7. Cartografía y rutas literarias

Si el objetivo principal del proyecto es vincular los espacios de ficción que captan Ciudad Juárez con su equivalente real, el medio primario para lograrlo, como el mismo título lo indica, es el trazado de una cartografía urbana que sea accesible a partir de referencias narrativas, dramáticas y poéticas. Nuestros mapas literarios tienen el propósito de localizar, en un plano bidimensional, las correspondencias entre la palabra escrita y el entorno que la propicia. Ahora bien, si un anhelo es trascender el trabajo de escritorio, la cualidad de movimiento se convierte en la finalidad más próxima y primordial a resolver. ¿Cómo lograrlo? La respuesta la encontramos en una novedosa actividad ideada para visualizar la relación entre letras y territorio: el diseño de rutas literarias, las cuales representan al día de hoy una herramienta efectiva, perceptible y dinámica (porque es transitada) para cristalizar la presencia y acción de los espacios literarios. “La literatura se hace así visible, difuminada simbólicamente, adquiriendo nuevamente la corporeidad que había perdido haciéndose palabra” (Uccella, Manual de patrimonio literario. Espacios, casas-museo y rutas).

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Este tipo de itinerario comenzó, de manera informal, cuando un lector decidió recorrer los lugares que había leído. Pensemos, por ejemplo, en el obstinado Almirante y su Libro de Marco Polo. El elemento causante de dicho recorrido –su esencia– es la emoción suscitada por la visión de los espacios que un autor eligió y diseñó como soporte de su obra. La responsabilidad, entonces, del encargado de diseñar dicha trayectoria –el itinerógrafo– es transferir a los participantes el entusiasmo provocado por la lectura; ese mismo sentir que lo llevó a planificar la ruta y a desentrañar la razón por la cual un lugar real se erigió también con palabras. La transmisión de emociones se configura como la característica, principio y objetivo básico de todo itinerario literario. Ya que este –si se logra adecuadamente– permite al lector-caminante hacer propios los sentimientos expresados en el texto y experimentar empatía con las sensaciones del autor y los personajes. Por ejemplo, después de visitar el Hotel Juárez, ahora en ruinas y ubicado en la Av. Lerdo, la imagen guardada coincide con la representada por Rascón Banda en un par de sus obras: un lugar de paso, propicio para todo tipo de actividades delictivas (Los ilegales y Hotel Juárez). Otra consecuencia de la recepción del estímulo emocional es crear la posibilidad de adentrarse en el universo literario, ya sea el vivido por un autor o el recreado en alguna obra. Al visitar El Recreo (bar de la Av. 16 de septiembre), la poética de César Silva Márquez cobrará mayor sentido (Sobre todo en su poemario Si fueras en mi sangre un baile de botellas).

Por último, al experimentar parte del contexto literario los participantes se motivan a volver a visitar esos espacios, verlos de distinta manera y saber que están ahí: patentes en la calle y latentes en las páginas. Estos escenarios ayudan a reconstruir una imagen propia de la ciudad. De tal manera, Cartografía literaria de Ciudad Juárez no solo funciona como guía para que el lector ubique y visite el espacio físico trazado con la pluma (reforzado, además con material fotográfico), sino que acerca al ciudadano –y este es el aspecto más relevante– al retrato simbólico de aquellos lugares que ya bien conoce. La sensibilidad literaria y el sentido de apropiación y arraigo que pretendemos promover harán uso tanto de las voces de los escritores juarenses (o que se hayan ocupado de la ciudad) como de la cotidianidad con la que los habitantes trazan su camino día a día a lo largo de la mancha urbana. Nuestra acción radica en resaltar concretamente, a través de mapas y rutas literarias, la relación entre estos dos aspectos. Aquí a la vuelta… de página es la primera ruta realizada el 9 de diciembre del presente año. El recorrido por el centro de la ciudad consistió en un paseo-lectura de dos kilómetros con 10 diferentes paradas a lo largo de espacios públicos (plazas), privados (bares) y fronterizos (el puente), relacionados entre sí por el proceso con el cual se convirtieron en metáfora, en una ciudad de ficción a la vista de todos.