En tu desierto / florece muerte / mujer y llanto / llanto y mujeres.”

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Como ya he dicho, el desierto, la muerte y las mujeres son los ejes temáticos del poemario, así como los elementos que caracterizan este espacio geográfico, a pesar de que no existan coordenadas específicas localizables. La ciudad es un todo, una frontera, un desierto que asume la capacidad de silenciar los gritos del terror y del miedo que provoca a sus habitantes. Asimismo, la interpretación y representación de Arminé Arjona resultan familiares para cualquier habitante de la ciudad, ya que, de unas décadas para acá, la violencia, la muerte y la soledad parecen ser el pan de cada día en casa propia, en la de los amigos, vecinos y conocidos. Nadie se escapa de esa brisa envenenada. Bien lo sabe Arminé: “se han desatado / viento y veneno / sonríen crueles.”

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José Arturo Vargas Reyes

 

Crédito de fotografía de portada: Herika Martínez