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Pascual Orozco Vázquez fue un general revolucionario nacido el 28 de enero de 1882 en San Isidro, Chihuahua. En 1909, Abraham González lo reclutó a él y a Francisco Villa para la causa revolucionaria, en la que siempre demostró una gran capacidad militar. Participó tanto en la Toma de Ciudad Juárez, como en la firma del Pacto de la Empacadora del 25 de marzo de 1912, en oposición a Francisco I. Madero por incumplir las reformas agrarias prometidas. El 7 de marzo del año siguiente, Orozco se reunió con Victoriano Huerta para llegar a un acuerdo en el que sus tropas pasaran a formar parte de las cuadrillas huertistas. Ese mismo año dirigió un grupo hacia Morelos para negociar con Emiliano Zapata, pero falló, y su padre, quien era prisionero de Zapata, fue fusilado. Asimismo, combatió un par de ocasiones contra los villistas, siendo derrotado en la Batalla de Ojinaga. Al renunciar Huerta, se revela contra las fuerzas federales de Francisco Carbajal, empresa en la cual también fracasa; por lo cual, posteriormente, huye a los Estados Unidos. Las circunstancias de su muerte no son claras: una versión apunta que fue abatido en las montañas Van Horn, cuando huía del rancho de Dick Love; otra menciona que Dick Love lo asesina al resistirse a un robo. De cualquier manera, su muerte fue registrada el 30 de agosto de 1915 en el Condado de Culberson, en El Paso, Texas.

En la novela Se llevaron el cañón para Bachimba, del célebre escritor chihuahuense Rafael F. Muñoz, se relatan las andanzas de un joven en las fuerzas orozquistas en diversos lugares del estado de Chihuahua. De igual manera, se refiere la batalla de Bachimba, donde el ejército de Orozco es fulminado. Además de descripciones de ofensivas (que más bien parecen escaramuzas), también se retratan los enormes paisajes del desierto chihuahuense con sus cadenas montañosas y serranías. Esta novela destaca por el amplio despliegue en la psicología, tanto del protagonista como de los personajes secundarios, otorgando al lector una visión más realista e íntima de lo que fue la Revolución Mexicana, con batallas que se prolongaban días sin tregua, ni cambio alguno. Esta lucha armada dejaba a su paso un rastro de desolación en las poblaciones norteñas.

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La calle que lleva el nombre de Pascual Orozco, en la colonia División del Norte, colinda con otras arterias que llevan el mote de personalidades de la misma gesta armada: Felipe Ángeles, Francisco Villa, Francisco I. Madero, Rodolfo Fierro y Pino Suárez. Como personajes relevantes, en uno de los episodios más importantes de la historia de México, no es de extrañar que calles y avenidas lleven el nombre de estos revolucionarios, ya sea en Ciudad Juárez, Chihuahua capital o la Ciudad de México. ¿Qué recuerda (o debería recordar) el nombre de Pascual Orozco? Quizá, la memoria de un hombre que, siendo muy humilde la mayor parte de su vida, se interesó, influido por los hermanos Flores Magón, en derrocar a un gobierno despótico comandado por Porfirio Díaz; para posteriormente actuar en contra del sucesor de aquel, por no haber cumplido las promesas de campaña. Así como también la memoria de un hombre que murió asesinado como un don nadie, pero cuya participación en la historia sería decisiva para las primeras victorias que anunciaban un cambio anhelado hacía mucho y para muchos. La memoria de un hombre al que no se le ha otorgado un justo merecimiento.

Osiel Adolfo Montiel Maldonado