Es normal que cuando se habla de literatura infantil se piense en cuentos o libro-álbumes llenos de imágenes llamativas que atrapan la atención de los lectores en ciernes a partir exclusivamente de su diseño (visual), mas no del contenido (textual). En la monografía sobre Poesía infantil, coordinada por Pedro Cerrillo y Jaime García Padrino (Universidad de Castilla-La Mancha, 1990), el investigador Arturo Medina menciona los posibles motivos por los cuales esta idea se ha ido convirtiendo en lugar común y, en consecuencia, se excluya de manera casi automática el interés en la poesía por parte de la comunidad infantil lectora:

Asimismo, podríamos agregar un factor más relacionado con la educación y crianza actual de los infantes, en la cual, la finalidad parece ser mantenerlos entretenidos, siempre haciendo algo, saturarlos de juguetes, de aparatos electrónicos o de costosos dispositivos. Lo cierto es que la imaginación de niñas y niños no necesita de sobreestimulación; si todo lo reciben ya hecho o construido; si sus pertenencias de ocio se apilan sin cuento, ya no habrá espacio para la creación, el ensamblaje, la imaginación que diseña nuevos juegos. Este tipo de dinámicas también acarrea dificultades de atención y concentración en el aprendizaje, pues las pequeñas, siempre a la espera de un nuevo estímulo, se enfocan en una sola actividad por un periodo de tiempo muy corto. En este sentido, la propuesta es diferente: convertir a la poesía en una herramienta para los primeros lectores, para quienes la recitación de unos cuantos creará universos sonoros con los cuales habitar escenarios posibles. La poesía será la ocasión perfecta para estimular sus sentidos al máximo. En “El niño y el fenómeno poético”, capítulo del libro antes mencionado, Arturo Medina insiste en que el niño “debidamente estimulado podrá ser apto para captar cualquier belleza, al menos en sus aspectos primario y sensorial. Ya la misma expresividad infantil es ella y por ella prodigio de imaginación, de creatividad y de belleza. El niño, al igual que el poeta carga con un valor simbólico a la realidad que le circunda, que le acucia y que él traslada a sus propios intereses y experiencias. Y desde las cuales disparara su imaginación a otros reinos que, si para el adulto pueden cuajarse en fantasía, para el niño lo que imagina es tangible y real como lo inmediato que ve y toca.”

Los poemas que se escucharon en la estación Órbita 106.7, del IMER, durante el pasado mes de abril, fueron grabados por pequeñas y pequeños invitados por el colectivo Juaritos Literario. Entre esas composiciones, se encuentran las de las escritoras chihuahuense Aurora Reyes: Espiral en retorno (1981) y Sofía Casavantes: Luminiscencias (1995). “Estudios en otoño” es una colección de poemas breves, incluida en la cuarta parte del libro de Reyes titulada –curiosamente– “Frutos en órbita”, que ofrece imágenes armónicas y lúdicas de varias frutas. Pareciera que en sus tres versos los frutos cobran vida por medio de sus características, sabores o aromas: una personalidad diferente para cada producto de la tierra, un ser especial, ¡único!, como cada lectora. Linda enseñanza para los mas pequeños: todos distintos, con gustos particulares, rutinas peculiares y hogares distintivos; pero todos compartiendo la espléndida cualidad de ser infantes, gozar de los mismos derechos y acercarse a una expresión literaria, sonora, vistosa y colorida.

Lee aquí los poemas

Como parte de los talleres infantiles Boreal, en los que participo como coordinadora y tallerista, hemos trabajado con estos poemas, con la siguiente actividad. Despues de su lectura en voz alta, el niño o niña buscará cualidades similales a las de las frutas (o incluso verduras) ligadas con algún miembro de su familia; de este modo, le dará vida, color y poesía a personajes animados, parecidos a quienes componen su núcleo más íntimo. Solo necesitaran una hoja y crayones de diferentes colores.

La poesía de Sofia Casavantes nos muestra escenarios diferentes, ligados al desplazamiento de los astros: “Cruzan el cielo / las estrellas fugaces / es una lluvia”. El cielo ofrece “Rayos de luna / viajando las arañas / toda la noche”. En sus versos siempre ha movimiento, que incita a lo lúdico: “Juegan los niños / en la corriente pura / del arroyuelo”; o a afinar nuestra mirada: “Mira ese tiesto / florecen los claveles / son todos rojos”. La naturaleza, así como en los versos de Aurora Reyes, también cobra protagonismo. La poesía de Casavantes delínea ambientes, instantes de vida y movimiento, atmósferas que abandonan durante la lectura su opacidad y quietud.

Después de recitar los poemas se invita a los pequeños a ponerse en movimiento, así como los incansables astros, por medio de posiciones de yoga, dinámica kinésica que se llevará a cabo sin zapatos, en un espacio amplio. Primero se realizarán todas las posiciones que tengan que ver con el día, para después practicar las de su contraparte. Pueden ser útiles las imágenes siguientes para que elijan y asocien otros elementos que luzcan durante la luminiscencia del día (animales, el trayecto del sol, el giro de una flor) o que aparezcan en la noche (creaturas nocturnas, arcos de luna). La intención divertirse con los ejercicios, intercalarlos con la lectura, para así, imaginar y encarnar con nuestras extremidades los ecosistemas de cada verso.

Cinthya Rodríguez Herrera