4. El espacio de ficción

Lo que perseguimos en las obras es la espacialidad, o sea, los lugares y espacios que cumplen una labor en la ficción. La narratología ofrece herramientas para cumplir dicho propósito, sobre todo aquellos teóricos que se preocupan por las funciones de este elemento y su relación con las representaciones imaginarias de ubicaciones reales. La espacialidad narrativa, cabe señalar, permanece en el tiempo (cuando trasciende la obra) y fija para la historia la memoria de lugares y composiciones espaciales del presente.hotel-juarez-5

Mieke Bal establece en “Del lugar al espacio” la diferencia entre estos dos conceptos. Su Teoría de la narrativa define al lugar como “la posición geográfica en la que se situaba a los actores, y en la que tenían lugar los acontecimientos”. Puesto que su existencia recae en una coordenada, el lugar puede situarse en un mapa. El término “se relaciona con la forma física, medible matemáticamente, de las dimensiones espaciales”. Asimismo, los lugares, además de contener dimensiones espaciales y valores geográficos, resguardan la historia; al ser materiales, están sujetos al paso del tiempo e incluso pueden desparecer; sin embargo, los hechos que acontecen en ellos, no. En cuanto al otro vocablo, Bal escribe que “durante este proceso [el momento en el que la historia se determina por la fábula] se vinculan los lugares a ciertos puntos de percepción. Estos lugares, contemplados en relación con su percepción reciben el nombre de espacio”. En este caso, la percepción está condicionada por un personaje contenido en un espacio: “lo observa, reacciona ante él” (Bal). En conclusión, un lugar se ubica geográfica e históricamente, aunque sea ficticio, mientras que en el espacio aparece alguien que lo percibe y ocupa: se relaciona con él, con los sucesos y emociones… es partícipe de la historia. Por otra parte, la espacialidad, según Bal, cumple dos funciones. En su capacidad como lugar de acción, “una presentación más o menos detallada conducirá a un cuadro más o menos concreto del espacio”. Y, en un segundo plano, como “lugar de actuación”; “se ‘tematiza’, se convierte en objeto de presentación por sí mismo” (Bal).

Para Antonio Garrido la espacialidad se define, en primera instancia, como el soporte de la acción. Sin embargo, el propósito del teórico es revelar las diferentes funciones de este elemento, que “adquiere enorme importancia respecto [a] el personaje, la acción y el tiempo”. El texto narrativo recoge una amplia tradición crítica que resalta la espacialización de la propia lengua y confirma una poética particular, una interpretación simbólica de los lugares, vinculados con los personajes que habitan en ellos (y con el ser humano en general). Asimismo, Garrido destaca el estrecho lazo entre el espacio y la construcción de personajes; o sea, cuando la psicología de cierto protagonista corre a la par del territorio que su cuerpo habita. Las virtualidades en el aspecto literario, asumidas como una realidad textual, dependerán, según Garrido, del poder verbal, de la capacidad de evocación propia del lenguaje.Puesto que la espacialidad narrativa tiende a “crear la ilusión de realidad”, nuestra cartografía explora “la realidad de la ilusión”; es decir, todos aquellos elementos de la herencia literaria de Juárez que construyen y deconstruyen el imaginario de la ciudad.