Bernardo de Balbuena nació en Valdepeñas, España, en 1562, y murió en San Juan Bautista, Puerto Rico, en 1627. Dejó su tierra natal cuando era joven para emprender su viaje hacia la Nueva España, donde se encontró con su padre en la Nueva Galicia, lugar en que este último poseía territorios. En esta región estudió teología para instituirse como hombre eclesiástico. Es mayormente reconocido por su obra titulada Grandeza mexicana, una de las más importantes del periodo novohispano. Este libro, publicado en 1604, es una exaltación de la Ciudad de México. Años más tarde, su fascinación por la ahora capital mexicana lo llevaría a escribir la novela pastoril Siglo de oro en las selvas de Erífile. Fue nombrado abad en Jamaica y recibió el título de obispo en Puerto Rico, sitio al que llegó en 1626, poco tiempo antes de su muerte.

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La ya mencionada obra cumbre de Bernardo de Balbuena se escribió en tercetos encadenados y recurre al uso de personajes de la mitología griega como Midas y Apolo, así como a la religión cristiana, la cual resulta imprescindible debido a la condición clerical del poeta. La dedicatoria de la obra recayó en fray García de Mendoza y Zúñiga, arzobispo de México, consejero del virrey. Nuestro autor quiso retratar en Grandeza mexicana lo que vio en la ciudad capitalina a mediados de 1603. Además, hace saber al lector que escribió con un lenguaje entendible a cualquiera, pues sería aburrido si solamente los letrados supieran acerca del lugar que describe; así, tiñó la lengua de un florido lenguaje coloquial. El autor valdepeñero describió a las personas que habitan la zona capitalina, aquellas que son originarias de esa tierra y poseen brunas cabelleras, las cuales se mantienen sueltas; estos pobladores van armados con arco y flecha para la actividad de la cacería. También refirió la disposición de las calles en la ciudad: una cuadrícula muy marcada que la hace lucir como un tablero de ajedrez (damero), cualidad todavía apreciable en la Ciudad de México, cuando menos en el Centro histórico. Con el juicio que acompañaba su época, Balbuena mencionó que las piezas del juego están conformadas por las mismas personas que habitaban el lugar; es decir, las figuras blancas corresponderían a los españoles y las negras a los nativos. Asimismo, alude el mito fundacional mexica, según el cual, por órdenes de Huitzilopochtli, la ciudad debía levantarse ahí donde el águila devorara a la serpiente sobre un nopal.

No hay gran relación entre la calle designada con el nombre de Bernardo de Balbuena y el de la colonia en que se encuentra, ya que esta última lleva el apelativo del Che Guevara, quien fuera uno de los participantes más afamados de la Revolución Cubana. Bernardo de Balbuena, además de visitar Nueva España, también trabajó en Jamaica y Puerto Rico, pero no se tiene registro de ninguna visita en suelo cubano. Tampoco se encuentran vínculos importantes entre las calles contiguas con dirección al bulevar Oscar Flores, pues son nombradas conforme a los municipios del estado de Chihuahua. Sin embargo, en dirección a la Valentín Fuentes, colinda con calles que llevan los nombres de María Enriqueta, José Mancisidor y José Peón y Contreras, quienes fueron autores mexicanos, ligándose así, en el oficio de la escritura. Nosotros, como habitantes de Ciudad Juárez, nos relacionamos con la arteria Bernardo de Balbuena al recorrerla; y como lectores de su Grandeza Mexicana, nos transportamos hasta el periodo en el que nuestro país no era México, sino Nueva España, imaginando cómo era la capital vista por un español que se había mudado al Nuevo Mundo para conocerlo y recorrerlo verso a verso.31 Bernardo de Balbuena.jpg

Lilian Idaly Vigil Corrujedo